Leer en verano requiere concentración. El calor puede convertirse en el peor enemigo para relajarse, pero a pesar de todo, imaginad un atardecer de verano, una ligera brisa azotando los pocos cuerpos que aún restan en la playa, graznidos de gaviotas que se confunden con alboroto de los niños que corren tras la pelota y una cierta paz. Una especie de silencio ritmado. Unas rocas relativamente cómodas para sentarse y un libro de poemas.
Me dan miedo los poemas traducidos. Al mismo tiempo, creo que si no se pudieran traducir las obras literarias, en numerosas ocasiones nos perderíamos algo digno de ser leído. Por esta razón, suelo leer poesía traducida, aunque por lo general me gusta tener al lado la versión original, aunque no pueda entenderla, simplemente para "sentir" la musicalidad de las palabras escritas en el idioma del poeta.
Esa tarde, en la playa, tenía entre mis manos Antología Poética de Adrienne Rich, traducido por Myriam Díaz- Diocaretz y prologado por la misma Adrienne Rich, en una edición de la colección Visor de Poesía. Ya me ha ocurrido otras veces, no sé por qué, pero al comprarme ese libro no me dieron el CD que se suele incluir , con los poemas recitados por el autor... entonces tienes dos opciones: dejar el libro, o comprarlo igualmente, quejándote. La respuesta que me dieron al reclamar el CD fue que seguramente lo habían robado... y no les quedaba otro ejemplar, así que lo compré igualmente... yo tengo esos prontos. Luego pensé "te has precipitado". Pero ya estaba hecho. Total, lo leí, pero no lo pude escuchar.
El texto que he escogido como muestra, más me parece un microrelato que un poema, pero si la autora lo define como poema, dejemos que lo sea.
Dejo un enlace, por si os apetece leer algo más esta autora.
Novela corta
Dos personas hablan ásperamente en un cuarto.
Una se pone de pie y sale a caminar.
(Es el hombre).
La otra va al cuarto contiguo
y al lavar los platos, quiebra uno.
(Es la mujer).
Afuera oscurece.
Los niños se pelean en el desván.
A ella se le ha secado el corazón.
El hombre regresa a una casa obscura.
La única luz viene del desván.
Él ha olvidado su llave.
Toca en la propia puerta
y oye sollozos en las escaleras.
Las luces de la casa se encienden.
La puerta se cierra detrás de él.
Afuera, lejanas como almas,
también se encienden las estrellas.
Adrienne Rich ( 1962)
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