27.12.06
21.12.06
Cuento de Navidad

ISOLINA
Villancicos. Sonaban en la calle, ascendían por el deslunado y llegaban hasta el cielo frío preñado de estrellas titilantes.
Mañana es Nochebuena, no saldré a hacer la calle. Todos estarán en sus casas, cantando villancicos y cenando con su familia, pensó Isolina. Ella no cantaría. Cenaría sola porque no tenía con quien, y no celebraría ninguna fiesta porque no era cristiana. Tampoco se llamaba Isolina. Su verdadero nombre era impronunciable para la gente de este país. Isolina era raro pero sonoro.
Nochebuena. Isolina cambió de idea y salió a la calle. Quizá encontrara algún hombre que no celebrara la Navidad. Necesitaba dinero. El puerto estaba desierto. Hacía frío y la humedad se calaba a través de su minúscula falda. En los pies sentía alfileres helados atravesando sus uñas pintadas de color lila. Las luces de un coche chispearon a lo lejos, como las estrellitas del Belén cristiano. El coche se detuvo a su altura. Desde la ventanilla el hombre le pidió un completo. Isolina le dijo que esa noche era más caro. Él aceptó de inmediato y le propuso que fueran a su casa donde no hacía frío. Isolina accedió. La idea de trabajar en el coche no le seducía.
En la casa no había nadie. Isolina vio un pequeño Belén sobre una mesilla en el recibidor con una gran estrella de luces que colgaba desde el techo. En el comedor había un árbol adornado con más luces y bolitas coloridas. A los pies varios regalos. Nadie los abrirá, dijo el hombre. Hacía calor en la casa. Era confortable, mucho mejor que la calle.
Isolina preguntó dónde estaba el baño. Cuando salió estaba completamente desnuda. Su piel de ébano parecía lustrada como el charol. El hombre la contempló durante unos segundos, pero le dijo que había cambiado de parecer y le rogó que se vistiera. Ella se encogió de hombros.
Él la sentó a la mesa. Cenaron carne mechada, turrones y cava. Y le cantó villancicos. Abrieron los regalos del árbol. Isolina estaba atónita. Pensó que los hombres blancos eran muy extraños. Pasada la media noche el hombre le pagó a Isolina el completo que no había hecho. Ella lo miró agradecida con sus ojos de luna.
Él agachó la cabeza, le dio las gracias y murmuró algo sobre la soledad.
©
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19.12.06
16.12.06
Lo que leo
Estoy escuchando (que no viendo) la tele. Están hablando del "Premi Sant Jordi" de novela, que se celebró anoche en Girona (no se celebraba allí desde hacía treinta años, o por lo menos eso es lo que dice el presentador.
Ha ganado un pintor: Joaquim Pijoan. La novela se llama "Sayonara Barcelona" y, según palabras del mismo autor, trata del presente "rabioso" (sic). La leeré, of course. Quiero saber qué escribe/describe un pintor, siento mucha curiosidad.
Y hablando de libros - le prometí a una de mis Liter's que haría un post sobre lo que leo, que he pospuesto por unos días, pero aquí va:
Decía, en un comentario al post anterior de mi compañera, que últimamente acudo mucho a la biblioteca comarcal de mi pueblo. Es una forma de no tener que comprármelo todo (un ahorro) y al mismo tiempo, una forma de no tener que almacenarlo todo (una gaita, porque a mi me encantaría almacenar libros, pero entiendo que no puede ser).
Ayer estuve y creo que en diez minutos incumplí todas las normas: de entrada, me encontré lo que en Catalunya llamamos "una Romaguera", una persona que te para por la calle y te entretiene y no te puedes sacar de encima. Me la encontré cuando ambas dos cruzábamos la puerta de la biblioteca: yo entraba y ella salía. Y me pilló en medio y me tuvo cinco minutos de reloj, ambas con las respectivas puertas en la mano, charla que te charla, y yo, por educación, no sabía cómo decirle "hala, adiós". Aguantamos hasta que vino el conserje y nos dijo que había que cerrar las puertas (o entrábamos o salíamos) porque se le escapaba el calorcillo de la calefacción. Anécdota pura, pero bueno... la reprimenda fue para mi, que era quien entraba.
Una vez me saqué a la Romaguera de encima, entro y me dirijo a la sala para buscar libros de poesía. Últimamente estoy leyendo poesía, empecé con poemas de mujeres, ahora ya me da igual que no sea de mujeres. Ayer escogí dos tomos, uno de Màrius Sampere -a quien conocí personalmente y quizá en otro momento o en mi blog explique cómo y de qué manera - y el otro de joan Vinyoli. Ambos son poetas catalanes.
Mientras buscaba, me suena el móvil dentro del bolso. Avregonzada - la Romaguera me había hecho despistar y no lo silencié antes de entrar- salgo pitando de la sala y me pongo a hablar con quien me llamaba, en la escalera, o sea, no estaba dentro de la sala ni en el vestíbulo. En éstas que aparece de nuevo el conserje, me mira - sonriendo, eso sí- y me hace con la mano el gesto de que corte y termine. Afirmo yo con la cabeza y me señala el cartelito - justo encima de mi cabeza- de prohibido hablar por el móvil - lamadrequemeparió, que no lo había visto (me recordó aquella vez que aparqué justo debajo de la señal de prohibido, juro por todos los dioses que no había visto la señal, y me tuve que "pelear" con el guardia, que el pobre aún me dice, cuando me ve, que si ya renové mis gafas, aix, qué vergüenza, pordios) bueno, total que, en diez minutos, dos infracciones, con las consiguientes reprimendas del conserje, que ya, cuando me vea aparecer, se colocará detrás mío para irme indicando lo que voy haciendo mal.
El otro libro que me llevé es una novela. "Foc latent" (Fuego latente) de Lluïsa Forrellad, que es una señora que escribió una novela en los años cincuenta, ganando el Premio Nadal. La novela era "Siempre en capilla". Luego, aparentemente, se retiró del mundo literario, y reapareció, más de cincuenta años más tarde, con esta novela que voy a empezar durante este fin de semana y que ya os diré lo que me parece.
Y bueno, creo que va siendo hora de que os deje respirar, así que me voy a leer un poco de poesía, antes de ponerme a escribir otro post en otro de mis blogs (arf,arf)...
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Escritura
15.12.06
La vida secreta de los libros
"Me sentía orgulloso de poseer mis propios libros"
Ivan Klima
Ivan Klima
"El libro de los libros"
de Quint Buchholz
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Escritura
12.12.06
EGOCASTING. Un nuevo palabro o término de la globalización que significa: "tendencia actual de reutilizar esas cacharrerías de comunicación global del cuarto de estar digital para incomunicarnos con el mundo exterior, es decir, para reconvertirnos en tecnoburbujas de aislamiento casero, en plan cocooning"
Egocasting es la utilización del iPod, el Zune, zapear, bajar películas de Internet, navegar por la red en los blogs que más nos definen o crearnos uno propio que nos defina aún más. Es decir, son espejos digitales que reflejan nuestro ego.
Los neurofisiólogos han divulgado una teoría que explica esta tendencia hacia el egocasting, es la hipótesis de las neuronas espejo, de las que creo que ya hemos hablado en alguna ocasión. Simplificando: no sólo es que existen en el interior de cráneo unas neuronas espejo que funcionan por empatía social, que nos contagian las emociones que emiten las neuronas ajenas, sino que cuando falla el propio sistema inmunitario, y falla mucho, tienen la irrefrenable tendencia a buscar por ahí fuera las neuronas que mejor nos reflejan.
El llamado Egocasting neuronal.
Y según dicen esto se resume en la búsqueda de mundos o pantallas que nos reflejan como un espejo para conjurar el estrés exterior y defender nuestro sistema inmunitario
Egocasting es la utilización del iPod, el Zune, zapear, bajar películas de Internet, navegar por la red en los blogs que más nos definen o crearnos uno propio que nos defina aún más. Es decir, son espejos digitales que reflejan nuestro ego.
Los neurofisiólogos han divulgado una teoría que explica esta tendencia hacia el egocasting, es la hipótesis de las neuronas espejo, de las que creo que ya hemos hablado en alguna ocasión. Simplificando: no sólo es que existen en el interior de cráneo unas neuronas espejo que funcionan por empatía social, que nos contagian las emociones que emiten las neuronas ajenas, sino que cuando falla el propio sistema inmunitario, y falla mucho, tienen la irrefrenable tendencia a buscar por ahí fuera las neuronas que mejor nos reflejan.
El llamado Egocasting neuronal.
Y según dicen esto se resume en la búsqueda de mundos o pantallas que nos reflejan como un espejo para conjurar el estrés exterior y defender nuestro sistema inmunitario
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Cajón de sastre
11.12.06
El Ojo Silva
El Ojo Silva, por Robeto Bolaño
Lo que son las cosas, Mauricio Silva, llamado el Ojo, siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década del cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende.
7.12.06
Dedicado a Liter 1 y Liter-3

Después de hablar un rato con Liter-1 y con Liter-3 siempre me acaba quedando la sensación de que están en un plano superior. No me refiero a un plano superior como personas, no nos confundamos.
Como personas humanas y como amigas, estamos las tres en el mismo plano..
Es otra cosa, algo mucho más sutil, algo que no os sé explicar.
Simplemente, pienso que ellas están en un plano superior al mío en tanto en cuanto saben tomarse las cosas de la vida con calma. Tienen paciencia, saborean todo lo que hacen. No van tan deprisa...
Y es que ¿saben? las personalidades son diferentes... y a veces la manera de ser de una le juega malas pasadas.
¡Cuánto me gustaría a mi ser capaz de tomarme las cosas con un poco más de calma!
Pero no puedo, no puedo y no puedo.
Simplemente, pienso que ellas están en un plano superior al mío en tanto en cuanto saben tomarse las cosas de la vida con calma. Tienen paciencia, saborean todo lo que hacen. No van tan deprisa...
Y es que ¿saben? las personalidades son diferentes... y a veces la manera de ser de una le juega malas pasadas.
¡Cuánto me gustaría a mi ser capaz de tomarme las cosas con un poco más de calma!
Pero no puedo, no puedo y no puedo.
Sólo me van a comprender aquellos a quienes les ocurra lo que a mi. Si quieren le ponemos etiqueta (haberla, hayla) pero yo prefiero no hacerlo, no ahora, que estoy tratando de desactivarme un poco... a ver si aprendo.
Navegando por la red y buscando respuestas a mis preguntas (soy muy preguntona) he dado con un artículo que me ha parecido muy interesante... y que dejo aquí para que a mis compañeras de blog les quede constancia de que... ¡intentarlo, lo intento!
Definitivamente, vivir conmigo debe de ser un poco difícil :)
Navegando por la red y buscando respuestas a mis preguntas (soy muy preguntona) he dado con un artículo que me ha parecido muy interesante... y que dejo aquí para que a mis compañeras de blog les quede constancia de que... ¡intentarlo, lo intento!
Definitivamente, vivir conmigo debe de ser un poco difícil :)
4.12.06
30.11.06
Jóvenes autores
He transcrito la entrada de hoy en el Blog de El Escorpión (Alejandro Gándara) en El Mundo.
29 de noviembre.- Conversación con una colega de la cuerda literaria acerca de las novelas de jóvenes autores que llegan con petición de lectura y de opinión:
Colega.- ¿Tú les dices lo que piensas, tanto si es bueno como malo?
Yo.- Eso creo.
Colega.- Y a menudo es malo.
Yo.- A menudo, no siempre.
Colega.- Yo hablaba del a menudo. ¿Qué derecho tenemos nosotros a decirles lo que pensamos?
Yo.- Supongo que el mismo que ellos a largarnos el tocho.
Colega.- Puede. ¿Pero no te das cuenta de que nosotros ya somos unos frikis? A nosotros nos gustan las novelas de James, de Conrad, de Faulkner, de Handke, de Bernhard... ¿Qué pelotas vamos a decirles a tipos que están viendo morralla cada día en las librerías? ¿Con qué derecho los desanimamos?
Yo.- ¿Nosotros somos los frikis?
Colega.- Nosotros somos los frikis. Seguimos creyendo en cosas como la autoridad o la excelencia o el conocimiento, cuando la realidad dice que nada va por ahí. La mayor parte de escritores noveles con los que me encuentro, lo único que buscan es ganarse la vida. Se van a las librerías y se dicen: yo también puedo hacer esto. Por qué no. Y tanto que pueden hacerlo.
Yo.- Me apresuro a decirte que lo de la excelencia, la autoridad y tal, aparte de rijosos, son conceptos de lo más manipulable. Yo los he sufrido por causa de auténticos idiotas. Más bien, sólo a causa de idiotas.
Colega.- Llámalo como quieras.
Yo.- Prefiero llamarlo destreza, talento, aprendizaje en un sentido de lo más artesanal. A lo peor, lo que quieres decir es que escribir libros es distinto de hacer puentes y diagnósticos, y que basta con una voluntad espontánea. Me gustaría saber lo que piensan los que tienen que cruzar un río o los pacientes de un ambulatorio si les dijeras que no tienes ni idea, pero que te ganas muy bien la vida.
Colega.- No es lo mismo.
Yo.- Es verdad. Las palabras son más peligrosas y matan más gente. No digamos neuronas.
Colega.- Pero a los que no lo saben, eso no les sirve de nada. En lo único en que deberíamos ponernos de acuerdo es en que nosotros, a esos escritores, no les servimos de nada.
Yo.- Pero de eso no te enteras hasta que no los lees. Siempre hay alguno.
Colega.- Eso para mí es demasiado poco a menudo. A lo mejor es que tú tienes más suerte. Yo dimito. Me siento como el abuelo cebolleta hablando del punto de vista y de la descripción de espacios. Y del tema ni te cuento.
Yo.- La cara que a uno se le queda, eso sí.
Colega.- No hay derecho.
Yo.- Así que frikis...
29 de noviembre.- Conversación con una colega de la cuerda literaria acerca de las novelas de jóvenes autores que llegan con petición de lectura y de opinión:
Colega.- ¿Tú les dices lo que piensas, tanto si es bueno como malo?
Yo.- Eso creo.
Colega.- Y a menudo es malo.
Yo.- A menudo, no siempre.
Colega.- Yo hablaba del a menudo. ¿Qué derecho tenemos nosotros a decirles lo que pensamos?
Yo.- Supongo que el mismo que ellos a largarnos el tocho.
Colega.- Puede. ¿Pero no te das cuenta de que nosotros ya somos unos frikis? A nosotros nos gustan las novelas de James, de Conrad, de Faulkner, de Handke, de Bernhard... ¿Qué pelotas vamos a decirles a tipos que están viendo morralla cada día en las librerías? ¿Con qué derecho los desanimamos?
Yo.- ¿Nosotros somos los frikis?
Colega.- Nosotros somos los frikis. Seguimos creyendo en cosas como la autoridad o la excelencia o el conocimiento, cuando la realidad dice que nada va por ahí. La mayor parte de escritores noveles con los que me encuentro, lo único que buscan es ganarse la vida. Se van a las librerías y se dicen: yo también puedo hacer esto. Por qué no. Y tanto que pueden hacerlo.
Yo.- Me apresuro a decirte que lo de la excelencia, la autoridad y tal, aparte de rijosos, son conceptos de lo más manipulable. Yo los he sufrido por causa de auténticos idiotas. Más bien, sólo a causa de idiotas.
Colega.- Llámalo como quieras.
Yo.- Prefiero llamarlo destreza, talento, aprendizaje en un sentido de lo más artesanal. A lo peor, lo que quieres decir es que escribir libros es distinto de hacer puentes y diagnósticos, y que basta con una voluntad espontánea. Me gustaría saber lo que piensan los que tienen que cruzar un río o los pacientes de un ambulatorio si les dijeras que no tienes ni idea, pero que te ganas muy bien la vida.
Colega.- No es lo mismo.
Yo.- Es verdad. Las palabras son más peligrosas y matan más gente. No digamos neuronas.
Colega.- Pero a los que no lo saben, eso no les sirve de nada. En lo único en que deberíamos ponernos de acuerdo es en que nosotros, a esos escritores, no les servimos de nada.
Yo.- Pero de eso no te enteras hasta que no los lees. Siempre hay alguno.
Colega.- Eso para mí es demasiado poco a menudo. A lo mejor es que tú tienes más suerte. Yo dimito. Me siento como el abuelo cebolleta hablando del punto de vista y de la descripción de espacios. Y del tema ni te cuento.
Yo.- La cara que a uno se le queda, eso sí.
Colega.- No hay derecho.
Yo.- Así que frikis...
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Escritura
29.11.06
Sting para Xuxi
Que no vayan a pensar ahora que esta es una sección de discos dedicados como los de antaño y hogaño.
Pero por una vez... para ti, Xuxi, con mucho cariño.
27.11.06
Insólito Sting...
Tenedme paciencia y miradlos los dos... ¿si?
No se ven perfectamente, ni el uno ni el otro.
para mi ha sido un descubrimiento en relación a Sting (a Alessandra Ferri ya la conocía)
Feliz lunes... y feliz semana!
No se ven perfectamente, ni el uno ni el otro.
para mi ha sido un descubrimiento en relación a Sting (a Alessandra Ferri ya la conocía)
Feliz lunes... y feliz semana!
25.11.06
Sin título
CERVEZA NEGRA
Un hombre regresa a su casa con la única idea de pasar por el colmado y comprar cerveza negra. Le gusta tomarla frente al televisor cuando su equipo favorito juega. Deja el paque atrás, y al doblar la esquina, sus ojos buscan instintivamente el portal, pero descubre que no está. "Como en el cuento", se dice a sí mismo. Convencido de que sólo la fantasía de un escritor puede crear una situación parecida, se concentra en buscar el número 22. Y de nuevo comprueba que no está. Se siente aturdido; con los números es bastante fiable. Ha sido contable durante cuarenta y cuatro años sin que nunca se le haya imputado un error de cálculo grave. "Me habré confundido de calle", concluye. Recorre el barrio en busca de su calle, sin éxito. Luego camina media ciudad, y la ciudad entera, y todavía la ciudad empezando por el otro extremo; siempre en busca de una calle que no encuentra. "¿Como terminaba el cuento?", se pregunta, "¿qué le pasó al hombre que no hallaba su casa?". Fuerza la memoria, y se le aparece un lugar pequeño, remoto y blanco, donde reina una extraña calma. No reconoce el lugar, y en lo sucesivo, cada vez que fuerza la imaginación, se ve a sí mismo sorbiendo un trago de cerveza negra frente al televisor.
Un hombre regresa a su casa con la única idea de pasar por el colmado y comprar cerveza negra. Le gusta tomarla frente al televisor cuando su equipo favorito juega. Deja el paque atrás, y al doblar la esquina, sus ojos buscan instintivamente el portal, pero descubre que no está. "Como en el cuento", se dice a sí mismo. Convencido de que sólo la fantasía de un escritor puede crear una situación parecida, se concentra en buscar el número 22. Y de nuevo comprueba que no está. Se siente aturdido; con los números es bastante fiable. Ha sido contable durante cuarenta y cuatro años sin que nunca se le haya imputado un error de cálculo grave. "Me habré confundido de calle", concluye. Recorre el barrio en busca de su calle, sin éxito. Luego camina media ciudad, y la ciudad entera, y todavía la ciudad empezando por el otro extremo; siempre en busca de una calle que no encuentra. "¿Como terminaba el cuento?", se pregunta, "¿qué le pasó al hombre que no hallaba su casa?". Fuerza la memoria, y se le aparece un lugar pequeño, remoto y blanco, donde reina una extraña calma. No reconoce el lugar, y en lo sucesivo, cada vez que fuerza la imaginación, se ve a sí mismo sorbiendo un trago de cerveza negra frente al televisor.

PORTAL BLANCO
Un hombre regresa a su casa con la única idea de pasar por el colmado y comprar cerveza negra. Le gusta tomarla frente al televisor cuando su equipo favotiro juega. Deja el paque atrás y al doblar la esquina, sus ojos buscan instintivamente el portal, pero descubre que no está. "Como en el cuento", se dice a sí mismo. Convencido de que sólo la fantasía de un escritor puede crear una situación parecida, se concentra en buscar el número 22. Y de nuevo comprueba que no está. Se siente aturdido; con los números es bastante fiable. Ha sido contable durante cuarenta y cuatro años sin que nunca se le haya imputado un error de cálculo grave. "Me habré confundido de calle", concluye. Recorre el barrio en busca de su calle, sin éxito. Luego camina media ciudad, y la ciudad entera, y todavía la ciudad empezando por el otro extremo, siempre en busca de una calle que no encuentra. "¿Como terminaba el cuento?", se pregunta, "¿qué le pasó al hombre que no hallaba su casa?". Fuerza la memoria, y se le aparece un lugar pequeño, remoto y blanco, donde reina una extraña calma. Es el portal de su casa, y en lo sucesivo, cada vez que fuerza la imaginación, se ve a sí mismo sorbiendo un trago de cerveza negra frente al televisor.
Un hombre regresa a su casa con la única idea de pasar por el colmado y comprar cerveza negra. Le gusta tomarla frente al televisor cuando su equipo favotiro juega. Deja el paque atrás y al doblar la esquina, sus ojos buscan instintivamente el portal, pero descubre que no está. "Como en el cuento", se dice a sí mismo. Convencido de que sólo la fantasía de un escritor puede crear una situación parecida, se concentra en buscar el número 22. Y de nuevo comprueba que no está. Se siente aturdido; con los números es bastante fiable. Ha sido contable durante cuarenta y cuatro años sin que nunca se le haya imputado un error de cálculo grave. "Me habré confundido de calle", concluye. Recorre el barrio en busca de su calle, sin éxito. Luego camina media ciudad, y la ciudad entera, y todavía la ciudad empezando por el otro extremo, siempre en busca de una calle que no encuentra. "¿Como terminaba el cuento?", se pregunta, "¿qué le pasó al hombre que no hallaba su casa?". Fuerza la memoria, y se le aparece un lugar pequeño, remoto y blanco, donde reina una extraña calma. Es el portal de su casa, y en lo sucesivo, cada vez que fuerza la imaginación, se ve a sí mismo sorbiendo un trago de cerveza negra frente al televisor.
23.11.06
20.11.06
Teatro
Ayer tarde estuvimos en el Teatro Principal de València viendo la obra de teatro "La Cabra o ¿quién es Silvya?"
Durante una hora y cuarenta minutos José María Pou, Mercé Arànega, Juanma Lara y Alex García te mantienen el interés por lo que sucede en el escenario.
La obra es muy dura, es un verdadero drama que tira por los suelos la convivencia y el amor. Es una trágica historia de celos.
La obra comienza presentando a Martin, un reputado arquitecto que acaba de ganar un prestigioso premio y a su esposa Stevie, con quien lleva casado más de veintiséis años. Los dos se divierten con diálogos ingeniosos, contestaciones irónicas y sagaces y bromas cómplices. Parecen una pareja perfecta. Pero esta perfección, de repente, se hace añicos.
Martin se ha vuelto a enamorar. El problema es que, a quien él llama Silvya, es una cabra.
Todos empiezan a verlo como un monstruo, una persona desequilibrada que se folla a un animal. Y alrededor todo se rompe, literalmente, puesto que Stevie destroza todo lo que encuentra a su paso. Eso sí, sus discusiones son sarcásticas, aceleradas, irónicas, dolidas.
Como preguntarle la edad de la cabra y cuando él le explica que es joven, ella rompe a reír y le dice que aparte de un monstruo es un corruptor de menores.
Ella, en uno de los monólogos de la obra, intentando explicarle a su marido qué siente, le dice que ellos habían sido una pareja única puesto que podían ver el humor dentro de las situaciones trágicas, que es su manera de discutir, y lo horrible, lo trágico dentro de las situaciones que los demás consideran normales.
El amigo, finalmente, le viene a decir que todos tenemos manías, fantasmas en los armarios pero lo importante es que nadie lo sepa. Ahí es donde está el quid de la cuestión. En la hipocresía de la vida.
En un obra sobre la irracionalidad del amor y de los celos, sobre la amistad y sobre todo aquello que se esconde bajo la apacible superficie de la convivencia y la vida cotidiana.
Acabé cansada físicamente pero agradecida de haberla visto. Te ríes de los comentarios sarcásticos de Stevie. Lloras de la situación del hijo gay que pensaba que tenía una familia demasiado normal, que comprendía su situación y a los que amaba.
Y te sorprende el final.
Quien la haya visto podrá opinar lo mismo que yo, o no. Pero, así es el teatro y la vida misma.
Durante una hora y cuarenta minutos José María Pou, Mercé Arànega, Juanma Lara y Alex García te mantienen el interés por lo que sucede en el escenario.
La obra es muy dura, es un verdadero drama que tira por los suelos la convivencia y el amor. Es una trágica historia de celos.
La obra comienza presentando a Martin, un reputado arquitecto que acaba de ganar un prestigioso premio y a su esposa Stevie, con quien lleva casado más de veintiséis años. Los dos se divierten con diálogos ingeniosos, contestaciones irónicas y sagaces y bromas cómplices. Parecen una pareja perfecta. Pero esta perfección, de repente, se hace añicos.
Martin se ha vuelto a enamorar. El problema es que, a quien él llama Silvya, es una cabra.
Todos empiezan a verlo como un monstruo, una persona desequilibrada que se folla a un animal. Y alrededor todo se rompe, literalmente, puesto que Stevie destroza todo lo que encuentra a su paso. Eso sí, sus discusiones son sarcásticas, aceleradas, irónicas, dolidas.
Como preguntarle la edad de la cabra y cuando él le explica que es joven, ella rompe a reír y le dice que aparte de un monstruo es un corruptor de menores.
Ella, en uno de los monólogos de la obra, intentando explicarle a su marido qué siente, le dice que ellos habían sido una pareja única puesto que podían ver el humor dentro de las situaciones trágicas, que es su manera de discutir, y lo horrible, lo trágico dentro de las situaciones que los demás consideran normales.
El amigo, finalmente, le viene a decir que todos tenemos manías, fantasmas en los armarios pero lo importante es que nadie lo sepa. Ahí es donde está el quid de la cuestión. En la hipocresía de la vida.
En un obra sobre la irracionalidad del amor y de los celos, sobre la amistad y sobre todo aquello que se esconde bajo la apacible superficie de la convivencia y la vida cotidiana.
Acabé cansada físicamente pero agradecida de haberla visto. Te ríes de los comentarios sarcásticos de Stevie. Lloras de la situación del hijo gay que pensaba que tenía una familia demasiado normal, que comprendía su situación y a los que amaba.
Y te sorprende el final.
Quien la haya visto podrá opinar lo mismo que yo, o no. Pero, así es el teatro y la vida misma.
16.11.06
La propia parodia
Abro el periódico de hoy, al azar como casi siempre, y empiezo a leer por la parte de atrás. Cuando llego a la página central, me doy de bruces contra dos frases que destacan. La primera es de Julià Guillamón: "Los grandes discursos sólo son hoy aceptables si se acompañan de su propia parodia". Y la segunda, de Daniel Kehlmann, en relación a su libro "La medición del mundo": "La literatura seria tiene que atender lo elevado y lo profano". Y me quedo pensando en qué tipo de literatura prefiero, en las cosas que empiezo por la parte de atrás, y también en cuantas veces me río de mí misma.
Entonces, recuerdo al tipo loco que vi el otro día en la calle. Se dedicaba a girar visiblemente los huesos de su cuerpo; literalmente, giros completos. Dio dos vueltas enteras a su munñeca. Si no lo veo no lo creo. Casi no podía mirar como daba la vuelta a sus codos. Hice la foto al principio de la demostración. Luego ya no pude seguir fotografiando.
Probablemente, queriendo o no, a veces nos comportamos como ese infeliz, y torsionamos y desquiciamos a nuestro cuerpo, y con él, la que sería una de sus partes principales, la mente. Me fui cuando se metió un clavo de siete centímetros en la nariz.
14.11.06
10.11.06
Artículo curioso

He leído hoy un artículo llamado: "La mancebía en la Valencia foral" que me ha parecido interesante. No lo puedo transcribir, ni entero ni a cachitos, porque es largo y nos perderíamos muchas curiosidades de las que contiene.
http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20061110/ocio/mancebia-valencia-foral_20061110.html
os dejo el enlace por si queréis echarle un vistazo.
8.11.06
Canta conmigo

Zamba de mi esperanza
amanecida como un querer,
sueño, sueño del alma,
que a veces muere sin florecer
Zamba, a ti te canto
porque mi canto derrama amor,
caricias de tu pañuelo
que va envolviendo mi corazón
Estrella, tú que miraste,
tú que escuchaste mi padecer,
estrella, deja que cante,
deja que quiera como yo sé
El tiempo, que va pasando,
como la vida no vuelve más,
el tiempo me va matando
y tu cariño se va, se va
amanecida como un querer,
sueño, sueño del alma,
que a veces muere sin florecer
Zamba, a ti te canto
porque mi canto derrama amor,
caricias de tu pañuelo
que va envolviendo mi corazón
Estrella, tú que miraste,
tú que escuchaste mi padecer,
estrella, deja que cante,
deja que quiera como yo sé
El tiempo, que va pasando,
como la vida no vuelve más,
el tiempo me va matando
y tu cariño se va, se va
Hundido en horizontes,
cual polvareda que al viento va
zamba, ya no me dejes,
yo sin tu canto no vivo más...
Se la oía cantar a Jorge Cafrune y a Marito. Una de las canciones más bonitas que recuerdo...
¿Cantamos juntos? ¿Quién va por la guitarra?
2.11.06
Antoni Tàpies
Permeteu-me que avui parli en català, i em serveixi de l'obra d'Antoni Tàpies per expressar el resultat de les eleccions d'ahir al Parlament de Catalunya.
La imatge d'una senyera amb moltes paraules escrites sembla representar prou bé el perídoe de converses que ara s'inicia per tal d'establir pactes de govern.
Sigui com sigui, sempre m'agrada contemplar els quadres de Tàpies.
La imatge d'una senyera amb moltes paraules escrites sembla representar prou bé el perídoe de converses que ara s'inicia per tal d'establir pactes de govern.Sigui com sigui, sempre m'agrada contemplar els quadres de Tàpies.
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