¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

29.1.08

Alumbramientos

Van naciendo criaturas largamente esperadas:

· Martí ha convertido a Montse-Arare en abuela.
· Elena-Escriptorum ha terminado su tercera novela.

Y aunque la vida continúa con sus ritmos frenéticos, hoy nos apetece cambiar la dimensión de este espacio virtual que ni se sabe qué pretende y a veces os cuenta cosas de nuestras vidas: silenciamos las palabras y compartimos con vosotros la emoción de estas alegrías.

Saludos y abrazos!

21.1.08

Detalles o matices

Le tengo una relativa manía al detalle, algo que compruebo en las más variadas situaciones cotidianas. En la escritura, parece que también.
Una definición de detalle sería: circunstancia que aclara o completa un relato.
Y una definición de matiz: rasgo que da un carácter especial a algo.

¿La influencia del detalle es definitiva en un texto?
¿La del matiz no?
¿Dado que un detalle puede completar o aclarar un relato, podemos pensar igualmente que puede arruinarlo?
¿Es arriesgado deducir que el detalle a veces miente?


Fragmento de Océano Mar, de Alessandro Baricco.

El hombre ni siquiera se da la vuelta. Sigue mirando fijamente el mar. Silencio. De vez en cuando moja el pincel en una taza de cobre y esboza sobre la tela unos cuantos trazos ligeros. Las cerdas del pincel dejan tras de sí la sombra de una palidísima oscuridad que el viento seca inmediatamente haciendo aflorar el blanco anterior. Agua. En la taza de cobre no hay más que agua. Y en la tela, nada. Nada que se pueda ver.
Sopla como siempre el viento del norte y la mujer se ciñe su chal violeta.
-Plasson, hace días y días que trabajáis aquí abajo. ¿Para que os traéis todos esos colores si no tenéis valor para usarlos?
Eso parece despertarlo. Eso le ha afectado. Se vuelve para observar el rostro de la mujer. Y cuando habla no es para responder.
-Os lo ruego, no os mováis- dice.
Después acerca el pincel al rostro de la mujer, vacila un instante, lo apoya sobre sus labios y lentamente hace que se deslice de un extremo al otro de la boca. Las cerdas se tiñen de rojo carmín. Él las mira, las sumerge levemente en el agua y levanta de nuevo la mirada hacia el mar. Sobre los labios de la mujer queda la sombra de un sabor que la obliga a pensar "agua de mar, este hombre pinta el mar con el mar", y es un pensamiento que provoca escalofríos.

11.1.08

El coleccionista de sonidos - Fernando Trías de Bes


Coleccionar sonidos, como es el caso del protagonista de esta novela, Ludwig Schmitt , debe de ser harto complicado.
Ludwig no sólo posee oído absoluto, es decir, puede reconocer sin ninguna duda cualquier nota que suene o a un sonido otorgarle la nota correspondiente. Ludwig, además, disecciona los sonidos en su cuerpo, convirtiéndolos en los fragmentos que conforman el todo.
Desde bien pequeño se cree que tiene una maldición porque no llora nunca. Durante muchos meses mantiene los ojos cerrados. En su interior Ludwig está absorbiendo los sonidos distintos que llegan a sus oídos: los está coleccionando.
Su padre, un afamado pintor, le teme porque cree que está maldito. Hasta el mismo final de la novela no sabremos por qué. No se desvelará ese misterio que el mismo protagonista nos dirá.
La historia de Ludwig nos llega a través de un fraile. Éste, que vive en un convento de Alemania, suele bajar a la librería del pueblo a comprar y alquilar libros. En ausencia del dueño, el empleado le ofrece la lectura de un libro escrito por una soprano, un libro con una fuerte carga erótica.
El fraile se lo lleva y en su celda comienzan a suceder cosas extrañas. El libro parece tomar vida propia, buscando algo que parece ser que se encuentra en la celda.
El fraile encuentra un diario escondido entre las piedras de la pared. El libro está escrito por el anterior fraile que ocupó la celda, y es la confesión antes de morir de Ludwig Schmitt y la historia de su maldición.
Por él sabemos que aún habiendo coleccionado todos los sonidos de la tierra y del cielo, había uno, uno solo que se le resistía, un sonido que desconocía de donde podría proceder.
El padre de Ludwig lo lleva a estudiar a un internado donde enseñan a cantar, ya que Ludwig poseía una voz privilegiada. Gracias a su oído absoluto era capaz de aprenderse las partituras con apenas una lectura.
En este internado conocerá cuál es el sonido que le falta. Al dejar el internado comenzará su pesadilla. Ya posee en su cuerpo y en su voz todos los sonidos del mundo. Absolutamente todos, pero precisamente por eso vivirá esclavo de ellos.
Con su voz, que modula a su antojo, enamora a todas las mujeres. Todas caen rendidas ante él por medio de sus canciones pero mueren cuando él las posee. Cuando descubre cuál es la maldición que le aqueja intenta retenerse pero no lo logra. Por donde pasa deja mujeres muertas, sin signos de violencia, sin nada que pueda acusarle. Todas las muertes se producen de manera natural: al hacer el amor.
La novela está inspirada en la ópera Tristán e Isolda de Richard Wagner. La poción amorosa que envuelve a ambos protagonistas de la ópera se refleja en la historia de Ludwig Schmitt y de la cantante que escribe el diario cuya lectura tanto afecta al fraile.

La historia de una maldición transmitida durante generaciones y hasta el final de la novela no se entenderá por qué.

En un principio, cuando comencé a leerla creí ver connotaciones con El perfume. Incluso si me apuráis en el libro Ella, Drácula de Javier García Sánchez.
Después el libro empieza a tomar su propio rumbo y te acaba atrapando. El lenguaje es muy expresivo y, desde el punto de vista de un músico, resulta emocionante leer fragmentos en los que la música es la dueña del lenguaje. La explicación del modo de componer de Wagner, lo que significó en el futuro.

Tristán e Isolda
Reconocida como una de las obras cumbres del repertorio operístico, Tristán destaca por el avanzado uso del cromatismo, la tonalidad y la armonía.
El primer
acorde de la ópera, llamado el acorde de Tristán, se considera de gran importancia en el desarrollo de la armonía tonal tradicional. Esta ópera ha tenido una influencia muy importante en los compositores occidentales, con Gustav Mahler, Richard Strauss, Alban Berg y Arnold Schoenberg, entre otros, claramente inspirados por ella. Muchos ven en Tristán el comienzo del fin de la armonía convencional y la tonalidad, y el arranque del movimiento atonal característico del siglo XX

Dejando a un lado este inciso, la novela está bien escrita, engancha a pesar de que le encontremos referencias hacia otras novelas que ya conocemos. De hecho, yo no la pude dejar desde la mitad y la terminé de leer en el coche en un viaje a Barcelona.

El autor.
Fernando Trias de Bes es un escritor y experto en marketing de origen español. Nació en 1967 en Barcelona y cuenta con una licenciatura y un MBA por ESADE. Es director de la consultoría de investigación e innovación Salvetti & Llombart y director de seminarios para altos directivos en el programa Executive Education de ESADE.
Se trata del único autor español de libros empresariales que ha publicado un título original junto a
Philip Kotler: "Marketing lateral".
Escribe tanto ensayos de empresa e innovación como libros de ficción. Entre sus ensayos se encuentra, además del mencionado "Marketing Lateral" (2003), "La buena suerte" en co-autoría con Álex Rovira Celma (
Empresa Activa, 2004) con unos tres millones de copias vendidas o "El vendedor de tiempo" (Empresa Activa, 2005), que fue llevada al teatro. Su última obra, "El libro negro del emprendedor" (Empresa Activa, 2007), estudia los principales factores de fracaso de los emprendedores.
En ficción ha publicado: "Relatos absurdos" (Urano, 2006) y las novelas "Palabras bajo el mar" (Alfaguara, 2006) y "El coleccionista de sonidos" (Alfaguara, 2007). Sus libros han sido traducidos a más de treinta idiomas y es colaborador habitual de
El País Semanal.
Su página web personal es
www.triasdebes.net

7.1.08

¿Qué novela?


Te levantas, tomas un café bien cargado mientras miras el mar - hoy está tranquilo- y te dices que esta vez va en serio, que vas a escribir un par de horas seguidas sin interrupciones. Te autoconvences de ello y te sientas ante el ordenador.

Abres el documento donde guardas lo que andas escribiendo desde hace ¡años! relees el último párrafo y piensas "esto no debe ser así". Relees el penúltimo y descubres que las horas que pasaste la última vez que escribiste antes de las fiestas no sirvieron de mucho porque ahora que te das cuenta, resulta que te contradices en un par de frases. Vuelves a leer el antepenúltimo: esto no marcha.

"¿A ver? ¿y si en lugar de escribir aquí este verbo lo cambio por este otro? ¿Es el adecuado el tiempo de este verbo? ¿Un adjetivo de más no va a ser gratuito? Rehagamos toda la frase. Ahoooooora. Ahora si. "

Vuelves a leer y tampoco. Miras el reloj: han pasado tres cuartos de hora y todavía no has escrito nada, sólo has cambiado verbos, estrujado ideas, arrancado adjetivos, contrastado nombres, leído cinco veces... vamos mal.

Necesitas otro café. El mar está algo más agitado, seguramente ha entrado algo de viento. Él ha despertado ya y ha conectado la radio mientras se ducha. El silencio ya no te acompaña. No del todo. Vuelves a sentarte ante el ordenador.

- Cariño, ¿dónde está "la camisa"?

- ¿Qué camisa? Tienes un montón de camisas

- Aquella que...

- Voy.

Una vez localizada "la camisa", vuelves al ordenador. Otro café sería demasiado. Él acaba de vestirse y se dirige a la cocina. Prepara su desayuno.

- ¿Te apetece un café?

- Gracias, ya llevo dos, si acaso me untas una tostadita con mantequilla y mermelada, ¿vale?

Él ha terminado de desayunar, tú ya te has zampado dos desayunos completos y un café extra. El mar se agita por momentos, las veces que levantas la vista de la pantalla para fijarla en las olas empiezan a ser demasiadas veces. Los nombres se te rebelan, los adjetivos te parecen demasiado ñoños o demasiado duros, los tiempos verbales bailan un zapateado en tu cabeza, ni siquiera recuerdas las preposiciones y los adverbios te cantan una nana.

Suena el teléfono. Tu mamá te necesita (una vez más). Te levantas, te pones el abrigo, tomas las llaves del coche, sueltas un par de improperios, sales y vas a ver qué es lo que quiere esta vez. Mientras caminas, aparcado ya el coche, hacia la casa de tu mamá, te sale al encuentro aquella amiga a quien hace días que no ves.

- ¿Qué tal, como van las cosas ahora que ya no trabajas?

"¿Que no trabajo? pero esa qué se habrá creído? la gente piensa que si todo lo que haces no es remunerado no es trabajo, hay que ver qué gracia tiene el asunto"

- Voy tirando - respondes, la voz pegada al cuello del abrigo por si acaso.

- Bueno, ¿y qué? ¿Cuando publican tu novela?

"La madre que la parió"

- ¿Eing? ¿Novela? ¿Qué novela?

Tu amiga te mira con condescendencia.

- Chica, no te entiendo, de verdad. Hace un montón de tiempo que estás con la novela y de momento, ¡nada de nada!

Menos mal que llevas guantes, de lo contrario las uñas se te habrían clavado en las palmas, de lo fuerte que has apretado los puños, más que nada, por no arañarla.

- Pues eso, querida: ¡nada de nada! - saludas y sigues hacia el piso de tu mamá, no vaya a ser que la encuentres subida a la lámpara.

"A lo mejor es que eso de escribir no está hecho para mi"...te dices, intentando perdonarte la vida una vez más.

Imagen sacada de: http://60.img.v4.skyrock.com/600/toineee/pics/750480642.jpg