Jordi Savall dirigió e interpretó la música de la película "Tous les matins du monde" De hecho se me ha ocurrido buscar en youtube tras haber leído a mi compañera Escriptorum.
Aquí os dejo dos fragmentos de dicha película. Compartámoslos y disfrutémoslos:
Después de dejar reposar el post durante la noche, esta mañana me he dado cuenta de que el primer video se escucha como a golpes, aunque la imagen se vea bien. Por ello, he decidido buscarlo de nuevo. Ya que no he encontrado un video de la película que se pueda oír bien, he decidido poneros un video que se llama "Le printemps a la Provence", con diapositivas de la Provenza, pero con la banda sonora correcta de la música que yo quería poner. Así pues, cambio el primer video por éste, que no pertenece a la película, aunque sí la banda sonora. ¿Capisci?
Esto lo he hecho para que podáis oír bien la música. Es evidente que én este video no vemos al director de la orquesta, dando golpes con su bastón, tal como comenta Escriptorum. Bueno, lo dejo a vuestra elección. Si los comments "piden" el otro video, lo volveré a poner, hale, música a la carta.
27.2.07
22.2.07
JOHN DOWLAND - Come again

Música del Renacimiento.
En el blog que tuve un tiempo comencé a escribir algo sobre este período musical que, junto con el Barroco, es uno de mis preferidos. Eso no quiere decir que desprecie el resto, ni mucho menos. Hay muchos autores de este período de resurgimiento artístico. Uno de ellos es el que hoy os traigo. Supongo que habrá quien haya oído algo de él y quien no. De cualquier manera, que lo disfrutéis.
John Dowland nació en Inglaterra en 1563 siendo casi contemporáneo de Shakespeare. Fue uno de los pocos músicos ingleses que recorrió Europa.
Se sabe muy poco sobre su origen y sus inicios en la música. Estuvo en Francia como sirviente del embajador de Inglaterra. Durante su estancia en este país se convirtió al catolicismo, lo que posteriormente le costaría un poco caro en la corte inglesa regentada por Isabel I, una ferviente anglicana.
Tras varios años en Francia, John Dowland decidió regresar a su país. En Inglaterra su fama como laudista y compositor fue aumentando. Viajó a Italia y también a Dinamarca donde fue músico de la corte.
Es uno de los pocos compositores que han pasado a la posteridad pese a tener una obra reducida. Compuso 87 canciones para voz y laúd que están contenidas en "Books of Songs of Ayres", "A Pilgrim Solace" y "Musical Banquet" y alguna otra.
La canción que os recomiendo que escuchéis es una obra muy hermosa: Come again. La partitura que yo tengo está escrita para cuatro voces, aunque quiero suponer que la original sería escrita para voz y laúd, tal como yo la he escuchado y como hace poco la grabó Sting.
La versión de Sting es muy buena, aunque yo prefiero la voz femenina.
La podéis escuchar aquí
John Dowland nació en Inglaterra en 1563 siendo casi contemporáneo de Shakespeare. Fue uno de los pocos músicos ingleses que recorrió Europa.
Se sabe muy poco sobre su origen y sus inicios en la música. Estuvo en Francia como sirviente del embajador de Inglaterra. Durante su estancia en este país se convirtió al catolicismo, lo que posteriormente le costaría un poco caro en la corte inglesa regentada por Isabel I, una ferviente anglicana.
Tras varios años en Francia, John Dowland decidió regresar a su país. En Inglaterra su fama como laudista y compositor fue aumentando. Viajó a Italia y también a Dinamarca donde fue músico de la corte.
Es uno de los pocos compositores que han pasado a la posteridad pese a tener una obra reducida. Compuso 87 canciones para voz y laúd que están contenidas en "Books of Songs of Ayres", "A Pilgrim Solace" y "Musical Banquet" y alguna otra.
La canción que os recomiendo que escuchéis es una obra muy hermosa: Come again. La partitura que yo tengo está escrita para cuatro voces, aunque quiero suponer que la original sería escrita para voz y laúd, tal como yo la he escuchado y como hace poco la grabó Sting.
La versión de Sting es muy buena, aunque yo prefiero la voz femenina.
La podéis escuchar aquí
Y e Come again! sweet love doth now invite
Thy graces that refrain
To do me due delight,
To see, to hear, to touch, to kiss, to die,
With thee again in sweetest sympathy.
2. Come again! that I may cease to mourn
Through thy unkind disdain;
For now left and forlorn
I sit, I sigh, I weep, I faint, I die
In deadly pain and endless misery.
3. All the day the sun that lends me shine
By frowns doth cause me pine
And feeds me with delay;
Her smiles, my springs that makes my joy to grow,
Her frowns the winter of my woe.
4. All the night my sleeps are full of dreams,
My eyes are full of streams.
My heart takes no delight
To see the fruits and joys that some do find
And mark the stormes are me assign'd.
5. But alas, my faith is ever true,
Yet will she never rue
Nor yield me any grace;
Her Eyes of fire, her heart of flint is made,
Whom tears nor truth may once invade.
6. Gentle Love, draw forth thy wounding dart,
Thou canst not pierce her heart;
For I, that do approve
By sighs and tears more hot than are thy shafts
Do tempt while she for triumphs laughs.
.
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Música
21.2.07
Pensando en ti
El apellido Goytisolo está íntimamente ligado al concepto de literatura. Tres hermanos decidieron dedicarle la vida al hecho de escribir. Juan y Luis son ensayistas y novelistas. José Agustín fue poeta. Un poeta roto, como dijo arare en un comentario del post anterior, desde que perdió a su madre en la guerra civil española. Como sabéis, Barcelona ostenta el triste honor de ser la primera ciudad bombardeada desde un avión en un conflicto bélico. En aquel momento se hizo célebre la frase "llueven bombas". Julia Gay, madre de los cuatro niños Goytisolo, fue alcanzada por una.
Para conocer quien fue J. A Goytisolo os dejo dos cartas y un poema. La primera carta fue escrita por Asunción Carandell, esposa de José Agustín. La segunda, por Carmen Martín Gaite, escritora y gran amiga. El poema lo escribió J. A. G. pensando en su hija, Julia. Podeis escuchar la voz del poeta y la versión cantada de Paco Ibañez.
Carta 1: José Agustín Goytisolo
Carta 2: Carta abierta a José Agustín Goytisolo
Poema: Palabras para Julia
Queda el polvo
De aquel trueno, de aquella
terrible llamarada
que creció ante mis ojos,
para siempre ha quedado,
confundido con el aire,
un polvo de odio, una
tristísima ceniza
que caía y caía
sobre la tierra, y sigue
cayendo en mi memoria,
en mi pecho, en las hojas
del papel en que escribo. "
Para conocer quien fue J. A Goytisolo os dejo dos cartas y un poema. La primera carta fue escrita por Asunción Carandell, esposa de José Agustín. La segunda, por Carmen Martín Gaite, escritora y gran amiga. El poema lo escribió J. A. G. pensando en su hija, Julia. Podeis escuchar la voz del poeta y la versión cantada de Paco Ibañez.
Carta 1: José Agustín Goytisolo
Carta 2: Carta abierta a José Agustín Goytisolo
Poema: Palabras para Julia
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Poesía
19.2.07
El oficio del poeta

EL OFICIO DEL POETA
Contemplar las palabras
sobre el papel escritas,
medirlas, sopesar
su cuerpo en el conjunto
del poema, y después,
igual que un artesano,
separarse a mirar
cómo la luz emerge
de la sutil textura.
Así es el viejo oficio
del poeta, que comienza
en la idea, en el soplo
sobre el polvo infinito
de la memoria, sobre
la experiencia vivida,
la historia, los deseos,
las pasiones del hombre.
La materia del canto
nos lo ha ofrecido el pueblo
con su voz. Devolvamos
las palabras reunidas
a su auténtico dueño
Jose Agustin Goytisolo
___ ___ ___
Me apetecía un poco de poesía, que quería compartir con vosotros.
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Poesía
16.2.07
De puristas y purismos
"Es curioso que quienes viven en ascuas, a la permanente caza de manifestaciones de “lenguaje machista” o “sexista”, o de palabras supuestamente denigratorias para cualquier colectivo o grupo, jamás muestren la menor preocupación ni protesten por los atentados continuos que se cometen contra el español, no sólo en la televisión y en la prensa, sino en los mismísimos libros. Eso prueba que sus inquietudes lingüísticas son enteramente falsas, o aún es más, que en realidad van aliados con quienes maltratan el castellano, dedicados todos a afearlo, a hacerlo más impreciso, a deformarlo, a empobrecerlo, a descafeinarlo, a privarlo de vocablos, a jibarizarlo, a empequeñecerlo, a desustanciarlo y a convertirlo en un magma confuso o en una ciénaga en la que los hablantes chapotean sin ningún sentido para acabar ahogándose invariablemente en una ciénaga".
Este es el comienzo de un artículo de Javier Marías. Es mucho más largo. Por esa razón no lo voy a copiar. Sólo quiero añadir mi acuerdo con él. No me molesta que me consideren algo purista. Escribo en castellano porque es la lengua en la que me eduqué. La que hablaba mi madre.
Me pregunto, si el lenguaje es el principal medio de expresión, ¿por qué lo maltratamos de esa manera?
En algunos casos creo que es comodidad. Otros, falta de rigor. Escuchamos frases hechas y mal hechas y las tomamos como buenas y las repetimos hasta la saciedad, sin importarnos si el significado es el que pretende ser.
¿Por qué, cuando hacemos preguntas en castellano quitamos el signo de interrogación del inicio de la pregunta?
DRAE: A diferencia de lo que ocurre en otras lenguas, los signos de interrogación y exclamación son signos dobles en español, como los paréntesis o los corchetes. Por tanto, es incorrecto prescindir del signo de apertura en los enunciados interrogativos o exclamativos.
¿Por qué decimos: encima nuestro, delante tuyo?
DRAE: En la lengua culta debe evitarse el uso de adverbios como cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente con adjetivos posesivos; así pues, no debe decirse detrás mío, encima suya, etc., sino detrás de mí, encima de él, etc.
En consecuencia, para discernir si es o no correcta una expresión con posesivo, debemos fijarnos en la categoría de la palabra núcleo: si es un sustantivo, será correcta (puede decirse al lado mío, pues lado es un sustantivo); pero no será correcta si se trata de un adverbio (no puede decirse cerca mío, pues cerca es un adverbio).
Insisto en esto porque es de las cosas que más me llaman la atención.
Otra de ellas es: ciudadanos y ciudadanas, vascos y vascas, gilipollos y gilipollas.
Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.
Podríamos seguir así bastante tiempo. Lo único en lo que deseo insistir es en que si muchos de nosotros pretendemos convertirnos en escritores deberíamos tener más cuidado con el lenguaje. Y mi razonamiento es igualmente aplicable a cualquier de las lenguas de este extraño país que nos acoge.
Si después de esta perorata seguís pensando que soy una purista o una cursi, será que tenéis razón, pero qué le vamos a hacer si las guedejas son guedejas y no churretes y las puertas se cerraban con fallebas.
Este es el comienzo de un artículo de Javier Marías. Es mucho más largo. Por esa razón no lo voy a copiar. Sólo quiero añadir mi acuerdo con él. No me molesta que me consideren algo purista. Escribo en castellano porque es la lengua en la que me eduqué. La que hablaba mi madre.
Me pregunto, si el lenguaje es el principal medio de expresión, ¿por qué lo maltratamos de esa manera?
En algunos casos creo que es comodidad. Otros, falta de rigor. Escuchamos frases hechas y mal hechas y las tomamos como buenas y las repetimos hasta la saciedad, sin importarnos si el significado es el que pretende ser.
¿Por qué, cuando hacemos preguntas en castellano quitamos el signo de interrogación del inicio de la pregunta?
DRAE: A diferencia de lo que ocurre en otras lenguas, los signos de interrogación y exclamación son signos dobles en español, como los paréntesis o los corchetes. Por tanto, es incorrecto prescindir del signo de apertura en los enunciados interrogativos o exclamativos.
¿Por qué decimos: encima nuestro, delante tuyo?
DRAE: En la lengua culta debe evitarse el uso de adverbios como cerca, detrás, delante, debajo, dentro, encima, enfrente con adjetivos posesivos; así pues, no debe decirse detrás mío, encima suya, etc., sino detrás de mí, encima de él, etc.
En consecuencia, para discernir si es o no correcta una expresión con posesivo, debemos fijarnos en la categoría de la palabra núcleo: si es un sustantivo, será correcta (puede decirse al lado mío, pues lado es un sustantivo); pero no será correcta si se trata de un adverbio (no puede decirse cerca mío, pues cerca es un adverbio).
Insisto en esto porque es de las cosas que más me llaman la atención.
Otra de ellas es: ciudadanos y ciudadanas, vascos y vascas, gilipollos y gilipollas.
Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.
Podríamos seguir así bastante tiempo. Lo único en lo que deseo insistir es en que si muchos de nosotros pretendemos convertirnos en escritores deberíamos tener más cuidado con el lenguaje. Y mi razonamiento es igualmente aplicable a cualquier de las lenguas de este extraño país que nos acoge.
Si después de esta perorata seguís pensando que soy una purista o una cursi, será que tenéis razón, pero qué le vamos a hacer si las guedejas son guedejas y no churretes y las puertas se cerraban con fallebas.
15.2.07
Síntesis

"El mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo".
Estas palabras están en la primera página de "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez.
Una y otra vez, cuando las pienso, sé que tengo que encontrar la fórmula exacta para decir aquello que quiero decir, concentrado en una sola frase. Debo aprender a sintetizar. Tengo que despojar a la literatura de florituras y de palabras inútiles para quedarme con el núcleo de la cuestión, con aquello que sé que quiero decir, porque lo tengo en la punta del cerebro.
Todavia soy incapaz. Cuando escribo mis artículos, que tengo que reducir a quinientas palabras aproximadamente, siempre tengo que cortar y recortar, dejar reposar, como si fuera un guiso, y escribir y reescribir hasta encontrar la fórmula que más me satisface. Me cuesta.
El día en que pueda parir una frase parecida a la que os menciono de García Márquez, ese día seré feliz.
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Escritura
12.2.07
La megalomanía
La megalomanía se define como la sobreestimación de las propias capacidades; algo así como un delirio de grandezas, o convicción irracional de la propia riqueza, fama o poder. Llevo unos días dándole vueltas a este asunto, a raiz de unas palabras de Milan Kunedra, según las cuales, el novelista sólo puede ser de gran calidad.
"Escribir sin esta ambición es puro cinismo: porque, mientras que un fontanero mediano es útil a la gente, un novelista mediano, que produce a conciencia libros efímeros, corrientes, convencionales, por tanto inútiles, nocivos que estorban, sólo es digno de desprecio. La maldición del novelista: su honestidad está atada al potro infame de su megalomanía".
¿Cuál es el lugar de la honestidad?
¿Cuál es el lugar de la honestidad?
¿Y el del cinismo?
¿Cuál es el valor de la calidad?
Potro infame...
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Escritura
7.2.07
En las nubes
"En las nubes" es el título del nuevo libro de Ian McEwan.
Como habitual lectora, recomiendo el libro de relatos cortos "Entre las sábanas". Quienes me conocen ya saben mi debilidad por este tipo de literatura.
Al leer las primeras páginas de este nuevo libro no he podido evitar sonreír y sentir el aguijón de la nostalgia. McEwan utiliza la palabra "ensimismado" y me he visto reflejada en el texto. "Ensimismamiento" es la palabra que siempre he utilizado para definir mi estado mental durante mi infancia.
McEwan habla de un niño que siempre está así: ensimismado. De un niño "difícil" al que los mayores no comprenden. Sólo he leído el primer capítulo, pero estoy segura de que entre ese niño y yo hay muchas similitudes.
He copiado un poco de ese primer capítulo.
Cuando Peter Fortune tenía diez años, algunos
adultos le decían a veces que era un niño «difícil
». Nunca comprendió lo que querían decir.
Él no se consideraba en absoluto difícil. No estrellaba
las botellas de leche contra el muro del
jardín, ni se echaba salsa de tomate en la cabeza
y fingía que sangraba, ni le golpeaba los tobillos
a la abuela con la espada, aunque de vez en cuando
se le ocurrieran esas ideas. A excepción de todas
las verduras menos las patatas, el pescado, los
huevos y el queso, comía de todo. No era más
ruidoso, sucio o tonto que ninguna de las personas
que conocía. Su nombre era fácil de pronunciar
y deletrear. Su cara, pálida y pecosa, era bastante
fácil de recordar. Iba a la escuela todos los
días como los demás niños y nunca armó demasiado
escándalo por eso. Con su hermana no era
más insoportable de lo que ella lo era con él.
Nunca la policía llamó a la puerta con intención
de detenerlo. Nunca unos médicos vestidos de
blanco quisieron llevárselo al manicomio. En
opinión de Peter, él era de lo más fácil. ¿Qué tenía
de difícil?
Peter lo comprendió por fin cuando ya hacía
años que era adulto. Creían que era difícil por lo
callado que era. Eso parecía preocupar a la gente.
El otro problema era que le gustaba estar solo. No
siempre, claro. Ni siquiera todos los días. Pero la
mayoría de los días le gustaba quedarse a solas
durante una hora en algún sitio, en su habitación
o en el parque. Le gustaba estar solo y pensar en
sus cosas.
Ahora bien, a los adultos les gusta creer que
saben lo que pasa por la cabeza de un niño de
diez años. Y es imposible saber lo que alguien está
pensando si esa persona no lo cuenta. La gente
veía a Peter tumbado de espaldas alguna tarde de
verano, mascando una brizna de hierba y mirando
el cielo. «¡Peter, Peter! ¿En qué estás pensando?
», le gritaban. Y Peter se incorporaba sobresaltado.
«Oh, en nada. En nada.» Los adultos sabían
que algo ocurría en el interior de esa cabeza, pero
no podían oírlo, ni verlo ni sentirlo. No podían
decirle a Peter que parara porque no sabían lo que
estaba haciendo. Habría podido estar incendiando
la escuela, tirando a su hermana a los cocodri-
los o huyendo en globo, pero lo único que veían
era un niño mirando el cielo azul sin pestañear,
un niño que no oía cuando lo llamaban por su
nombre.
En cuanto a lo de estar solo, eso tampoco les
gustaba demasiado a los adultos. Ni siquiera les
gusta que otros adultos estén solos. Cuando te
juntas con otros, la gente ve lo que estás haciendo.
Estás haciendo lo que ellos están haciendo.
Peter tenía ideas diferentes. Juntarse con los demás
estaba muy bien, en su momento. Pero sin
exagerar. En realidad, pensaba, si la gente dedicara
menos tiempo a juntarse y a hacer que los
demás se juntaran y dedicara un poco más de
tiempo al día a recordar quiénes eran o quiénes
podrían ser, el mundo sería un lugar mucho más
feliz y quizá nunca habría guerras.
En la escuela, dejaba a menudo su cuerpo
sentado en el pupitre mientras su mente se perdía
en las nubes. Incluso en casa, tener la cabeza en
las nubes lo metía a veces en líos.
Creo que es necesario que un niño se ensimisme. Y que los adultos entendamos que su mente es un vergel de ideas, una revolución de neuronas que se acomodan a los acontecimientos que sacuden la vida de esa criatura. Creo que de una mente que es capaz de ensimismarse, de sentir la necesidad de su soledad y estar a gusto puede crecer una persona sensible y sensata.
¿Por qué digo yo esto si aún sigo ensimismada?
Como habitual lectora, recomiendo el libro de relatos cortos "Entre las sábanas". Quienes me conocen ya saben mi debilidad por este tipo de literatura.
Al leer las primeras páginas de este nuevo libro no he podido evitar sonreír y sentir el aguijón de la nostalgia. McEwan utiliza la palabra "ensimismado" y me he visto reflejada en el texto. "Ensimismamiento" es la palabra que siempre he utilizado para definir mi estado mental durante mi infancia.
McEwan habla de un niño que siempre está así: ensimismado. De un niño "difícil" al que los mayores no comprenden. Sólo he leído el primer capítulo, pero estoy segura de que entre ese niño y yo hay muchas similitudes.
He copiado un poco de ese primer capítulo.
Cuando Peter Fortune tenía diez años, algunos
adultos le decían a veces que era un niño «difícil
». Nunca comprendió lo que querían decir.
Él no se consideraba en absoluto difícil. No estrellaba
las botellas de leche contra el muro del
jardín, ni se echaba salsa de tomate en la cabeza
y fingía que sangraba, ni le golpeaba los tobillos
a la abuela con la espada, aunque de vez en cuando
se le ocurrieran esas ideas. A excepción de todas
las verduras menos las patatas, el pescado, los
huevos y el queso, comía de todo. No era más
ruidoso, sucio o tonto que ninguna de las personas
que conocía. Su nombre era fácil de pronunciar
y deletrear. Su cara, pálida y pecosa, era bastante
fácil de recordar. Iba a la escuela todos los
días como los demás niños y nunca armó demasiado
escándalo por eso. Con su hermana no era
más insoportable de lo que ella lo era con él.
Nunca la policía llamó a la puerta con intención
de detenerlo. Nunca unos médicos vestidos de
blanco quisieron llevárselo al manicomio. En
opinión de Peter, él era de lo más fácil. ¿Qué tenía
de difícil?
Peter lo comprendió por fin cuando ya hacía
años que era adulto. Creían que era difícil por lo
callado que era. Eso parecía preocupar a la gente.
El otro problema era que le gustaba estar solo. No
siempre, claro. Ni siquiera todos los días. Pero la
mayoría de los días le gustaba quedarse a solas
durante una hora en algún sitio, en su habitación
o en el parque. Le gustaba estar solo y pensar en
sus cosas.
Ahora bien, a los adultos les gusta creer que
saben lo que pasa por la cabeza de un niño de
diez años. Y es imposible saber lo que alguien está
pensando si esa persona no lo cuenta. La gente
veía a Peter tumbado de espaldas alguna tarde de
verano, mascando una brizna de hierba y mirando
el cielo. «¡Peter, Peter! ¿En qué estás pensando?
», le gritaban. Y Peter se incorporaba sobresaltado.
«Oh, en nada. En nada.» Los adultos sabían
que algo ocurría en el interior de esa cabeza, pero
no podían oírlo, ni verlo ni sentirlo. No podían
decirle a Peter que parara porque no sabían lo que
estaba haciendo. Habría podido estar incendiando
la escuela, tirando a su hermana a los cocodri-
los o huyendo en globo, pero lo único que veían
era un niño mirando el cielo azul sin pestañear,
un niño que no oía cuando lo llamaban por su
nombre.
En cuanto a lo de estar solo, eso tampoco les
gustaba demasiado a los adultos. Ni siquiera les
gusta que otros adultos estén solos. Cuando te
juntas con otros, la gente ve lo que estás haciendo.
Estás haciendo lo que ellos están haciendo.
Peter tenía ideas diferentes. Juntarse con los demás
estaba muy bien, en su momento. Pero sin
exagerar. En realidad, pensaba, si la gente dedicara
menos tiempo a juntarse y a hacer que los
demás se juntaran y dedicara un poco más de
tiempo al día a recordar quiénes eran o quiénes
podrían ser, el mundo sería un lugar mucho más
feliz y quizá nunca habría guerras.
En la escuela, dejaba a menudo su cuerpo
sentado en el pupitre mientras su mente se perdía
en las nubes. Incluso en casa, tener la cabeza en
las nubes lo metía a veces en líos.
Creo que es necesario que un niño se ensimisme. Y que los adultos entendamos que su mente es un vergel de ideas, una revolución de neuronas que se acomodan a los acontecimientos que sacuden la vida de esa criatura. Creo que de una mente que es capaz de ensimismarse, de sentir la necesidad de su soledad y estar a gusto puede crecer una persona sensible y sensata.
¿Por qué digo yo esto si aún sigo ensimismada?
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Lectura
3.2.07
En 15 segundos...
Una cadena televisiva de Estados Unidos ha lanzado un concurso bajo este lema: 'If you had 15 seconds to tell the world whatever you want, what would you say?' "Si tuvieras 15 segundos para decir al mundo lo que quisieras, ¿qué dirías?" Todo aquel que lo desee puede grabarse en vídeo y enviar el mensaje que será emitido por televisión y optará al premio final: la posibilidad de dirigirse a ciento treinta milones de personas el día de una final deportiva.
¿Qué diría yo? Cuando escuché la noticia por primera vez, pensé que nada. La iniciativa me pareció incluso pretenciosa. Yo no quiero decirle nada concreto al mundo. Con hablarle a través de este medio me basta. Además, con toda probabilidad, los quince segundos no serían una opción real para hacerlo puesto que yo soy muy lenta.
Pero eso no quita que me quedara pensando. ¿Qué diablos diría? He llegado a la conclusión de que mandaría un mensaje de amor, algo escueto como "besos para todos". Serían besos a la nada, puesto que los millones de seres humanos que conforman la masa receptora se me figuran inexistentes. Y mientras mi cabeza andaba pensando esta u otras opciones, se me colaron las imágenes de los tres minutos finales de Cinema Paraíso, aquella hermosa sucesión de besos prohibidos y actos de entrega recortados por la censura, celosamente guardados por el gran Alfredo.
Me gustaría hablarle al mundo de Alfredo y Totó. Después de todo habremos de creer a Eduardo Punset cuando asegura que el amor es una cuestión de supervivencia, que nos acompaña desde que la primera bacteria habitó la Tierra.
¿Y tú? ¿Qué le dirías al mundo en quince segundos?
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Cajón de sastre
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