El Ojo Silva, por Robeto Bolaño
Lo que son las cosas, Mauricio Silva, llamado el Ojo, siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década del cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende.
7 comentarios:
Cuando asesinaron a Salvador Allende yo me encontraba en Ibiza trabajando. Todos los que estábamos allí nos sentimos impotentes y derrotados, presintiendo que aquello que sucedía en Chile se iba a convertir en algo tan horroroso como lo que ya se había vivido en este pais.
Espero que ese hijo de perra del dictador se pudra en su tumba.
Qué intenso el cuento Mati. No había leído nada de Bolaños.
¿Por qué lo pones hoy aquí?
¿por referencia a la muerte de Pinochet... o simple coincidencia?
sea como sea... me gustó, y tiene esos aditivos que me atrapan... de viajeros, latinoamericanos, ideales truncados, vidas en movimiento... Lindo che.
Besos (estoy haciendo mis manualidades para Arare... ya veremos qué sale)
Liter-1, vuestro ojo no falló. Desafortunadamente, el cálculo se cumplió. Imagino -o creo poder imaginar- el peso de aquella imagen que, después, hemos visto tantas y tantas veces en diferido. Son situaciones que generan una onda expansiva hacia todos lados; hacia el futuro, también.
Elèna, tu último comentario me trae a la memoria aquella expresión condenatoria que leí en un texto tuyo: "Púdrete!"
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mib, sí, es un cuento muy intenso, como casi todos los que escribió Bolaño. Lo puse aquí para dar voz a un chileno. Era un día señalado para muchos de ellos. Podía comentar mis impresiones, pero creí más adecuado dejar que la literatura hiciera el trabajo. Primero pensé en publicar el poema Los Neochilenos, más por el título que por el contenido en sí. Y al final, ya ves, opté por el cuento.
En general, no creo en las coincidencias. Los hechos se cruzan o no, más por la inercia que llevan o le conferimos con nuestros actos. En este sentido, prefiero pensar, como Cesar Aira, (creo que ya lo he mencionado en otras ocasiones), y llamarlas "acciones compensatorias". ¿Existe mejor compensación que morir el día de los Derechos Humanos? Personalmente, -hablo desde la distancia, desde la no afectación personal, por supuesto- me parece una circunstancia insuperable. Entiendo que las víctimas o, en su defecto los familiares, puedan opinar de otra forma, no se conformen con la justicia moral y exijan justicia legal.
Vale; después de tres o cuatro comments explicando un millón de cosas, que no se han publicado (grrrrrrrrr...)
Lo dejo, prometiendo leer mucho más de Bolaño, del que solo conocía, y no muy bien, "Amberes"
Y a ver si tengo suerte ahora.
Abrazos
Qué pena! Puedes imaginar que me hubiera encantado leer ese millón de cosas que intentabas explicar. Tanto el cuento como el tema dan para mucho, pero entiendo que al final, una se desaspera y abandona, y se hace dificil, si no imposible, retomar el hilo.
De Bolaño podrías leer "Tres", de El Acantilado, un breve libro poético que incluye "Un paseo por la literatura". Como él dice en la presentación de una de sus páginas oficiales, tal vez, sólo tal vez, se vea reflejado su amor por la poesía y los poetas.
No he leído Amberes, así que no puedo opinar.
Gracias, de todas formas, por leer el cuento.
Ay, mi Roberto Bolaño, cada día escribe mejor...
Encontré muchos lugares comunes en este tu blof con mis intereses. Eso es siempre un regalo
Gracias, el detective amaestrado.
A veces vale la pena dedicarle tiempo a la blogosfera. Por ejemplo, cuando se pueden compartir textos como el de Bolaño!
Si además los lugares comunes son agradables, pues perfecto.
Te visistaremos en breve (cuando el agobio festivo lo permita)
Un abrazo
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