El martes, 8 de abril (anteayer) leí un artículo en La Vanguardia que me hizo reflexionar además de encantarme. Se trata del artículo de Justo Barranco llamado “Verdú da un decálogo para la supervivencia de la novela”. Intenté acceder a él a través de L.V. digital, pero es de aquellos que si no pagas no puedes leer, así que evitaré copiarlo entero de mi Vanguardia de papel convenientemente comprada y pagada, porque me da pereza, pero intentaré comentarlo.
Empieza así: Adaptarse o morir. Dice que esta es la máxima que aplica Vicente Verdú a la novela, tantas veces enterrada, “porque no se puede seguir escribiendo como si no existiera el cine, la televisión, como no se puede pintar hoy como los prerrafaelitas”
Dice Barranco que según Verdú, muchos autores reproducen los modelos del XIX, cuando no había otro medio de conocer el mundo que a través del libro. Sigue diciendo que hoy la escritura ha de reclamar lo que sólo se puede decir escribiendo. Que su papel no es contar aventuras sino relatar el mundo interior, para lo cual, dice, se necesita precisión y belleza. Sigue diciendo Barranco que Verdú propone un decálogo de reglas para la supervivencia de la novela, nacido de su primera novela “No ficción”, publicada por Anagrama.
Dice que la novela debe mostrar resistencia al intento de convertirla en cine, porque eso es lo que se hace con las novelas del XIX que atendían a un mundo sin cine. Que la fantasía y la intriga son mundos estereotipados y están fuera de tiempo. Que en el texto tiene que haber un placer de principio a fin, que no valen estructuras prefabricadas, sino la belleza de la inmediatez. Que la novela contemporánea que no haya asumido la fragmentación – como la de los blogs- “se ahogará en su jactancia” y que el desarrollo del libro debería obedecer a una red de experiencias que planteen un tutti frutti para el multipolar lector de hoy. Que debe haber una interacción con el lector y un cultivo del mundo interior, que la tercera persona, omniscente, ya no vale, que suena falsa y que hace falta humor porque sin ironía no hay contemporaneidad.
Por último, dice Barranco que dice Verdú (oichs…) que poner al día la literatura “es perder la sacralización de la idea de escritor y de novela”. Que hoy todo el mundo escribe (cierto) y el escritor es un productor como otro cualquiera.
Bueno, que me perdone el Sr. Barranco por haberle pisado el artículo, pero es que me interesaba mucho debatirlo. No lo he copiado al pie de la letra, como veréis los que lo habéis leído.
Me ha parecido genial, es por ello que lo he querido compartir y que me gustaría saber qué opináis al respecto.
Gracias, Sr. Verdú. Gracias, Sr. Barranco.
¿Y vosotros? ¿Qué pensáis?
Etiquetas: Literatura