¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

29.9.08

Cómo ser feliz si eres músico o tienes uno cerca - Guillermo Dalia Cirujeda



El libro trata sobre los músicos, sobre todo lo que hay alrededor de ellos, su formación tan prematura y excepcional, la relación entre el profesor y el alumno, la que existe entre el músico y la sociedad, su familia, su pareja o sobre el fascinante vínculo de amor-odio que surge entre él y su instrumento. ¿Cuál es el más complicado? Salimos en primer lugar los oboístas, claro, que si las cañas, que si la afinación.
¿Qué músicos son los más extrovertidos? Los trompetistas (doy fe). Parece ser que cuando más sonoro es el instrumento, más extrovertido es quien lo toca.
Pero también profundiza en la vida interior del músico, en las interminables horas de soledad a las que se ha de enfrentar, en las características de su personalidad, sus aspiraciones, sus fantasmas interiores, la presión que sufre ante un concierto o sobre las causas de sus esperanzas y de sus decepciones.
Compré el libro porque convivo con dos músicos – mis hijas – y conmigo misma.
Probablemente para alguien que no esté relacionado con este mundo, el asunto le dirá bien poco. Exactamente lo mismo que me diría a mí si estuviera dedicado al fútbol.
El mundo de la música, sus componentes, las relaciones entre nosotros y, sobre todo, los estudios es de lo más desconocido para el resto del mundo.
A la pregunta: ¿qué estudias? Un músico responde: Música.
La siguiente pregunta es: ¿Y qué más?
La consiguiente reacción del músico es de impotencia, de cierta frustración.
Los estudios musicales en España duran, en el mejor de los casos, catorce años para aquellos que se quieren dedicar a esta profesión tan "divertida". Aunque los planes de estudio y los conservatorios parecen estar anclados en siglos pasados. No lo hago extensivo a todos, por supuesto.
Divertida, es. No lo voy a negar. Lo es cuando dominas el instrumento, la partitura, cuando has superado los espesos (muchas veces) estudios teóricos. Los jóvenes que se plantean estudiar en los conservatorios deben bregar con los estudios obligatorios más los musicales. Con lo que nos encontramos con un montón de asignaturas y profesores que te recuerdan que la suya es la más importante.
El libro es muy entretenido, muy didáctico y orienta muy bien a quienes nos movemos en este, siempre sorprendente, mundo. Porque para llegar a subirse a un estrado vestido de frac o con un traje largo (que hay mujeres directoras), y un palito en la mano dando órdenes a una caterva de personajes tocando un instrumento, cada uno a su bola, se necesitan muchos años de estudio, de dedicación y de locura.
Maravillosa locura, por supuesto.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola. Me llama la atención el punto de la relación amor-odio con el intsrumento musical de parte del músico. Es algo sobre lo que no se habla. Siempre, o creo al menos, que generalmente, en toda relación hay un momento de odio hacia lo que se ama. Paradoja que pasa, porque somos humanos y estamos llenos de contradicciones en mayor o menor grado. ¿Sí?

Eso me hace pensar en todo lo que uno ama, en lo que sigue con una vocación canalizada de diversas maneras, porque somos diferentes.
He sentido un escalofrío cuando he leído posts o artículos donde se dice que la música ya no me dice nada.
Creo que eso es temporal. O lo asumiría por mi parte como algo transitorio. De pronto hay algo desesperante, podría ser la pérdida de alguien querido, muy cercano, por referirme a algo devastador. Imagino que se podría perder la pasión por todo, pero que eso tendría en algún momento su fin. Puedes recordar a alguien amado con música y de esa manera hacerle un homenaje, tu propio homenaje. Estos pensamientos han surgido gracias a este post, al libro comentado y lo agradezco Elena. Grax, grax, grax.

Hsasta pronto LITER-A-TRES.

Anónimo dijo...

Hsasta, suena a velada árabe, no sé :) o a velada musical exótica. De todos modos se relacionó con la música mi errata.

Hasta pronto.

fractal dijo...

Yo podría comentarte algo sobre lo extrovertidos que son los que aporrean la batería en casa; imagina el sonido.
Y tal vez también podría contarte algo sobre la locura de una mujer vestida de Frac a quien no le importaría llevar una batuta en la mano...

Pero mejor releo el comentario anterior y me dejo llevar por su música.
O me quedo pensando en tu post, que suena, en cierto modo, a Una música constante, de V. Seth
.

Montse dijo...

Y yo podría decirte lo mal que me siento cuando no tengo mi piano cerca. No lo toco. Quiero decir que no lo toco "bien". Pero lo necesito, es como mi amuleto.

Ayer mismo estuvo el "transportista" que me lo subirá del piso de abajo al piso de arriba. Si, lo tenía demasiado lejos... yo no soy música, soy una simple aficionada.

Los músicos son apasionados, no pueden dejarlo aunque quieran. En mi familia hay tres ejemplos de músicos que, para resultar creíbles, tuvieron que hacer - en su día- otra carrera. Hoy - por suerte- no les pasaría lo mismo. La hija de uno de ellos está estudiando "sólo" música en el Conservatorio del Liceo. Y nadie se lo cuestiona. Por suerte.

Un petó musical, bruixeta.

Elena Casero dijo...

Film X.
En el libro también se analiza esa relación con bastante profundidad.
El instrumento, es cierto, pasa a formar parte de ti.
Yo siempre digo que, por ejemplo, mi hija pequeña es la continuación de una trompeta. Y no al contrario.

Y también se puede llegar a perder la pasión, igual que con un ser humano.

Gracias por la visita.

Elena Casero dijo...

Frac, con frac.

Los percusionistas, además de extrovertidos, son escandalosos. Pero, a mí personalmente, me encanta la percusión.

Un placer

Elena Casero dijo...

Arare.

Me alegro que a tu familiar nadie le haya cuestionado qué estudia además de ...
Pero debe de ser un problema bastante real cuando se analiza en el libro y se comenta mucho en este mundillo.

Para tratar de evitar la añoranza de un piano, no te queda más remedio que hacerle una foto.
Mi oboe apenas ocupa espacio, afortunadamente.


Otro placer

Elena dijo...

Aunque amo la música, jamás he aprendido a tocar ningún instrumento, algo de lo que me arrepiento horrores, y que ahora, con mi falta de tiempo habitual, me siento incapaz de subsanar. Pero una de mis mejores alumnas que terminó segundo de bachillerato el año pasado es ya una espléndida concertista de piano. El otro día la escuché tocar por primera vez y me dejó completamente encantada. Ahora ha comenzado la carrera de ingeniería aeronáutica a la vez que prosigue sus estudios en el conservatorio. Me parece admirable esta mezcla de talento natural y tesón en jóvenes como ella. Me has dado una idea genial para regalarle porque además le gusta leer. Es completita del todo.

Saludos

Ojo de pez dijo...

¡Pedazo de blog!.
Gracias por visitarme

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