¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

21.11.07

Epónimos

Un epónimo es un adjetivo referido a un personaje ilustre, que da nombre a algo, generalmente a un lugar o a una época, de tal forma que la simple palabra genera un concepto o una idea. Etimológicamente, la palabra proviene del griego: epi, sobre, y ónoma, nombre. Algunos epónimos célebres son: Cóctel Molotov, Ley de Murphy, Motor Diesel, Talón de Aquiles...
...es fantástico pensar que las palabras se inventan, y que además son generadoras de conceptos.

Gracias a la suscripción a Wordsmith, que una amiga me regaló hace unos cuantos años, recibo a diario un correo con una palabra en inglés; también su definición y las posibles aplicaciones en los textos. Esta semana toca turno a los epónimos. Ayer recibí Bunbury, el enfermo imaginario que Algernon inventó para tener a mano una excusa, en La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde:


Algernon: La crítica literaria no es tu fuerte, mi querido amigo. No la intentes. Déjasela a los que no han ido a la universidad. La hacen estupendamente en los periódicos. Lo que en verdad eres es un bunburysta. Estaba totalmente acertado al imaginarte bunburysta. En realidad, eres el bunburysta más consumado que conozco.
Jack: ¿De qué narices hablas?
Algernon: Tú has inventado a un hermano más joven llamado Ernesto con el objeto de poder venir a la ciudad cuando te venga en gana. Por mi parte he inventado a un inestimable y constante enfermo, llamado Bunbury, con objeto de poder ir al campo tantas veces como me parezca.
Jack: ¡Menudo disparate!
Algernon: Ningún disparate. Bunbury es absolutamente inestimable. Si no fuese por la extraordinaria mala salud de Bunbury, por ejemplo, me hubiera sido imposible cenar esta noche en el Savoy contigo, pues desde hace una semana estaba comprometido con mi tía Augusta.
Jack: Yo no te he pedido que cenáramos esta noche en ningún sitio...



¡Y yo andaba buscando un buen ejemplo de diálogos! El mail me recordó ayer esta genial obra. Empecé a leer y, desde el primer párrafo, a sonreír.

10 comentarios:

Elena Casero dijo...

Es un tema francamente curioso. Muchas veces nos encontramos con palabras que no sabemos de dónde vienen. Palabras que se inventan y que se convierten, como tú dices, en conceptos esenciales.

Bunbury. Un diálogo perfecto.

Montse dijo...

Lenguaje, pensamiento, palabras, diálogos... ¡qué universo!

Me quedo con la sonrisa y la comparto.

fractal dijo...

Elèna, yo había leído La importancia de llamarse Ernesto, pero ahora leo con la idea de fijarme en la construcción de los diálogos. Sí, un diálogo perfecto.

.....

arare, ¿Inventamos un epónimo?
.

Anónimo dijo...

Hoy todos los POST construyen diálogos...

Montse dijo...

¿Qué tal Ballet béjartiano?

Anónimo dijo...

Precisamente del significado profundo que tienen las palabras, más allá de su sentido lógico y aparente, habla este dialogo. Pertenece a una obra de teatro de Federico González.Una belleza. Pensé que lo disfrutaríais.
Saludos.

Jacobo:

Para serte franco, amigo, la relación entre el lenguaje y la lógica, o mejor entre el leguaje como un código racional que descubre y describe la realidad me parece un tanto anecdótica, acaso sospechosa, ya que conozco lenguas fonéticas, tal vez onomatopéyicas que me resultan muy validas para la comunicación y por lo tanto para la comprensión, donde siempre anda entreverada la inteligencia. Y no me refiero solo a los delfines y ballenas y sus códigos que algunos llaman lenguaje, sino a algo mucho más cercano por pertenecer a animales de nuestra propia especie: a las canciones arcaicas sin significados aparentes.

Pedro:

Claro, Claro.
(Y empieza a entonar una canción de los indios norteamericanos, muy, muy bien y con toda seriedad).

fractal dijo...

itoitz, tú lo dices.

.....................

arare, sí! que bueno!
¿Del dolor nace la creación? ¿O de la admiración?

...............

anónimo, sería un placer nombrarte con algún nombre: inventa uno, que a la vista de tu comentario seguro que no te será nada difíicl.
Gracias por el diálogo que aportas. Realmente es así. El acto de comunicación tiene sus códigos y, a veces, cuanto más simples más directos.
La tendencia a sofisticar los estilos de vida comporta también la sofisticación de los códigos, y en consecuencia una mayor dificultad de comunicación.
Y sentimos la nostalgia de lo arcaico...
Saludos!

quantum dijo...

Qué delicia encontrarme aquí con mi viejo amigo Oscar. Qué regalo de ingenio sus diálogos..."Es terrible el que la gente vaya diciendo de uno a sus espaldas cosas que son absolutamente ciertas".
¿Sabías que la palabra "boicot" tiene su origen en la historia de Irlanda? El retirado Capitán Boycott, un británico afincado en Irlanda y al servicio de un gran hacendado angloirlandés, se negó a reducir las rentas de los pequeños arrendatarios agrícolas atenazados por la miseria. La Liga Nacional Agraria pidió a estos arrendatarios que, sin recurrir a la violencia, se negaran a trabajar la tierras de las que él era el administrador: ya ves, le hicieron el boicot.

Besazo postgripal.

Ana di Zacco dijo...

Ugs, me has recordado que yo tb debería releerla, debe hacer más de veinte años!... Pero gracias :)

fractal dijo...

quantum, tu queridísimo Wilde! Sí, muy ingenioso en sus diálogos. Estoy leyendo también "El arte de conversar", ed Atlanta; incluye fragmentos de sus declaraciones en uno de los juicios, diálogos reales con los que compruebo que el Wilde escritor difiere poco del Wilde persona.
Gracias por tu epónimo. No conocía la historia, y me he quedado bien a gustito después de leerla.
Erin go Bragh!

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ana di zacco, pues a re-leer, que tampoco abundan las lecturas que nos hagan reír.
De nada, a mandar.