¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

28.4.08

DESCANSO PRIMAVERAL


Nos vamos a tomar un tiempo de descanso, de reflexión, un período conventual indefinido.
Seguiremos cada una en nuestra propia casa:

Arare http://elmeumar.blogspot.com/

Frac http://fracfrac.blogspot.com/

Y yo http://escriptorum54-adlibitum.blogspot.com/

Arare comenta en su blog sobre la tristeza. La tristeza que va y viene.
La primavera parece un momento propicio para ella.
La tristeza es un sentimiento pegajoso del que cuesta desprenderse.
Y yo me siento triste. Pero no tanto.
Pero las cosas son así. La tristeza va y viene, igual que la ilusión.
La ilusión es siempre más fuerte que la tristeza primaveral.
Confío en que la recuperemos (la alegría) y regresemos después de nuestro período reflexivo con nuevos bríos (será lo más seguro)

22.4.08

Nuestra idea de libro

(Este es un post Liter en el que participamos Arare, Frac y Escriptorum para celebrar el 23 de abril, día del libro)

Jorge Luis Borges:

"Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros, yo sigo llenando mi casa de libros. Los otros días me regalaron una edición del año 1966 de la Enciclopedia de Brokhause. Yo sentí la presencia de ese libro en mi casa, la sentí como una suerte de felicidad. Ahí estaban los veintitantos volúmenes con una letra gótica que no puedo leer, con lo mapas y grabados que no puedo ver; y sin embargo, el libro estaba ahí. Yo sentía como una gravitación amistosa del libro. Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres. Se habla de la desaparición del libro; yo creo que es imposible... "



"El libro de los libros", ilustración de Quint Buchholz


Texto de Elena Casero:

El manto frío de la luna mitigaba la calurosa noche. La mujer, largo rato insomne, abandonó la caverna, atraída por la luz mágica. El haz luminoso se fue estrechando a sus pies hasta convertirse en un fino hilo brillante. Ella lo observó sin saber qué hacer. Se sentía sobrecogida por su belleza álgida. La luz bailaba ante sus ojos, atrayéndola. Ella, a pesar del temor a lo sobrenatural, extendió su mano temblorosa hasta tocar el haz. Notó el frío, pero ya no sintió miedo. El hilo era consistente y se adaptaba a su mano. Al tocarlo, un pequeño fragmento se desprendió con suavidad dentro de su palma. Durante unos instantes la oscuridad cubrió la tierra hasta que la luna pareció despertar de nuevo y suavizó la penumbra. La mujer, con el regalo mágico en su mano, se adentró en la caverna y comenzó a dibujar extraños signos en las paredes. Signos que nada tenían que ver con los animales que los hombres pintaban. Durante muchos años dibujó estos símbolos en las piedras, en las pieles curtidas y en las cortezas de los árboles y enseñó al resto de las mujeres a descifrarlos. Las pieles curtidas y las cortezas de los árboles se convirtieron en papel y las mujeres continuaron con su labor de transmitir los signos a sus hijas y a sus nietas. Los signos fueron pronunciados y la fuerza de la voz los transformó en narraciones. El hilo mágico fue pasando de una generación a otra mientras crecían las historias escritas por las mujeres, iluminadas por el embrujo de la luna.

10.4.08

Decálogo para la supervivencia de la novela

El martes, 8 de abril (anteayer) leí un artículo en La Vanguardia que me hizo reflexionar además de encantarme. Se trata del artículo de Justo Barranco llamado “Verdú da un decálogo para la supervivencia de la novela”. Intenté acceder a él a través de L.V. digital, pero es de aquellos que si no pagas no puedes leer, así que evitaré copiarlo entero de mi Vanguardia de papel convenientemente comprada y pagada, porque me da pereza, pero intentaré comentarlo.

Empieza así: Adaptarse o morir. Dice que esta es la máxima que aplica Vicente Verdú a la novela, tantas veces enterrada, “porque no se puede seguir escribiendo como si no existiera el cine, la televisión, como no se puede pintar hoy como los prerrafaelitas”

Dice Barranco que según Verdú, muchos autores reproducen los modelos del XIX, cuando no había otro medio de conocer el mundo que a través del libro. Sigue diciendo que hoy la escritura ha de reclamar lo que sólo se puede decir escribiendo. Que su papel no es contar aventuras sino relatar el mundo interior, para lo cual, dice, se necesita precisión y belleza. Sigue diciendo Barranco que Verdú propone un decálogo de reglas para la supervivencia de la novela, nacido de su primera novela “No ficción”, publicada por Anagrama.


Dice que la novela debe mostrar resistencia al intento de convertirla en cine, porque eso es lo que se hace con las novelas del XIX que atendían a un mundo sin cine. Que la fantasía y la intriga son mundos estereotipados y están fuera de tiempo. Que en el texto tiene que haber un placer de principio a fin, que no valen estructuras prefabricadas, sino la belleza de la inmediatez. Que la novela contemporánea que no haya asumido la fragmentación – como la de los blogs- “se ahogará en su jactancia” y que el desarrollo del libro debería obedecer a una red de experiencias que planteen un tutti frutti para el multipolar lector de hoy. Que debe haber una interacción con el lector y un cultivo del mundo interior, que la tercera persona, omniscente, ya no vale, que suena falsa y que hace falta humor porque sin ironía no hay contemporaneidad.


Por último, dice Barranco que dice Verdú (oichs…) que poner al día la literatura “es perder la sacralización de la idea de escritor y de novela”. Que hoy todo el mundo escribe (cierto) y el escritor es un productor como otro cualquiera.


Bueno, que me perdone el Sr. Barranco por haberle pisado el artículo, pero es que me interesaba mucho debatirlo. No lo he copiado al pie de la letra, como veréis los que lo habéis leído.


Me ha parecido genial, es por ello que lo he querido compartir y que me gustaría saber qué opináis al respecto.


Gracias, Sr. Verdú. Gracias, Sr. Barranco.

¿Y vosotros? ¿Qué pensáis?

25.3.08

John Ashbery

Estoy leyendo los poemas de John Ashbery en "Por dónde vagaré", Ed. Lumen, traducción de Daniel Aguirre.
Es una poesía abstracta, que J. Ashbery admite escribir como si "preparara una ensalada", y, en este sentido, me atrapa.
Pero por otro lado, me descubro a veces leyendo fuera del poema, algo desubicada; entonces, me uno a la opinión de quienes dicen de esta poesía que es hermosa aunque no se entienda...
...en realidad, ¿debería entenderse la poesía?
Transcribo el fragmento de una entrevista al poeta, y un poema en inglés, porque no encuentro la versión en castellano. Si alguien se atreve con la traducción...:

Pregunta. ¿Qué piensa cuando le dicen de un poema suyo: "Es hermoso, pero no lo entiendo"?

J. Ashbery. Si les parece que es hermoso, ¿qué más puedo pedir? Para mí es suficiente. Sinceramente, no entiendo eso de "entender" la poesía. Cuando afronto un poema por primera vez lo que cuenta es el sentimiento, el goce estético, si está bien hecho. Una sola lectura no me permite pronunciarme sobre la cuestión de lo que significa. Y siempre, al releerlo compruebo que todo está ahí, aunque no se manifestara en mi primer contacto gozoso con el texto.

P. Se ha dicho que una de las señas de identidad de su poesía es su habilidad para burlar las leyes de la sintaxis.

J.A.. No creo que sea cierto. Tal vez no sean lógicos, pero mis poemas son sintácticamente correctos.

P. ¿No son lógicos?

J.A.. No necesariamente. (Risas).

P. Sigue siendo muy prolífico. No parece que jamás cese de escribir y publicar.

J.A.. ¿No es eso lo que se supone que tienen que hacer los escritores? Aunque soy viejo, sigo al pie del cañón. La misión del poeta es escribir poesía.



What Is Poetry? , John Ashbery

The medieval town, with frieze
Of boy scouts from Nagoya? The snow

That came when we wanted it to snow?
Beautiful images? Trying to avoid

Ideas, as in this poem? But we
Go back to them as to a wife, leaving

The mistress we desire? Now they
Will have to believe it

As we believed it. In school
All the thought got combed out:

What was left was like a field.
Shut your eyes, and you can feel it for miles around.

Now open them on a thin vertical path.
It might give us--what?--some flowers soon?

11.3.08

¿Un poco de chocolate?

Me encanta el chocolate. Pero el chocolate negro negro, casi cacao puro. A lo largo de los años los que me conocen me han ido regalando cosas que tienen que ver con el chocolate, a saber: bombones normales, bombones de licor, bombones extra grandes (king size), barritas de chocolates diversos y exóticos, etc. Dicen que el chocolate es un sustituto del amor. Estoy escribiendo esto y creo recordar que en este mismo blog una de mis compañeras escribió algo acerca del chocolate.

Hace unos años llegaron a mis manos, a través de regalos diferentes, productos que nada tenían que ver con el chocolate que se come. Me explico. Tenían que ver, pero no me los podía comer. Hablo de dos libros y dos películas. Uno de los libros, junto con la película fue "Como agua para chocolate", de Laura Esquivel.

La otra película fue Chocolat, deliciosa, con Johnny Deep y Juliette Binoche, basada en la novela de Joanne Harris (que no he leído).

Ambas películas me parecieron formidables y disfruté enormemente con el libro de Esquivel. Pero el otro libro que os quería comentar, que nada tiene que ver con películas o novelas, no es otro que "El librito del amante del chocolate", de Jennie Reekie. Contiene una cantidad de información que, según la autora, es toda la que necesita un buen amante del chocolate. A mi me parece que no hay para tanto, pero claro, ¿qué va a decir la autora? sin embargo, de las casi veinte recetas que contiene, diría que se salvan todas. Y para que así conste, os dejaré una. Un clásico.
¡Que aproveche!

Brownies
El secreto de un buen brownie es que ha de estar siempre húmedo, por lo que hay que llevar cuidado de no asarlo demasiado. La mayoría de los americanos aseguran que no se puede hacer con otra cosa que no sea chocolate de Baker, pero esta versión, utilizando cacao en polvo, da unos excelentes resultados.


* 2 huevos
* 225 gr. de azúcar
*50 gr. de mantequilla derretida
*1/2 cucharadita pequeña de polvo elevador (en casa utilizamos levadura royal)
* una pizca de sal
*50 gr. de nueces, toscamente troceadas (nosotros utilizamos nueces que vengan ya troceadas, son más cómodas)


Embadurne bien de mantequilla un molde de tarta cuadrado de 20 cm. Bata juntos los huevos y el azúcar hasta que la mezcla esté espesa y cremosa. Añada la mantequilla y la esencia de vainilla y vuelva a batir. Tamice sobre la mezcla la harina, el cacao, el polvo elevador y la sal, y mézclelo todo bien junto con las nueces. Viértalo en el molde preparado y póngalo en el horno a 190º C (nº 5 en la cocina de gas) durante 30 minutos. Déjelo en el molde, una vez sacado del horno, durante 10 minutos; después corte los Brownies en cuadrados y retírelos mientras están todavía calientes.
(pag. 54)
Jennie Reekie: El librito del amante del chocolate
José J. de Olañeta, Editor
Barcelona, 1987

3.3.08

Acentos sí, acentos no.


Hace unos meses, la editorial donde he publicado las dos novelas me envió una carta (con sello de esos que llevan efigie y colores, no un e-mail) en la que me pedía un relato corto para incluirlo en una antología de los escritores que han publicado con ellos y así conmemorar el número 100 de libros editados.
Yo envié uno, el que he titulado como "Jubilación anticipada".
Días atrás me enviaron las galeradas con las correcciones hechas en la editorial.
Como bien me dijeron, siguiendo las nuevas normas de la RAE han quitado todos los acentos de los pronombres demostrativos y, por supuesto, también del adverbio solo.
Se han acabado los problemas de anfibología. Y, en cierto modo, el entretenimiento o diversión de pensar si está bien escrito o no.
Un paso más para adaptar el lenguaje escrito al hablado, cuando cada vez se habla peor y se escribe más aún, ¿aun?, bueno, todavía.
Por el momento, en el lenguaje escrito nos estamos comiendo los signos de interrogación y admiración al principio de la frase. Si leemos algunos de nuestros textos, las respuestas a los posts, entradas diversas y demás escritos de muchos de los que escribimos con asiduidad en este medio, nos daremos cuenta de este hecho.
¿Es esto influencia del inglés?
¿Es comodidad?
¿Es el todo vale?
Los que tenemos por primera lengua, o compartida, el catalán o el valenciano, en mi caso, sabemos que no utilizamos el signo de admiración ni la interrogación al principio de una frase. ¿Será que, con nuestra nefasta influencia, estamos estropeando el castellano?
Ironías aparte, lo que creo es que con la excusa de adaptar lo escrito a lo hablado, aunque la ortografía parece que no sirva de nada, cada vez hacemos las cosas más insulsas, más descafeinadas, a ver si los chicos leen más, a ver si no nos tenemos que devanar los sesos descifrando incomprensibles lecturas, a ver … a ver ….
A mí me gustan los acentos y las comas y los puntos y las haches intercaladas como a otros les gustan los logaritmos, los algorritmos y la física cuántica. ¡qué le vamos a hacer!

Y, si tenéis ganas de seguir leyendo:
AQUI Una entrevista con Vila-Matas

15.2.08

Camino de ida y vuelta

A vueltas con la ficción,
La escritura es una opción personal, la lectura también. Y en ambos ejercicios afloran verdades.
Cuando leo ficción busco sumergirme en el relato. Conocer el camino de quien transitó, antes que yo, los espacios imaginarios que ha decidido mostrar. No pretendo con ello descubrir verdades ocultas del autor, a pesar de que están allí, sin duda. Suponiendo que yo, como lectora, andara buscando verdades ocultas, posiblemente se trataría de las mías. Y esas son las que hallaría. No es raro el caso de estar leyendo y de repente saltarme las lágrimas, o sentir vértigo si las palabras me engullen, o sonreír si me liberan.
Asimismo, sucede algo parecido cuando escribo. Un día me percaté de que la protagonista del relato odiaba la música de Schubert. Era raro, porque se trataba de un relato autobiográfico, y yo amo la música de Schubert. Acepté esa animadversión y el texto creció. Creo que también yo crecí ese día. En otra ocasión, mientras escribía un cuento, no pude soportar la muerte de un personaje cuyo nombre me recordaba alguien a quien quiero profundamente. Decidí cambiar ese punto y contemplé las dos opciones más factibles: otro nombre o salvarle la vida al personaje. En ambas, el cuento se desvanecía, incluso perdía el sentido. Tan potente es un nombre a veces. Tan decisiva una muerte.
En el proceso de escritura constantemente se dan pequeños encuentros definitivos: los ojos de Phil son azules; vive en una isla, solo; resulta que Nacho es adoptado; el policia lleva un piercing en la ceja; he visto con claridad que la mujer es prostituta, lloraba y le caían negros lagrimones de rimel... La convivencia con un texto tiene estas singularidades porque es un proceso activo. Vivo.
Escribir significa ordenar, explicarse a uno mismo y en la medida de lo posible lo sucedido. Lo extrañamente ocurrido en momentos y situaciones que quiebran la linealidad. Todo cabe en un proceso creativo. Lo azaroso, trágico, insignificante, terrible, prodigioso, increíble y cómico de la vida. Sobretodo lo cómico. He convivido cinco años con un relato de cierta dureza, en el que la ironía no ha tenido un lugar. Ahora sé que no se puede tratar un tema sin reservar un espacio para el humor. Por más que el tema sea serio.
Leí un artículo que ponía de relevancia la cantidad enorme y exagerada de relatos personales que reciben las editoriales. Procesos de enfermedad, divorcio, guerras... etc, experiencias de todo tipo, a cualquier nivel narrativo y emocional. La mayoría, escritos por personas que normalmente no escriben, y posiblemente no escribirán en el futuro, pero que necesitan contar su vivencia. Para ayudarse a sí mismos. Para ayudar a quien como ellos alguna vez se vean inmiscuidos en una situación similar a la descrita. La mayoría de estos textos son desestimados por las editoriales.
Sin embargo, hoy se aprecia un significativo auge de relatos en primera persona que hacen referencia al autor, y en especial, a autores que son escritores. Son las autoficciones. En ellas el protagonista es perfectamente reconocible y fácilmente identificable con el autor, auque responda a otro nombre o profesión, y cambien ciertos detalles de su vida.
De alguna forma, esto parece indicar que sí interesan las historias personales, pero que la cuestión del estilo no es del todo prescindible.
Enlazo un artículo que me pasó Escriptorum, "No corta el mar sino vuela", que complementa la noción de autoficción.
También enlazo la revista virtual Narrativas, que en el número de Enero-Marzo 2008 publica una serie de artículos relacionados con la obra y pensamiento del escritor catalán Enrique Vila-Matas. En ellos se aborda, entre otros, el tema de la ficción y la realidad. Algunos de estos artículos vienen firmados por blogueadores conocidos en la red, como Blanca Vázquez - El gusanillo de los libros, Miguel Sanfeliu - Cierta Distancia, Magda Díaz - Apostillas Literarias co-editora de la revista. Destaco el artículo titulado "Un catálogo de ausentes" del propio Vila-Matas.
Es mucha lectura la que enlazo hoy para un tema siempre interesante. Más todavía cuando nos movemos en un medio tan real como ficticio llamado blogosfera.

9.2.08

¿Compartimos el mar?

Hace un par de semanas se me ocurrió salir a hacer fotos de estos paisajes, que tengo a mi alrededor. Un paseo dio para mucho. Algunas veces salgo con un libro en la mano, me siento en la arena y, con el mar como música de fondo, leo. Normalmente, poesía. Otras veces escribo, pero la mayoría de las veces, sólo contemplo, pienso y respiro. Es toda una terapia.

¿Queréis compartir este bello paisaje?

1.2.08

Avanzando

AVANZANDO
A veces pienso que soy una arquitecta del tiempo,
siento que voy dibujando planos con pasados,
presentes y futuros,
urdiendo una delicada caja de palitos de fósforos
donde vivo
- incomprensiblemente sin pensar en tormentas-
Aunque a ratos me asalten las dudas, brinco
como caballo de carreras
sobre su bien construidas estructuras y sigo, sigo
hacia ese final donde
me espera el bosque verde, la iluminación y el sueño
callado donde nada
me acompañará sino la tierra con su murmullo de
vientre.

29.1.08

Alumbramientos

Van naciendo criaturas largamente esperadas:

· Martí ha convertido a Montse-Arare en abuela.
· Elena-Escriptorum ha terminado su tercera novela.

Y aunque la vida continúa con sus ritmos frenéticos, hoy nos apetece cambiar la dimensión de este espacio virtual que ni se sabe qué pretende y a veces os cuenta cosas de nuestras vidas: silenciamos las palabras y compartimos con vosotros la emoción de estas alegrías.

Saludos y abrazos!

21.1.08

Detalles o matices

Le tengo una relativa manía al detalle, algo que compruebo en las más variadas situaciones cotidianas. En la escritura, parece que también.
Una definición de detalle sería: circunstancia que aclara o completa un relato.
Y una definición de matiz: rasgo que da un carácter especial a algo.

¿La influencia del detalle es definitiva en un texto?
¿La del matiz no?
¿Dado que un detalle puede completar o aclarar un relato, podemos pensar igualmente que puede arruinarlo?
¿Es arriesgado deducir que el detalle a veces miente?


Fragmento de Océano Mar, de Alessandro Baricco.

El hombre ni siquiera se da la vuelta. Sigue mirando fijamente el mar. Silencio. De vez en cuando moja el pincel en una taza de cobre y esboza sobre la tela unos cuantos trazos ligeros. Las cerdas del pincel dejan tras de sí la sombra de una palidísima oscuridad que el viento seca inmediatamente haciendo aflorar el blanco anterior. Agua. En la taza de cobre no hay más que agua. Y en la tela, nada. Nada que se pueda ver.
Sopla como siempre el viento del norte y la mujer se ciñe su chal violeta.
-Plasson, hace días y días que trabajáis aquí abajo. ¿Para que os traéis todos esos colores si no tenéis valor para usarlos?
Eso parece despertarlo. Eso le ha afectado. Se vuelve para observar el rostro de la mujer. Y cuando habla no es para responder.
-Os lo ruego, no os mováis- dice.
Después acerca el pincel al rostro de la mujer, vacila un instante, lo apoya sobre sus labios y lentamente hace que se deslice de un extremo al otro de la boca. Las cerdas se tiñen de rojo carmín. Él las mira, las sumerge levemente en el agua y levanta de nuevo la mirada hacia el mar. Sobre los labios de la mujer queda la sombra de un sabor que la obliga a pensar "agua de mar, este hombre pinta el mar con el mar", y es un pensamiento que provoca escalofríos.

11.1.08

El coleccionista de sonidos - Fernando Trías de Bes


Coleccionar sonidos, como es el caso del protagonista de esta novela, Ludwig Schmitt , debe de ser harto complicado.
Ludwig no sólo posee oído absoluto, es decir, puede reconocer sin ninguna duda cualquier nota que suene o a un sonido otorgarle la nota correspondiente. Ludwig, además, disecciona los sonidos en su cuerpo, convirtiéndolos en los fragmentos que conforman el todo.
Desde bien pequeño se cree que tiene una maldición porque no llora nunca. Durante muchos meses mantiene los ojos cerrados. En su interior Ludwig está absorbiendo los sonidos distintos que llegan a sus oídos: los está coleccionando.
Su padre, un afamado pintor, le teme porque cree que está maldito. Hasta el mismo final de la novela no sabremos por qué. No se desvelará ese misterio que el mismo protagonista nos dirá.
La historia de Ludwig nos llega a través de un fraile. Éste, que vive en un convento de Alemania, suele bajar a la librería del pueblo a comprar y alquilar libros. En ausencia del dueño, el empleado le ofrece la lectura de un libro escrito por una soprano, un libro con una fuerte carga erótica.
El fraile se lo lleva y en su celda comienzan a suceder cosas extrañas. El libro parece tomar vida propia, buscando algo que parece ser que se encuentra en la celda.
El fraile encuentra un diario escondido entre las piedras de la pared. El libro está escrito por el anterior fraile que ocupó la celda, y es la confesión antes de morir de Ludwig Schmitt y la historia de su maldición.
Por él sabemos que aún habiendo coleccionado todos los sonidos de la tierra y del cielo, había uno, uno solo que se le resistía, un sonido que desconocía de donde podría proceder.
El padre de Ludwig lo lleva a estudiar a un internado donde enseñan a cantar, ya que Ludwig poseía una voz privilegiada. Gracias a su oído absoluto era capaz de aprenderse las partituras con apenas una lectura.
En este internado conocerá cuál es el sonido que le falta. Al dejar el internado comenzará su pesadilla. Ya posee en su cuerpo y en su voz todos los sonidos del mundo. Absolutamente todos, pero precisamente por eso vivirá esclavo de ellos.
Con su voz, que modula a su antojo, enamora a todas las mujeres. Todas caen rendidas ante él por medio de sus canciones pero mueren cuando él las posee. Cuando descubre cuál es la maldición que le aqueja intenta retenerse pero no lo logra. Por donde pasa deja mujeres muertas, sin signos de violencia, sin nada que pueda acusarle. Todas las muertes se producen de manera natural: al hacer el amor.
La novela está inspirada en la ópera Tristán e Isolda de Richard Wagner. La poción amorosa que envuelve a ambos protagonistas de la ópera se refleja en la historia de Ludwig Schmitt y de la cantante que escribe el diario cuya lectura tanto afecta al fraile.

La historia de una maldición transmitida durante generaciones y hasta el final de la novela no se entenderá por qué.

En un principio, cuando comencé a leerla creí ver connotaciones con El perfume. Incluso si me apuráis en el libro Ella, Drácula de Javier García Sánchez.
Después el libro empieza a tomar su propio rumbo y te acaba atrapando. El lenguaje es muy expresivo y, desde el punto de vista de un músico, resulta emocionante leer fragmentos en los que la música es la dueña del lenguaje. La explicación del modo de componer de Wagner, lo que significó en el futuro.

Tristán e Isolda
Reconocida como una de las obras cumbres del repertorio operístico, Tristán destaca por el avanzado uso del cromatismo, la tonalidad y la armonía.
El primer
acorde de la ópera, llamado el acorde de Tristán, se considera de gran importancia en el desarrollo de la armonía tonal tradicional. Esta ópera ha tenido una influencia muy importante en los compositores occidentales, con Gustav Mahler, Richard Strauss, Alban Berg y Arnold Schoenberg, entre otros, claramente inspirados por ella. Muchos ven en Tristán el comienzo del fin de la armonía convencional y la tonalidad, y el arranque del movimiento atonal característico del siglo XX

Dejando a un lado este inciso, la novela está bien escrita, engancha a pesar de que le encontremos referencias hacia otras novelas que ya conocemos. De hecho, yo no la pude dejar desde la mitad y la terminé de leer en el coche en un viaje a Barcelona.

El autor.
Fernando Trias de Bes es un escritor y experto en marketing de origen español. Nació en 1967 en Barcelona y cuenta con una licenciatura y un MBA por ESADE. Es director de la consultoría de investigación e innovación Salvetti & Llombart y director de seminarios para altos directivos en el programa Executive Education de ESADE.
Se trata del único autor español de libros empresariales que ha publicado un título original junto a
Philip Kotler: "Marketing lateral".
Escribe tanto ensayos de empresa e innovación como libros de ficción. Entre sus ensayos se encuentra, además del mencionado "Marketing Lateral" (2003), "La buena suerte" en co-autoría con Álex Rovira Celma (
Empresa Activa, 2004) con unos tres millones de copias vendidas o "El vendedor de tiempo" (Empresa Activa, 2005), que fue llevada al teatro. Su última obra, "El libro negro del emprendedor" (Empresa Activa, 2007), estudia los principales factores de fracaso de los emprendedores.
En ficción ha publicado: "Relatos absurdos" (Urano, 2006) y las novelas "Palabras bajo el mar" (Alfaguara, 2006) y "El coleccionista de sonidos" (Alfaguara, 2007). Sus libros han sido traducidos a más de treinta idiomas y es colaborador habitual de
El País Semanal.
Su página web personal es
www.triasdebes.net

7.1.08

¿Qué novela?


Te levantas, tomas un café bien cargado mientras miras el mar - hoy está tranquilo- y te dices que esta vez va en serio, que vas a escribir un par de horas seguidas sin interrupciones. Te autoconvences de ello y te sientas ante el ordenador.

Abres el documento donde guardas lo que andas escribiendo desde hace ¡años! relees el último párrafo y piensas "esto no debe ser así". Relees el penúltimo y descubres que las horas que pasaste la última vez que escribiste antes de las fiestas no sirvieron de mucho porque ahora que te das cuenta, resulta que te contradices en un par de frases. Vuelves a leer el antepenúltimo: esto no marcha.

"¿A ver? ¿y si en lugar de escribir aquí este verbo lo cambio por este otro? ¿Es el adecuado el tiempo de este verbo? ¿Un adjetivo de más no va a ser gratuito? Rehagamos toda la frase. Ahoooooora. Ahora si. "

Vuelves a leer y tampoco. Miras el reloj: han pasado tres cuartos de hora y todavía no has escrito nada, sólo has cambiado verbos, estrujado ideas, arrancado adjetivos, contrastado nombres, leído cinco veces... vamos mal.

Necesitas otro café. El mar está algo más agitado, seguramente ha entrado algo de viento. Él ha despertado ya y ha conectado la radio mientras se ducha. El silencio ya no te acompaña. No del todo. Vuelves a sentarte ante el ordenador.

- Cariño, ¿dónde está "la camisa"?

- ¿Qué camisa? Tienes un montón de camisas

- Aquella que...

- Voy.

Una vez localizada "la camisa", vuelves al ordenador. Otro café sería demasiado. Él acaba de vestirse y se dirige a la cocina. Prepara su desayuno.

- ¿Te apetece un café?

- Gracias, ya llevo dos, si acaso me untas una tostadita con mantequilla y mermelada, ¿vale?

Él ha terminado de desayunar, tú ya te has zampado dos desayunos completos y un café extra. El mar se agita por momentos, las veces que levantas la vista de la pantalla para fijarla en las olas empiezan a ser demasiadas veces. Los nombres se te rebelan, los adjetivos te parecen demasiado ñoños o demasiado duros, los tiempos verbales bailan un zapateado en tu cabeza, ni siquiera recuerdas las preposiciones y los adverbios te cantan una nana.

Suena el teléfono. Tu mamá te necesita (una vez más). Te levantas, te pones el abrigo, tomas las llaves del coche, sueltas un par de improperios, sales y vas a ver qué es lo que quiere esta vez. Mientras caminas, aparcado ya el coche, hacia la casa de tu mamá, te sale al encuentro aquella amiga a quien hace días que no ves.

- ¿Qué tal, como van las cosas ahora que ya no trabajas?

"¿Que no trabajo? pero esa qué se habrá creído? la gente piensa que si todo lo que haces no es remunerado no es trabajo, hay que ver qué gracia tiene el asunto"

- Voy tirando - respondes, la voz pegada al cuello del abrigo por si acaso.

- Bueno, ¿y qué? ¿Cuando publican tu novela?

"La madre que la parió"

- ¿Eing? ¿Novela? ¿Qué novela?

Tu amiga te mira con condescendencia.

- Chica, no te entiendo, de verdad. Hace un montón de tiempo que estás con la novela y de momento, ¡nada de nada!

Menos mal que llevas guantes, de lo contrario las uñas se te habrían clavado en las palmas, de lo fuerte que has apretado los puños, más que nada, por no arañarla.

- Pues eso, querida: ¡nada de nada! - saludas y sigues hacia el piso de tu mamá, no vaya a ser que la encuentres subida a la lámpara.

"A lo mejor es que eso de escribir no está hecho para mi"...te dices, intentando perdonarte la vida una vez más.

Imagen sacada de: http://60.img.v4.skyrock.com/600/toineee/pics/750480642.jpg

28.12.07

28.12.2007

Fuentes bien informadas y cercanas a Liter-a-tres han asegurado que, en algún instante del próximo año, se cumplirán los deseos de Shakespeare y "sabremos los misterios de las cosas como si fuéramos espías de los dioses"


Feliz 2008 a todos los blogers
que
comparten con nosotras apuntes literarios


Salud!

20.12.07

Feliz Literatura

¿Aprovechamos las fiestas navideñas para esperar un poco menos y amar un poco más?
FELIZ NAVIDAD



12.12.07

Poesía


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Un grano de poesía es suficiente para perfumar un siglo - José Martí
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La poesía fue y será, ante todo, un comportamiento - Aldo Pellegrini
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Poema querría decir lugar de la fulgurante aparición de la palabra - J.A. Valente
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La poesía es sobre todo el naufragio feliz de la memoria - Luis Landero
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La poesía es como la hierba salvaje, muy difícil de erradicar - H. Magnus Eisenzberger
.
¿Para qué los poetas en tiempos de miseria? - Hölderlin
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.
La poesía existirá mientras exista el problema de la vida y la muerte - Ruben Dario
.
La poesía es la que mueve el mundo - Dulce Chacón


Poemas visuales: "A" de Joan Brossa

4.12.07

Madurez musical o el proceso de aprendizaje a partir de los cuarenta.

Yo era una niña delgaducha, desgalichada, feucha y con trenzas. Para aderezar el conjunto, a los nueve años, me pusieron gafas. Esto no deja de ser una anécdota porque, afortunadamente, lo único que queda de aquello son las gafas. Crecí rodeada de sonidos: la radio y la música clásica. La voz de mi madre cantando zarzuela y coplas. Y los ronquidos de mi padre y mi tía, en acompañamiento de bajo continuo.
La música influyó en mi carácter, pero su estudio se dilató en el tiempo hasta que, un buen día, decidí que había llegado el momento de encararme con ella. Eso fue en el año 2000.
Lo comenté en casa ilusionada y con esa alegría que manifiestan los adolescentes, me dijeron: ¡estás loca! ¡Con lo mayor que eres! O quizás dijeron vieja. No lo recuerdo.
El caso es que yo soy muy cabezota y no desistí. Tenía que desentrañar los misterios de los sonidos.
Me compré una cartera, preciosa, sin ruedas (que no era un carro de la compra). Fui a una tienda de música y pedí el libro de solfeo y una libreta de papel pautado. Compré una goma de borrar de sabor vainilla y un lápiz con las efigies de los compositores más célebres (como si eso fuera una garantía de algo).
Y llegué a la escuela de música una tarde con mi cartera y mi ilusión. Nada más entrar en la clase me encontré con unos cuantos niños que al verme dijeron: ¿Eres la seño?
— No. No soy la seño, soy una compañera - respondí amablemente.
Los niños me miraron como sólo ellos saben hacer cuando te quieren desmerecer. Y ya no dije nada más.
Al principio fue todo más o menos fácil. Compases y ritmos sencillos. Incluso llegué a destacar. Pero ¡ay! Todo se acaba.
— Vamos a hacer este ritmo del libro, dijo un día el profe. Con la mano derecha hacemos: ti, ti, ta, ta, y con la izquierda ta,ta.
¡Precioso! Vosotros dos, Pepito y Manolito, empezáis a tiempo y tú (yo) entras en anacrusa.
¡En anacrusa! Yo, en anacrusa.
Para evitar confusiones me pinté en el dorso de la mano una I en la izquierda y una D en la derecha. Y me puse a hacer ti, ti, ta, ta. ¡Hombre! Entrar, lo que se dice entrar, entré. Aunque más que ritmo hice el ridículo.
Los niños me miraban y se reían. ¡Ellos, tan ricos!
Lo peor fue viniendo con el tiempo. Y lo peor se llamaba Dictado melódico. El profe se sienta al piano y toca unas notas y tú tienes que escribirlas en el pentagrama, pero no a tu libre albedrío, ¡no! De eso nada. Aparte de saber qué nota ha tocado el puñetero, tienes que saber si son negras, corcheas, tresillos o blancas, o cosas peores. Y allí estaba yo, con mi lápiz de los compositores, (que no me insuflaban sabiduría) la goma de borrar en mano haciendo esfuerzos por escribir algo consecuente.
— La primera nota es un La bemol, para que os sirva de referencia. ¿De referencia, de qué?, pensaba yo.
El profe tocaba los tres primeros compases del primer pentagrama. Y luego los otros tres, y así sucesivamente. Y mientras yo bordaba con mi maravilloso lápiz la clave de sol, el cabrón del niño que tenía al lado LO HABIA TERMINADO TODO. Y me miraba con esa risilla de conejo de niño sabiondo, repelente y pedante y decía: Ya está. Yo lo miraba a él, y luego a mi libreta, a mi solitaria clave de sol y mi La bemol y a continuación el vacío, la nada. Mi oído no había distinguido ni una sola nota posterior.
¡Qué ridículo, señor!, digo yo, ¿no les enseñan a los niños en sus casas que no hay que reírse de los mayores?
Esto sólo duró cuatro años. Entre tanto cogí el instrumento que tanto había deseado, el oboe, y empecé a pelearme con él. No fue tan desesperante como la teoría. Al menos, en las partituras las notas vienen escritas.
Se llama anacrusa a una nota o grupo de notas sin acento al principio de una frase y colocado antes de la barra de compás por lo tanto justo antes del primer tiempo fuerte.

28.11.07

Madurez literaria


Leo en La Vanguardia digital que el jurado del Premio Documenta 2007, al que pueden optar obras en prosa narrativa en catalán y de autores jóvenes, creo que de menos de 35 años, ha decidido declararlo desierto a causa de "la falta de madurez literaria" de las obras finalistas.

Parece ser que había dos obras un poco mejores que las otras, pero que tampoco llegaban a contentar a los miembros del jurado. me imagino que debe de ser un poco subjetivo, pero aunque así sea, me preocupa. Ello ha ocurrido cinco veces, según voy leyendo, la última vez fue en el año 2005, cuando consideró que ninguno de los diecinueve originales presentados tenía el "mínimo de calidad" literaria exigible. Este premio fue creado en 1980 con el objetivo de descubrir jóvenes valores de la literatura catalana.
Hace un mes me dieron un pequeño premio literario. Había dos modalidades: poesía y prosa. El premio de poesía quedó desierto. Aunque la organización fue muy políticamente correcta cuando anunció que ningún poema había sido premiado, debo decir que una vez leídos los poemas que se presentaron, incluso yo, que no entiendo mucho de poesía, lo habría declarado desierto, la verdad. Sin embargo, los relatos eran bastante buenos. Para mí tiene un sentido ya que hacer poesía es muchísimo más difícil que escribir prosa, pero no opinará lo mismo quien esté acostumbrado a escribir poemas. Sea como fuere, y como decía no hace muchos días Escriptorum 54, ¡escribir no es nada fácil!
¿Opináis que se exige demasiado o en realidad lo que pasa es que hay mala calidad? ¿Qué hay de los premios literarios, os parece que deberían seguir existiendo o que habría que hacerlos desaparecer? ¿Creéis que los certámenes literarios pueden ser una especie de salto al a fama de buenos autores en potencia o por el contrario, pensáis que quien se presenta a un certamen pierde credibilidad?

21.11.07

Epónimos

Un epónimo es un adjetivo referido a un personaje ilustre, que da nombre a algo, generalmente a un lugar o a una época, de tal forma que la simple palabra genera un concepto o una idea. Etimológicamente, la palabra proviene del griego: epi, sobre, y ónoma, nombre. Algunos epónimos célebres son: Cóctel Molotov, Ley de Murphy, Motor Diesel, Talón de Aquiles...
...es fantástico pensar que las palabras se inventan, y que además son generadoras de conceptos.

Gracias a la suscripción a Wordsmith, que una amiga me regaló hace unos cuantos años, recibo a diario un correo con una palabra en inglés; también su definición y las posibles aplicaciones en los textos. Esta semana toca turno a los epónimos. Ayer recibí Bunbury, el enfermo imaginario que Algernon inventó para tener a mano una excusa, en La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde:


Algernon: La crítica literaria no es tu fuerte, mi querido amigo. No la intentes. Déjasela a los que no han ido a la universidad. La hacen estupendamente en los periódicos. Lo que en verdad eres es un bunburysta. Estaba totalmente acertado al imaginarte bunburysta. En realidad, eres el bunburysta más consumado que conozco.
Jack: ¿De qué narices hablas?
Algernon: Tú has inventado a un hermano más joven llamado Ernesto con el objeto de poder venir a la ciudad cuando te venga en gana. Por mi parte he inventado a un inestimable y constante enfermo, llamado Bunbury, con objeto de poder ir al campo tantas veces como me parezca.
Jack: ¡Menudo disparate!
Algernon: Ningún disparate. Bunbury es absolutamente inestimable. Si no fuese por la extraordinaria mala salud de Bunbury, por ejemplo, me hubiera sido imposible cenar esta noche en el Savoy contigo, pues desde hace una semana estaba comprometido con mi tía Augusta.
Jack: Yo no te he pedido que cenáramos esta noche en ningún sitio...



¡Y yo andaba buscando un buen ejemplo de diálogos! El mail me recordó ayer esta genial obra. Empecé a leer y, desde el primer párrafo, a sonreír.

15.11.07

ARTHUR & GEORGE - Julian Barnes

En 1903 un suceso extraño destroza la calma de un pueblecito de Inglaterra: varios animales aparecen mutilados. La incompetencia de la policía y los rumores que sacuden el pueblo llevaran a George Edalji, el hijo del vicario parsi, a ser detenido y acusado de estos delitos. El caso llega a oídos de Arthur Conan Doyle, de sobra conocido en Inglaterra a través de su famoso detective Sherlock Holmes que iniciará una investigación para aclarar la verdad y demostrar que George es inocente.
A través de un paralelismo en las historias de ambos protagonistas: George y Arthur, Julian Barnes nos va haciendo un retrato de sus vidas, desde su infancia hasta su muerte.

George es de carácter reservado. Vive en un pequeño pueblo de la Inglaterra más profunda y más rancia. Es un niño marcado por el color de su piel, que le cuesta entablar amistades con los hijos de los granjeros. Pronto se convierte en el receptor de unos anónimos que comienzan a amargarle la vida. Sin embargo, pasan los años y estudia la carrera de abogado publicando la primera guía de usuarios de ferrocarril en Inglaterra. Los anónimos que se reciben en su casa y en el vecindario le acusan de ser el culpable del destripamiento de animales.

Arthur, por el contrario, nunca ha sido reservado. Desde bien pequeño da muestras de un carácter emprendedor, imaginación poderosa y mucho talento. Supera el trauma que le supone ser hijo de un alcohólico, se saca el título de medicina, viaja por todo el mundo. Funda una familia. Se casa con una mujer de salud delicada, Touie, a quien cuida hasta su muerte, aunque eso no le impida enamorarse de otra bien distinta, Jean, con quien mantiene una platónica relación hasta la muerte de su esposa para evitar los rumores de la sociedad inglesa.
George es condenado a trabajos forzosos durante tres años. Arthur se encargará de hacer saber a todo el mundo que él es inocente y no un inocente pero culpable como le había sentenciado las leyes inglesas. Lo mejor para lograrlo es haciendo mucho ruido. Esa es la opinion de Arthur, y así lo hace. Pretende conseguir una revisión del juicio, una indemnización por los años de trabajos forzados y la readmisión de George en el cuerpo de abogados de Inglaterra. Pero choca de nuevo con las rancias tradiciones inglesas.
A través de este libro, Julian Barnes nos hace una lectura precisa de la sociedad inglesa de principios del siglo XX, de muchas de sus absurdas leyes, de los problemas raciales que existen en su seno. De los prejuicios sociales que se deben respetar aunque no se esté de acuerdo con ellos.

Siempre he sido aficionada a la literatura inglesa y esta novela no me ha defraudado en absoluto. He lamentado que se terminara.

Julian Barnes maneja muy bien el tema, los tiempos y las costumbres inglesas. Muy recomendable.