Me ha costado coger el hilo de la rutina. Se me había enredado el ovillo y no conseguía devanarlo. Sin embargo, como seres animados que somos, deseamos los cambios, los necesitamos. Nuestro ciclo vital incluye los cambios de estación, cada vez menos notorios, los cambios de vestuario, y el trastorno de las rutinas. Esto nos evita el aburrimiento que produce el movimiento continuo e igual de cada día.
Cada año tengo ganas de que entre el otoño porque me revive. El calor me abotarga, me agota. Parece que una pizca de frescor reaviva las neuronas.
El verano, las vacaciones conceden licencia para hacer aquellas cosas que, normalmente, no podemos hacer por falta de tiempo: leer, por ejemplo. O tumbarse a la bartola contemplando el espacio, sin hacer nada, excepto dejar que el cerebro descanse. Leo compulsivamente cuando llega el verano. Mi madre ya me reñía cuando yo era más joven porque me llevaba el libro al cuarto de baño.
¡Cuarto de baño! es gracioso, mi cuarto de baño era, había sido un retrete remodelado, con un ventanuco que apenas si se podía cerrar y que enmarcaba un trozo de cielo por el que el viento trasegaba las nubes. El libro andaba conmigo a todas partes.
Recuerdo uno que me marcó, no sé por qué con exactitud, quizás porque mi hermana me lo prohibió leer. Podéis leer las primeras páginas en El País. Se llama Vinieron las lluvias. En él leí el primer beso apasionado y prohibido entre dos personas de distinta raza. Una historia en la India colonial, el monzón interminable, los ingleses con sus absurdas y rectas costumbres y los indúes esperando que les llegara la independencia.
La vuelta a la rutina significa tener que pensar qué comprar, qué hacer de comer, y qué de cenar. Lo cansino no es hacer las comidas, es confeccionar el menú. Para evitar quebraderos de cabeza, cuando tengo tiempo los voy haciendo semanales, después mensuales y he llegado a tener medio año. Llegado el día, se hacen las salvedades correspondientes pero, al menos, sólo he de pensar un día a la semana e, incluso, comprar una vez.
La vuelta a la rutina significa estudios, peleas por las salidas nocturnas, negociaciones, claudicaciones, malas caras.
El regreso al trabajo, a los horarios estrictos.
El regreso a los ensayos.
El reencuentro con los amigos.
La falta de sueño.
Leer apenas. O con cuentagotas. Estoy leyendo Amos Oz: historias de amor y oscuridad. Ya lo comentaremos cuando lo termine. De momento, va muy bien.
¡Bendita rutina! hasta que desee que cambie