19.11.08
Escribir
(extracto)
rondan
entre cabezas sin cuerpo
las hechuras de algo que huele a
resuello de sobreviviente
a impotencia de los mutilados y
al tufillo que desprenden las criaturas apaleadas
cuando aprenden a caminar como canes
apremia
la necesidad de urdir nuevos inicios
de no mirar más, con el rabillo del ojo, el tiempo
de las cicatrices dibujadas en el abdomen
pues son heridas ya cerradas y sólo algunas supuran
en la espalda hierática, en los pies paralizados y fríos
que suelen andar sin zapatos
asoma
la palma de una mano, que es igual a
la palma de mi mano que es igual a
cualquier palma de cualquier mano
con sus cuatro líneas principales bien marcadas
y otras señales menores casi imperceptibles,
girando sobre sí misma
malvive
esa mano nerviosa, ávida de sustancia y de materia
consciente de que ya no existe,
de que ya no sangra y apenas sufre
entre espera y espera
es, a secas, una protuberancia
la extensión de un azar
existe
ahora, la quimérica unión de un roce imaginario
una fricción virtual, tan real y manifiesta como
el movimiento de la cola de una lagartija
cuyas sacudidas después de la amputación
responden todavía al cuerpo cercenado
¿no son espasmos eso que distinguen los ojos al mirar?
escribe el muñón
un argumento personal ineludible
la esencia dual de la luz, y también suya
una ilusión en la columna de aire
siempre la libre elección de imaginar
un holograma que empieza así:
Erase una vez…
Si me permitís, le hago caso a Elèna. (Montse). Frac, si no te parece bien, tú misma lo quitas, ¿vale?
17.10.08
A veces, en Octubre, es lo que pasa
Cuando nada sucede
Y el verano se ha ido
Y las hojas comienzan a caer de los árboles,
Y el frío oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas
Cuando el cielo parece un mar violento,
Y los pájaros cambian de paisaje
Y las palabras se oyen cada vez más lejanas
Como susurros que maneja el viento,
Entonces,
Ya se sabe,
Es lo que pasa
Esas hojas, esos pájaros, las nubes,
Las palabras dispersas y los ríos
mos llenan de inquietud subitamente
y de desesperanza
No busqueís el motivo en vuestros corazones
Tan sólo es lo que dije:
12.10.08
Leer en la playa
Me dan miedo los poemas traducidos. Al mismo tiempo, creo que si no se pudieran traducir las obras literarias, en numerosas ocasiones nos perderíamos algo digno de ser leído. Por esta razón, suelo leer poesía traducida, aunque por lo general me gusta tener al lado la versión original, aunque no pueda entenderla, simplemente para "sentir" la musicalidad de las palabras escritas en el idioma del poeta.
Esa tarde, en la playa, tenía entre mis manos Antología Poética de Adrienne Rich, traducido por Myriam Díaz- Diocaretz y prologado por la misma Adrienne Rich, en una edición de la colección Visor de Poesía. Ya me ha ocurrido otras veces, no sé por qué, pero al comprarme ese libro no me dieron el CD que se suele incluir , con los poemas recitados por el autor... entonces tienes dos opciones: dejar el libro, o comprarlo igualmente, quejándote. La respuesta que me dieron al reclamar el CD fue que seguramente lo habían robado... y no les quedaba otro ejemplar, así que lo compré igualmente... yo tengo esos prontos. Luego pensé "te has precipitado". Pero ya estaba hecho. Total, lo leí, pero no lo pude escuchar.
El texto que he escogido como muestra, más me parece un microrelato que un poema, pero si la autora lo define como poema, dejemos que lo sea.
Dejo un enlace, por si os apetece leer algo más esta autora.
Novela corta
Dos personas hablan ásperamente en un cuarto.
Una se pone de pie y sale a caminar.
(Es el hombre).
La otra va al cuarto contiguo
y al lavar los platos, quiebra uno.
(Es la mujer).
Afuera oscurece.
Los niños se pelean en el desván.
A ella se le ha secado el corazón.
El hombre regresa a una casa obscura.
La única luz viene del desván.
Él ha olvidado su llave.
Toca en la propia puerta
y oye sollozos en las escaleras.
Las luces de la casa se encienden.
La puerta se cierra detrás de él.
Afuera, lejanas como almas,
también se encienden las estrellas.
Adrienne Rich ( 1962)
29.9.08
Cómo ser feliz si eres músico o tienes uno cerca - Guillermo Dalia Cirujeda

El libro trata sobre los músicos, sobre todo lo que hay alrededor de ellos, su formación tan prematura y excepcional, la relación entre el profesor y el alumno, la que existe entre el músico y la sociedad, su familia, su pareja o sobre el fascinante vínculo de amor-odio que surge entre él y su instrumento. ¿Cuál es el más complicado? Salimos en primer lugar los oboístas, claro, que si las cañas, que si la afinación.
¿Qué músicos son los más extrovertidos? Los trompetistas (doy fe). Parece ser que cuando más sonoro es el instrumento, más extrovertido es quien lo toca.
Pero también profundiza en la vida interior del músico, en las interminables horas de soledad a las que se ha de enfrentar, en las características de su personalidad, sus aspiraciones, sus fantasmas interiores, la presión que sufre ante un concierto o sobre las causas de sus esperanzas y de sus decepciones.
Compré el libro porque convivo con dos músicos – mis hijas – y conmigo misma.
Probablemente para alguien que no esté relacionado con este mundo, el asunto le dirá bien poco. Exactamente lo mismo que me diría a mí si estuviera dedicado al fútbol.
El mundo de la música, sus componentes, las relaciones entre nosotros y, sobre todo, los estudios es de lo más desconocido para el resto del mundo.
A la pregunta: ¿qué estudias? Un músico responde: Música.
La siguiente pregunta es: ¿Y qué más?
La consiguiente reacción del músico es de impotencia, de cierta frustración.
Los estudios musicales en España duran, en el mejor de los casos, catorce años para aquellos que se quieren dedicar a esta profesión tan "divertida". Aunque los planes de estudio y los conservatorios parecen estar anclados en siglos pasados. No lo hago extensivo a todos, por supuesto.
Divertida, es. No lo voy a negar. Lo es cuando dominas el instrumento, la partitura, cuando has superado los espesos (muchas veces) estudios teóricos. Los jóvenes que se plantean estudiar en los conservatorios deben bregar con los estudios obligatorios más los musicales. Con lo que nos encontramos con un montón de asignaturas y profesores que te recuerdan que la suya es la más importante.
El libro es muy entretenido, muy didáctico y orienta muy bien a quienes nos movemos en este, siempre sorprendente, mundo. Porque para llegar a subirse a un estrado vestido de frac o con un traje largo (que hay mujeres directoras), y un palito en la mano dando órdenes a una caterva de personajes tocando un instrumento, cada uno a su bola, se necesitan muchos años de estudio, de dedicación y de locura.
Maravillosa locura, por supuesto.
10.9.08
11 - S
tantas evocaciones relacionadas con esta fecha: 11-S, ya mítica por su significación en la hegemonía mundial
1973 - un recuerdo como siempre para el pueblo chileno
2001 - un recuerdo para las víctimas del atentado terrorista en Estados Unidos
1714 - un saludo al pueblo catalán que celebra su Fiesta Nacional
PELL CREMADA
que el glaç crema
ho sabíem tots
envoltats com vivim
de gel i pell cremada
finíssima tristesa
que s’abrasa en
la ingrata fredor
d’una llàgrima eixuta
caient al capdavall
d’un òrgan qualsevol
on no hi arriba
quasi mai
l’escalf
un raig de llum
i potser tampoc
l’oblit
.
que el hielo quema
lo sabíamos todos
vivimos rodeados
de escarcha y piel quemada
finísima tristeza
que se abrasa en
la frialdad
de una lágrima
cayendo hacia
lo más profundo
de un órgano cualquiera
al que no llega
casi nunca
un gesto cálido
algo de luz
quizás tampoco
el olvido
31.8.08
Tener un hijo, escribir un libro,
"Hay todavía otra cosa que me gustaría hacer pero no sé dónde colocarla. Es : plantar un árbol (y verlo crecer) "
Georges perec, en Nací, textos de la memoria y el olvido
11.8.08
La influencia China
El Libro del te, de Okakura Kakuzo

"La filosofía del té no es una simple estética en la acepción corriente de la palabra, puesto que nos ayuda a expresar junto con la ética y la religión, nuestra concepción integral del hombre y la naturaleza. Así quizá el elemento por excelencia es la actitud de los asistentes a la ceremonia, sus maneras, sus palabras, sus vestidos, y todo en ellos refleja una actitud de armonía y respeto, y así algo tan sencillo, tan simple si se quiere, se convierte en la ceremonia de la convivencia, el culto a la cortesía"
"En el ámbar líquido contenido en la marfileña porcelana el iniciado puede gustar la dulce reticencia de Confucio, la agudeza de Lao Tzu y el aroma etéreo del mismo Buda"
"El resplandor del atardecer alumbra los bambúes, las fuentes burbujean placenteras, en la tetera se escucha el susurro de los pinos. Permitasenos soñar con lo que se desvanece y demorarnos en la hermosa simplicidad de las cosas"
En torno a la literatura, de Gao Xingjian - Wenxue de liyou deng wenzhang 文學的理由等文章 / 文学的理由等文章)
“La literatura sólo puede ser la voz del individuo”
"El pensamiento propio de la filosofía occidental tradicional, y en concreto el de la conocida como metafísica, surge de los propios idiomas occidentales, unos idiomas que podríamos considerar analíticos. Pero la estructura del chino, articulada en torno al orden independiente de las palabras, propicia el surgimiento de una metafísica oriental de otro orden"
"El hecho de que la cultura china otorgue menos importancia al razonamiento lógico que a lo espiritual y a lo intuitivo está íntimamente ligado a la flexibilidad de la lengua china, derivada de la carencia de estructuras morfológicas gramaticales. El pensamiento chino reflejado en la lengua rebasa con facilidad toda definición, análisis, deducción o razonamiento para situarse sin rodeos en el juicio y la conclusión"
La exposición de Okakura Kakuzo, en general es excelente. La descripción de algunos pasajes es una auténtica delicia. Pero me parece demasiado tendencioso cuando defiende a ultranza el modelo de pensamiento oriental en detrimento del occidental, al que acusa de no ser consecuente con sus predicamentos. Volviendo al tema olímpico al que me refería al inicio del post, y manteniéndome en las comparaciones de modelos, quería recordar que en las Olimpiadas de Barcelona se dio un movimiento civil de voluntariado que invitó a la población catalana a participar activamente en la organización y desarrollo de los Juegos. En ningún momento se vivió, ni remotamente, una sensación de control ideológico, no se vio al ejército en las calles aunque el tema de la seguridad fue en todo momento prioritario, no hubo represiones ni privaciones de ninguna clase, ni problemas con el idioma que aquí es un tema que se presta a constantes reivindicaciones. Creo que tampoco vimos ejemplos de obediencia y sumisión tal como a veces percibimos en las imágenes que llegan desde China.
El desarrollo de Gao Xingjian en los ensayos de "En torno a la literatura" es más completo, ecuánime y creo que actualizado. Aunque soy una devota del idioma occidental también me declaro ferviente devota de Xingjian a quien admiro desde que vi en Barcelona una exposición suya. Me enamoré totalmente de sus pinturas, así como también del concepto de libertad creativa que pregona, del manejo del yo-tú-él en la narración, del lugar que ocupa el misterio en sus ficciones y del modo en que sabe integrar los valores orientales y occidentales.
24.7.08
SOBRE LOS CARREFURES o un poco de cachondeo veraniego
Creo que soy una de esas personas que no comprenden que ese sentimiento tan elevado — el de la felicidad — se alberga siempre en las cosas más pequeñas, en los detalles más insignificantes que día a día van moldeando nuestra vida. Como siempre me han dicho que era rara, y yo deseaba quitarme ese estigma, me avine a acompañar a mis amigas a hacer la compra semanal, un sábado por la mañana a una gran superficie.
En el coche, mientras conducía, me prometí no ponerme nerviosa y disfrutar, como ellas ya estaban haciendo, del inicio de la felicidad que se nos avecinaba.
— ¿Lleváis una lista muy larga? — pregunté (bendita inocencia la mía)
Mis dos amigas me miraron extrañadas.
— ¿Para qué quieres la lista?
Me di cuenta entonces de que había tropezado con el primer guijarro en el camino de la felicidad. En estos casos la lista era un añadido, no hacía ninguna falta. Me sentí un poco avergonzada y callé. No les dije — para evitar reincidir en la racanería y en la rareza — que yo soy de esas personas que se preparan los menús semanales y baja a la tienda de la esquina con una listita primorosamente confeccionada que incluye de todo. No me atreví a mencionar que yo soy también de las que inspeccionan de cabo a rabo la despensa, el frigorífico y el congelador para evitar comprar cosas superfluas. Y para que no se rieran también de mí, porque ya se sabe que la hilaridad puede nacer en cualquier detalle anodino, no les confesé, desde el empacho que ya sentía, que yo soy de esas que creen que con una buena organización se puede llegar a ahorrar. Así pues, sonreí y asentí.
— Gira a la derecha, que te pierdes.
Arriba como colgado de una percha del imponente cielo de un sábado del mes de Agosto, sobresalía un cartel indicando la entrada del aparcamiento del hipermercado.
Sentirse atrapado en un atasco era lo peor que me podía suceder pero en aquel momento cuando la felicidad estaba a punto de convertirse en algo tangible, empecé a mirarlo desde otro punto de vista. Seguí los acertados consejos de mis amigas y cambié de emisora y al son del ritmo festivalero propuesto por la emisora, ellas comenzaron a agitar sus cuerpos que comenzaban a tener color de carne recalentada en el microondas.
— Así no nos aburrimos — me dijo Merche.
Yo sonreí. Y pensé, aunque no osé decirlo en voz alta, que las oleadas que ascendían por todos los resquicios del coche desde el asfalto nos iban a provocar una lipotimia.
Avanzábamos muy lentamente, como en una procesión de Semana Santa. Por el carril opuesto iban saliendo los coches que abandonaban el aparcamiento del hipermercado, pero para mi desesperación apenas pasaba uno cada cinco minutos.
He de reconocer que mis amigas venían bien pertrechadas para estas situaciones. De sus amplios bolsos — no exiguos como el mío — aparecieron revistas del corazón, walkmans (no sé para qué si la radio estaba a toda pastilla) y abanicos de restaurante chino. Yo, como es normal, quedé en ridículo pues sólo tenía a mano unas cuantas hojas de propaganda del dichoso hipermercado con las sorprendentes ofertas de 10 x 1 que sin compasión alguna nos atarugan los buzones. Me repasé una y otra vez los llamativos precios que me sugerían las cromáticas hojas de papel, mientras cada cinco minutos soltaba el freno de mano, ponía la marcha y el coche avanzaba en un trompicón los escasos diez metros que lográbamos recorrer.
Calculé, sin ser esta disciplina en la que más brillo, que a este paso y según donde estábamos — a mitad de la rampa todavía — tardaríamos una hora más en alcanzar nuestro objetivo. El cuerpo se me resintió, no sé si debido al calor o a mi necedad por no comprender que estaba en el camino de la dicha.
Miré el reloj: las doce del mediodía. ¡Dios mío!, me dije, había salido a las nueve de mi casa, a las nueve y media había recogido a Merche y a las diez estábamos las dos esperando a que Luisa terminara de colorearse la cara como si se fuera de fiesta. De repente me vino a la memoria una frase a la que no había prestado atención pero que sin querer se había incrustado en mi mente: "Comeremos cualquier cosa en la bocatería del centro comercial, cariño", le dijo Luisa a su marido que nos despidió con un sonoro bostezo y un gesto de asentimiento. Ahora comprendía. Incluso si seguíamos así podríamos ver una película y dormir en el aparcamiento.
A la una, después de aparcar de mala manera, en una plaza estrecha y lejos del techado — que hubiera evitado que el coche se derritiera — bajo la losa de rayos solares que socavaban el asfalto, abrí la puerta del coche. Mis amigas salieron con la euforia de un primer día de colegio; a mí me dolían hasta las pestañas, la cara me brillaba como si me la hubieran lustrado y unos hilillos de sudor habían formado una hendidura en la piel de entre mis pechos. Me pesaban las piernas, una — la derecha, — agarrotada a causa del pedal del acelerador. La otra, la que me quedaba, simplemente dormida. Por suerte la cabeza no me daba vueltas, sólo la presentía crecida como una calabaza, pero me dije que aquello eran los primeros indicios de la felicidad. En medio de la algarabía de la gente que salía a borbotones por entre las fauces abiertas del león cuyas tripas estaban abarrotadas de felicidad, mis amigas y yo fuimos a coger un carro. Ninguna llevaba la moneda de euro o cincuenta céntimos necesaria.
— Mira que te lo tengo dicho, Luisa, siempre nos pasa lo mismo.
Yo, con el ánimo dispuesto a todo, saqué del fondo de mi bolso un aparatito plano que sirve a la vez de llavero y es un sustituto perfecto de cualquiera de ambas monedas. Ya decía que soy muy organizada.
El sol caía como una condena, pero soportable, puesto que era el paso previo a la placidez que íbamos a encontrar en las tripas del león. Me fijé entretanto en los rostros con los que me iba topando para leer en ellos, en sus arrugas, los símbolos de las sensaciones que me aguardaban. Ante la entrada, las fauces se abrieron de par en par y el aliento helado que expelían las tripas de este hormiguero humano nos alcanzó de lleno en el cuerpo.
— Esto es la antesala del cielo — dijo Merche entrecerrando los ojos mientras empujaba el carro.
Una vez alcanzadas por el toque de gracia de las primeras exhalaciones, nos internamos en aquel triperío dominado por seres como nosotras, dirigiendo unos carros metálicos de ruedas ingobernables. Mis amigas, para quienes aquel lugar carecía de secretos, dirigían la aventura con decisión firme.
Yo había estado varias veces en este lugar, u otros parecidos, porque todos son iguales: escaleras mecánicas, tiendas, más tiendas, ofertas, cines, cantidades ingentes de comida o de cualquier otro producto, todo lo que puedas imaginar, lo más inverosímil, lo más innecesario o lo más inútil, pero donde te puedes dejar el sueldo del mes como más te apetezca sin necesidad de salir de allí. Yo, como ya he dicho, había ido pero, tonta de mí, a unas horas un tanto extrañas — víctima como había sido hasta hoy de la rusticidad — a unas horas en las que el león estaba inapetente y tenía las tripas vacías, horas en las que circulábamos cuatro infelices con cara de pardillo como yo con los carros apenas cargados.
A ciegas, dejándote llevar sólo por el olfato, sabes que entras por el acceso a los detergentes, las cajas se amontonan en un alarde de trapecismo. Nada más entrar fuimos abordadas por una criatura angelical en cuyo cuerpo se había impregnado aquel aroma, y que hizo unas piruetas a nuestro alrededor, deslizándose sobre patines y ofreciéndonos en una bandeja unos sobrecitos de muestras. La verdad es que la chica era muy mona y para no contrariarla cogí uno de ellos.
— Con todas las muestras que tengo — dijo Luisa — tengo para poner lavadoras durante dos semanas sin comprar un tambor de detergente.
Proseguimos nuestro periplo por pasillos de ida y vuelta haciendo intentos para no tropezarnos con los carros que venían de frente.
Al doblar una esquina, justo en la bifurcación de las calles, había un monumento al aceite de oliva virgen de 0,4º que estaba de oferta porque seguramente en Europa no se vendía bien. Mis amigas, haciendo gala de una destreza inimaginable a nuestra edad, se enzarzaron a mordiscos con una señora redonda que pretendía arrebatarles las diez botellas que ya tenían seleccionadas.
Yo me iba dando cuenta de que por debajo de mi aspecto de señora de clase media liberada y con sueldo propio, subyacía una educación austera. Me preguntaba qué iba yo a ahorrar si me llevaba semejante cargamento a casa. Cogí dos botellas cuando la ola humana que pretendía arrastrarme se ahogó en otro monumento semejante, esta vez dedicado al chorizo ibérico de pata negra, donde por supuesto estaban mis amigas.
De nuevo una señorita muy mona subida en unos patines de ruedas rojas vino hacia nosotras con una bandeja en la mano y nos ofreció una degustación de quesos de polímero holandeses con sabor a plastilina masticable. Estaban de oferta en la sección de charcutería en la semana de Holanda, nos dijo con acento empalagoso.
Las ruedas del carro chirriaron en el linóleo y de los pies de mis amigas las chispas saltaron por doquier. En un periquete atravesaron tres pasillos saturados de señores en bermudas, camisetas de tirantes, sandalias de colores chillones, varios de los cuales estaban entablando una conversación por el móvil con algún congénere, al tiempo que entorpecían el paso del resto de compulsivos compradores.
Merche, para cuando yo llegué empujando el carro, ya había adquirido la oferta del queso plastificado — diez quesos de diferentes tamaños y forma, con aparente textura — que después repartiría entre la familia. Cogí uno de aquellos quesos, el más llamativo, que tenía forma de molino, y leí la etiqueta "Fromage d'Hollande". Fabriqué en Calasparre". Ya no me interesé por el precio. Y además empecé a dudar que lo que yo sentía eran los prolegómenos de la felicidad. ¿Por qué, dónde estaba esa sensación etérea, cuándo se lograba?
Por los altavoces, una voz metálica anunció que en ese mismo instante, en la sección de lencería comenzaba la oferta de ropa interior a 9,99 euros.
Me vi asaltada, en sentido literal, por la multitud de carros, incluidos los de Merche y Luisa que surcaron el linóleo en pos de semejante oferta. Yo les seguí como Dios me dio a entender, mientras recapacitaba e intentaba recordar a quién de mi familia le hacía falta ropa interior. Quizás a la pequeña, me dije, como está creciendo, no estará de más que le compre ahora algo ya que está de oferta. Tardé tanto en repasar el ajuar casero, que cuando llegué ya no quedaba nada, excepto las tallas para hipopótamos. Bien, me consolé, iré a la tienda del barrio y quizás encuentre lo que necesito.
En ello estaba cuando regresaron Merche y Luisa radiantes de satisfacción. Al fijarme en el arrebol de sus rostros, sus peinados desarbolados como velas destroncadas por un huracán, y sobre todo por sus carros rebosantes de productos repetidos, se me cayó el alma a los pies. Miré mi carro y los suyos, alternativamente. El mío resultaba penoso, escuálido, como de pobre. Ellas me leyeron el pensamiento y me miraron. A continuación se miraron entre ellas para devolverme una mirada conjunta que transmitía compasión. Jamás iba a alcanzar la dicha si continuaba por este camino. Era incomprensible mi cabezonería, parecían querer decir.
Eran las tres del mediodía. Hacía dos horas que estábamos allí dentro y yo tan sólo había comprado el aceite, unos botes de tomate y un lote de papel higiénico de 36 rollos. No tenía ni siquiera apetito, sólo deseaba marcharme. Veía con claridad el futuro: nos íbamos a juntar con el turno de tarde, ese que empieza momentos después de acabar la película, y ese turno es más laborioso, si cabe, porque vienen descansados después de haber hecho la siesta y han comido pizza o macarrones y ya se sabe estos dos alimentos poseen una dosis extra de proteínas. Mientras pensaba todo esto y el terror me iba subiendo o bajando como una procesión de hormigas por el cuerpo, yo seguía a mis amigas por los pasillos que recorrían más deprisa que yo, cogiendo de ambos lados los productos en oferta.
Andaba tan abstraída que ni me fijé en que ellas iban llenando mi carro con lo que se les ocurría. Pasamos por la sección de carnicería, por la pescadería, por la frutería, y allí cogí dos pimientos rojos de plástico acharolado.
— Creo que ya está todo — dijo Luisa — ahora vamos a tomar un bocata.
Eran las cinco y estábamos a punto de alcanzar el éxtasis. Las colas alcanzaban el infinito del hiper, uniéndose entre ellas como las colas de un dragón.
A las siete alcanzamos finalmente el punto de caja donde una señorita recogía nuestros artículos y los pasaba por el lector de códigos. Las cintas de papel salían escupidas por el rabillo del ojo de las máquinas registradoras.
¡Ah! supe, vi, toqué, alcancé el gozo supremo, la felicidad gloriosa. Eran las siete y media. Mi estómago crujía como una madera carcomida, me habían regalado un móvil al comprar un jamón portugués, y la cajera me dio la nota.
De aquel estado de sublimidad sólo recuerdo un cielo blanco y un viaje astral. Y de él me quedan unas moraduras en las piernas y en los codos y la tranquilidad de que hoy salgo del hospital.
© Elèna Casero
16.7.08
Poeta de mendigos: Tom Waits
Con su música llenando los espacios de mi casa, -como siempre, pero hoy con la complicidad de una presencia que todavía percibo tibia- aprovecho la ocasión y este espacio literario para publicar una reseña del libro "Tom Waits, conversaciones, entrevistas y opiniones”.

Escrito por Carlo Giordano
En Italia, a los escritores políticamente incorrectos los llamamos i poeti maledetti. Tendría que sumergirme en los abismos de nuestra historia para encontrar el origen de esta tradición, pero el término se acredita desde lo pronunciamientos de Ferlinguetti y otros beatniks. Si la biología hubiese permitido a William Burrough y a Allen Ginsberg tener descendencia común, ese podría haber sido Tom Waits, o lo que es lo mismo, un poeta maledetto si bien al más puro estilo americano.
La lectura del libro “Tom Waits, conversaciones, entrevistas y opiniones” es poco más o menos como la cata de un vino italiano: se destapan sensaciones ostentosas con los primeros asaltos visuales y olfativos, en el paladar se presenta agridulce y termina mostrándose áspero en el regusto.
En esencia, nos presenta a Tom Waits como una heterogénea visión de él mismo, tan caótico como predecible, tan absurdo como convencional, contradictorio y fuertemente recomendable. Sus seguidores hemos respirado en su música los últimos humos del bebop que cegaron a los poetas beat junto con el blues, el rock, el punk o el folk. Su sonido es atemporal, abstracto y disonante. Sus letras insolubles. Cuidada es su imagen de despeinado baladista alimentado de bourbon, agarrado a un piano, con barba de dos días y guarecido por un sombrero de fieltro polvoriento.
Artista insondable, poeta de mendigos, heredero de hipsters. Bebe de la misma fuente que Wolfe, Faulkner o Steinbeck. Se siente como Whitman, como Ginsberg o como Mingus y aspira a ser un Bukowski (su novelista preferido junto a Borroughs) o un Louis Armstrong. Muchos lo definen como antihéroe, filósofo ingenuo, paranoico o charlatán de feria, pero en su currículo hay más de 20 álbumes, algunos premios y apariciones más o menos afortunadas en un puñado de películas. Recuerda cuando fue telonero de Zappa y de los Stones (Keith Richards ha participado en alguno de sus mejores discos), cata con orgullo sus canciones versionadas por Springteen, Rod Steward o Patti Smith, y asiente la idolatría de Beck y el ser autor de culto para los insatisfechos del pop.
En el libro, Tom Waits ofrece entrevistas y largas conversaciones con algunos de sus compañeros de carretera, como el director de cine Jim Jarmusch o el músico Elvis Costello. Los lleva por callejones estrechos a tugurios deprimentes, salones traseros, bares destartalados y hoteles baratos. Sus respuestas son alocadas y están llenas de frases sin sentido, eso es lo que se espera de él. Se interpreta a si mismo y a los chiflados y vagabundos que pasan por sus canciones. «¿Por qué aguantarlo? -dice uno de ellos-, porque puede mostrarte lo que ya sabes y hacer que creas nuevamente en ello.»
Tom Waits siempre anduvo alejado de la manada. Nada es sagrado para él, pero como la mayoría de la gente a la que encuentra en su camino, tiene un código ético. Desconfía de la tecnología (golpeará con un palo antes de encender un aparato) y su música no es el estereotipo para las radios de rock. Curiosamente, Bone Machine, el disco más difícil de entender, es el que recibió uno de sus dos premios Grammy. Entonces, la revista Rolling Stone resumió su carrera en una frase: «durante más de 20 años, Tom Waits ha sido el cronista de los grotescos perdedores del submundo sórdido». El otro Grammy lo ganó por Mule Variations, quizá su mejor trabajo, un álbum que resume su trayectoria por el mundo de la música, con blues fantásticos cargados de sabor rural, alusiones políticas, detalles autobiográficos y ruido organizado.
Lo que lo hace tan valioso, y continuamente atractivo para generaciones de oyentes que buscan algo no convencional es, aparte de su sentido del humor, su inquietud por obtener la belleza de la vulgaridad y la desesperación. En sus canciones teje las fantasiosas aventuras de vividores, borrachos, excéntricos y vagabundos que nunca andan lejos del amor o de la muerte. «Me gustan las melodías hermosas que cuentan cosas terribles», dice Tom Waits.
Se refugia en un lugar celosamente guardado de Sonoma Valley donde ensambla sus múltiples personalidades: padre de familia, narrador de historias, poeta de taberna. Como él explica, vive en su desorden bipolar. Tampoco pretende resolver el viejo dilema americano de deambular o echar raíces (“Todo lo que has amado es todo lo que posees”, dice), sólo procura encontrarse con sus chirriantes, desarregladas y polvorientas epifanías. Su mujer, Kathleen Breennan, por cierto, también es su productora y coautora.
En algún momento del libro alguien escribe que Tom Waits «sería el Springteen de EEUU, si EEUU fuera una tierra desahuciada y extraña llena de monstruos de circo». ¿Es que no es así?
Por cierto, tengo entradas para el concierto de Bruce Springsteen el domingo en Barcelona... Todo pillado al vuelo y al más puro estilo Waits. Generosa vida. ¡Salud!
30.6.08
El mono piensa
¿Por qué será tan atractivo -pensaba el Mono en otra ocasión, cuando le dio por la literatura- y al mismo tiempo como tan sin gracia ese tema del escritor que no escribe, o el del que se pasa la vida preparándose para producir una obra maestra y poco a poco va convirtiéndose en mero escritor mecánico de libros cada vez más importantes pero que en realidad no le interesan, o el socorrido (el más universal) del que cuando ha perfeccionado un estilo se encuentra con que no tiene nada que decir, o el del que más inteligente es, menos escribe, en tanto que a su alrededor otros quizá no tan inteligentes como él y a quienes él conoce y desprecia un poco publican obras que todo el mundo comenta y que en efecto a veces son hasta buenas, o el del que en alguna forma ha logrado fama de inteligente y se tortura pensando que sus amigos esperan de él que escriba algo, y lo hace, con el único resultado de que sus amigos empiezan a sospechar de su inteligencia y de vez en cuando se suicida, o el del tonto que se cree inteligente y escribe cosas tan inteligentes que los inteligentes se admiran, o el del que ni es inteligente ni tonto ni escribe ni nadie conoce ni existe ni nada?
18.6.08
La rebeldía de leer (2)
Sus preferencias están entre la ciencia ficción y los libros de magia. Evidentemente, ha leído toda la saga de Harry Potter.
Lee a todas horas, hasta el punto de que le han prohibido que lea durante el recreo.
Estas son una de las preguntas que le han hecho en antena:
— ¿Tus padre leen? -
Según el niño, lo hacen.
— ¿Cómo le entró la afición a la lectura?
Sus padres le leían en la cama, antes de dormir. Y, sin darse cuenta, se aficionó.
— ¿A qué se dedican tus padres?
El padre es ingeniero y la madre es pediatra.
— ¿Tienes hermanos?
Uno de siete años pero todavía no se ha aficionado a la lectura.
— ¿Ves la televisión?
Sí.
— ¿Juegas a la Wii?
Sí.
— ¿Cuándo juegas al fútbol?
Ha respondido que no juega. El fútbol no le interesa.
- ¿No te sabe mal no jugar con tus amigos por estar leyendo un libro?
Y, tan a gusto, ha dicho que no.
Alguien que haya escuchado esta entrevista se habrá preguntado si existen tantos libros escritos en el mundo. Y, fácilmente, habrá deducido que sí porque los habrá visto amontonados cuando haya pasado cerca de la sección de libreria del Tajo Británico.
Me he quedado preocupada. ¿qué futuro le aguarda a esta criatura?
4.6.08
La rebeldía de leer
Sin embargo, y a pesar de los defectos, la blogosfera se desenvuelve de maravilla en los territorios de la creación: canalizando ideas, permitiendo intercambios de contenidos y de emociones, convirtiendo los blogs en espacios de lectura que inducen a la reflexión y quizá también a la acción.
Alberto Manguel habló la otra noche en TV de su libro "Una historia de la lectura". Expuso varios argumentos a favor de la necesidad de convertirnos en buenos lectores. Según él, es posible ejercer una forma de rebeldía, incluso de poder, manteniendo una buena actitud de lector. En cierto modo, definiendo una toma de posiciones en el mundo.
También Alessandro Baricco dejó unas pistas en este sentido cuando leyó en Barcelona el pregón del Día del Libro. En su nuevo libro "Los bárbaros" denuncia la devastación de territorios propios de la cultura, y reclama a la clase intelectual que asuma sus responsabilidades y al público en general que recupere el espíritu de lectura. No se trata tanto de "convencer" de que se consuma más cultura, sino simplemente de transmitir la "pasión" que se siente por la lectura.
Por otro lado, desearía recordar ahora a Juan Gelman, en su brillante discurso de aceptación del Premio Cervantes aunando algunos de estos conceptos. Más claro no se puede hablar.
A cada uno le corresponde ubicarse, ver el mundo en que vivimos y tomar decisiones, leer/no leer, qué leer/qué no leer, como/cuando/donde/con quien... y esto incluye el mundillo de los blogs.
23.5.08
Comunicación
R. La gente se pasa 10 horas frente al ordenador y lo triste es que piensa que está comunicándose...
P. ¿Por eso no tiene ordenador?
R. No lo necesito. Escribo a mano. Y no quiero que me impongan el estar siempre disponible. Si me buscan pueden llamarme por teléfono y dejar un mensaje en el contestador. Y en cuanto a Internet, creo que me queda poco tiempo de vida y prefiero invertirlo en aprender más sobre las personas que sobre las cosas.
Entrevista a Sidney Lumet
No es la primera vez que leo o escucho opiniones de este estilo. Muchos escritores reconocen su tendencia a evitar someterse a estas "necesidades".
9.5.08
¿Quién va diciendo por ahí que el gerundio no es bello?
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Jorge Wagensberg: "A más cómo, menos por qué - 747 reflexiones con la intención de comprender lo fundamental, lo natural y lo cultural"
28.4.08
DESCANSO PRIMAVERAL
Seguiremos cada una en nuestra propia casa:
Arare http://elmeumar.blogspot.com/
Frac http://fracfrac.blogspot.com/
Y yo http://escriptorum54-adlibitum.blogspot.com/
Arare comenta en su blog sobre la tristeza. La tristeza que va y viene.
La primavera parece un momento propicio para ella.
La tristeza es un sentimiento pegajoso del que cuesta desprenderse.
Y yo me siento triste. Pero no tanto.
22.4.08
Nuestra idea de libro
Jorge Luis Borges:
"Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros. Los otros días me regalaron una edición del año 1966 de la Enciclopedia de Brokhause. Yo sentí la presencia de ese libro en mi casa, la sentí como una suerte de felicidad. Ahí estaban los veintitantos volúmenes con una letra gótica que no puedo leer, con lo mapas y grabados que no puedo ver; y sin embargo, el libro estaba ahí. Yo sentía como una gravitación amistosa del libro. Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres. Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible... "
"El libro de los libros", ilustración de Quint Buchholz
10.4.08
Decálogo para la supervivencia de la novela
El martes, 8 de abril (anteayer) leí un artículo en
Empieza así: Adaptarse o morir. Dice que esta es la máxima que aplica Vicente Verdú a la novela, tantas veces enterrada, “porque no se puede seguir escribiendo como si no existiera el cine, la televisión, como no se puede pintar hoy como los prerrafaelitas”
Dice que la novela debe mostrar resistencia al intento de convertirla en cine, porque eso es lo que se hace con las novelas del XIX que atendían a un mundo sin cine. Que la fantasía y la intriga son mundos estereotipados y están fuera de tiempo. Que en el texto tiene que haber un placer de principio a fin, que no valen estructuras prefabricadas, sino la belleza de la inmediatez. Que la novela contemporánea que no haya asumido la fragmentación – como la de los blogs- “se ahogará en su jactancia” y que el desarrollo del libro debería obedecer a una red de experiencias que planteen un tutti frutti para el multipolar lector de hoy. Que debe haber una interacción con el lector y un cultivo del mundo interior, que la tercera persona, omniscente, ya no vale, que suena falsa y que hace falta humor porque sin ironía no hay contemporaneidad.
Por último, dice Barranco que dice Verdú (oichs…) que poner al día la literatura “es perder la sacralización de la idea de escritor y de novela”. Que hoy todo el mundo escribe (cierto) y el escritor es un productor como otro cualquiera.
Bueno, que me perdone el Sr. Barranco por haberle pisado el artículo, pero es que me interesaba mucho debatirlo. No lo he copiado al pie de la letra, como veréis los que lo habéis leído.
Me ha parecido genial, es por ello que lo he querido compartir y que me gustaría saber qué opináis al respecto.
Gracias, Sr. Verdú. Gracias, Sr. Barranco.
25.3.08
John Ashbery
Es una poesía abstracta, que J. Ashbery admite escribir como si "preparara una ensalada", y, en este sentido, me atrapa.
Pero por otro lado, me descubro a veces leyendo fuera del poema, algo desubicada; entonces, me uno a la opinión de quienes dicen de esta poesía que es hermosa aunque no se entienda...
...en realidad, ¿debería entenderse la poesía?
Transcribo el fragmento de una entrevista al poeta, y un poema en inglés, porque no encuentro la versión en castellano. Si alguien se atreve con la traducción...:
Pregunta. ¿Qué piensa cuando le dicen de un poema suyo: "Es hermoso, pero no lo entiendo"?
J. Ashbery. Si les parece que es hermoso, ¿qué más puedo pedir? Para mí es suficiente. Sinceramente, no entiendo eso de "entender" la poesía. Cuando afronto un poema por primera vez lo que cuenta es el sentimiento, el goce estético, si está bien hecho. Una sola lectura no me permite pronunciarme sobre la cuestión de lo que significa. Y siempre, al releerlo compruebo que todo está ahí, aunque no se manifestara en mi primer contacto gozoso con el texto.
P. Se ha dicho que una de las señas de identidad de su poesía es su habilidad para burlar las leyes de la sintaxis.
J.A.. No creo que sea cierto. Tal vez no sean lógicos, pero mis poemas son sintácticamente correctos.
P. ¿No son lógicos?
J.A.. No necesariamente. (Risas).
P. Sigue siendo muy prolífico. No parece que jamás cese de escribir y publicar.
J.A.. ¿No es eso lo que se supone que tienen que hacer los escritores? Aunque soy viejo, sigo al pie del cañón. La misión del poeta es escribir poesía.
What Is Poetry? , John Ashbery
The medieval town, with frieze
Of boy scouts from Nagoya? The snow
That came when we wanted it to snow?
Beautiful images? Trying to avoid
Ideas, as in this poem? But we
Go back to them as to a wife, leaving
The mistress we desire? Now they
Will have to believe it
As we believed it. In school
All the thought got combed out:
What was left was like a field.
Shut your eyes, and you can feel it for miles around.
Now open them on a thin vertical path.
It might give us--what?--some flowers soon?
11.3.08
¿Un poco de chocolate?
Hace unos años llegaron a mis manos, a través de regalos diferentes, productos que nada tenían que ver con el chocolate que se come. Me explico. Tenían que ver, pero no me los podía comer. Hablo de dos libros y dos películas. Uno de los libros, junto con la película fue "Como agua para chocolate", de Laura Esquivel.
La otra película fue Chocolat, deliciosa, con Johnny Deep y Juliette Binoche, basada en la novela de Joanne Harris (que no he leído).
Ambas películas me parecieron formidables y disfruté enormemente con el libro de Esquivel. Pero el otro libro que os quería comentar, que nada tiene que ver con películas o novelas, no es otro que "El librito del amante del chocolate", de Jennie Reekie. Contiene una cantidad de información que, según la autora, es toda la que necesita un buen amante del chocolate. A mi me parece que no hay para tanto, pero claro, ¿qué va a decir la autora? sin embargo, de las casi veinte recetas que contiene, diría que se salvan todas. Y para que así conste, os dejaré una. Un clásico.
¡Que aproveche!
Brownies
3.3.08
Acentos sí, acentos no.

Yo envié uno, el que he titulado como "Jubilación anticipada".
Días atrás me enviaron las galeradas con las correcciones hechas en la editorial.
Como bien me dijeron, siguiendo las nuevas normas de la RAE han quitado todos los acentos de los pronombres demostrativos y, por supuesto, también del adverbio solo.
Se han acabado los problemas de anfibología. Y, en cierto modo, el entretenimiento o diversión de pensar si está bien escrito o no.
Un paso más para adaptar el lenguaje escrito al hablado, cuando cada vez se habla peor y se escribe más aún, ¿aun?, bueno, todavía.
Por el momento, en el lenguaje escrito nos estamos comiendo los signos de interrogación y admiración al principio de la frase. Si leemos algunos de nuestros textos, las respuestas a los posts, entradas diversas y demás escritos de muchos de los que escribimos con asiduidad en este medio, nos daremos cuenta de este hecho.
¿Es esto influencia del inglés?
¿Es comodidad?
¿Es el todo vale?
Los que tenemos por primera lengua, o compartida, el catalán o el valenciano, en mi caso, sabemos que no utilizamos el signo de admiración ni la interrogación al principio de una frase. ¿Será que, con nuestra nefasta influencia, estamos estropeando el castellano?
Ironías aparte, lo que creo es que con la excusa de adaptar lo escrito a lo hablado, aunque la ortografía parece que no sirva de nada, cada vez hacemos las cosas más insulsas, más descafeinadas, a ver si los chicos leen más, a ver si no nos tenemos que devanar los sesos descifrando incomprensibles lecturas, a ver … a ver ….
A mí me gustan los acentos y las comas y los puntos y las haches intercaladas como a otros les gustan los logaritmos, los algorritmos y la física cuántica. ¡qué le vamos a hacer!
Y, si tenéis ganas de seguir leyendo:
AQUI Una entrevista con Vila-Matas




