¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

3.8.09

Escribir

Escribir siempre es corregir la vida: es lo único que nos protege de las heridas insensatas y golpes absurdos que nos da la horrenda vida auténtica.

El orgullo del escritor de hoy tiene que consistir en enfrentarse a los emisarios de la nada -cada vez más numerosos en literatura- y combatirlos a muerte para no dejar a la humanidad precisamente en manos de la muerte.

En definitiva: que a un escritor le podamos llamar escritor. Porque, digan lo que digan, la escritura puede salvar al hombre. Hasta en lo imposible.


Enrique Vila-Matas

23.7.09

Leemos lo que queremos


Terminé la tercera parte de Millenium, de Stieg Larsson.

Es una novela de acción y cualquier otro calificativo hacia ella me sobra. Y más, teniendo en cuenta que las dos anteriores ya me proporcionaron alguna pista.

No hace mucho, hablaba de la gran atracción que habían ejercido en mí las dos primeras partes, Millenium 1 y Millenium 2, o, si queréis, "Los hombres que no amaban a las mujeres" y "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina". También tuve la oportunidad de ir a ver la película y me pareció " una película de acción de aquellas que ya sabes con qué te vas a encontrar exactamente".

Esta tercera entrega,Millenium 3, o, si queréis "La reina en el palacio de las corrientes de aire", se me hizo aburrida hasta la página 300 y pico. Y esto desmerece mucho la novela (a mi juicio). Es decir: si le quitáramos las primeras trescientas páginas la novela sería mucho más interesante. Una novela policíaca, una novela de acción, una novela de entretenimiento.

Leí algo acerca de la traducción. Venían a decir que se tradujo al español a partir de la versión francesa, en lugar de traducir directamente del sueco.Tengo la versión francesa y no me parece que haya sido así, como dicen. Para empezar, muchos de los nombres están cambiados, y con un tipo de letra parecido, la versión francesa tiene 711 páginas y la versión española tiene 854. Ya me explicaréis por qué.

En cualquier caso, creo que en esta tercera parte el vocabulario está mucho menos trabajado que en las dos primeras. ¿Un prejuicio, por mi parte? quizá. Pero creo que hubo demasiada prisa en traducirla. La gente estaba impaciente. Había que sacarla al mercado como fuera. Y ahí, para mi que las cosas se debieron de hacer con más prisas de las que requiere una buena traducción. creo que a nivel económico, les fue estupendo. Pero la calidad se ha resentido. Siempre según mi opinión.


No hace muchos días leía, en un blog catalán, a alguien que "se quejaba" de que "todo el mundo lee lo mismo". A mi me parece que, si bien es verdad que somos animales gregarios que optamos, en general, por hacer lo que hace la mayoría, como por ejemplo, comer, comprar, trabajar (los que tenemos trabajo), ir de vacaciones (los que puedan), hay dos temas, la lectura y la música, en los que "todavía" somos bastante libres. Es cierto que nos acribillan con las músicas que interesa que oigamos, con los discursos que interesa que nos creamos y con los libros que interesa que compremos. Pero para mi que no somos tan tontos. Leemos lo que queremos. Y si nos equivocamos, somos capaces de reconocerlo.

¿No?

No me arrepiento de haber leído esta trilogía. Me lo he pasado bastante bien. Como cuando fui a ver La guerra de las galaxias, digamos. Pero no es la literatura de mi vida, como la canción del verano de turno puede servirme para mover elesqueleto en la verbena de turno, pero jamás será la música que forme parte de la banda sonora de mi vida.

30.6.09

Tribulaciones de un sicario

El periódico de hoy publica la noticia de la posible resolución de “uno de los crímenes que más han sobresaltado a Barcelona en los últimos tiempos”.

“Los Mossos creen que el arrestado pensaba que iba a ser despedido y contactó con unos sicarios...”

Esto me viene al pelo para hablar de la novela de Elèna recién publicada por Editores Policarbonados, de la que podréis encontrar oportuna información en su blog Ad Libitum. o en la página web de la editorial
.

Nos preguntamos a menudo qué es buena literatura - los últimos posts en Liter han versado sobre esta cuestión - cuál es la diferencia entre realidad y ficción, cuánto habrá del autor o de la autora en los textos… cuestiones de siempre, difícilmente resolubles.

En Tribulaciones de un sicario tenemos el ejemplo de una ficción más real que la vida misma, planteada desde la ironía, no exenta de ideas que se deslizan entre líneas dejando entrever el talante de su autora.

¿Dónde encasillar este fenómeno de escritura nacido de la necesidad de escribir, lejos de todo, arañando horas al tiempo siempre escaso, después de todo el ajetreo cotidiano, al final de una jornada laboral de ocho horas, cuando la familia no requiere ya una urgente atención prioritaria, entre otras tantas cosas pululando por ahí, que en el caso de Elèna incluye su condición de músico? ¿Acaso importa encontrarle a lo que parece un planteamiento de vida una definición? ¿La pide?

En todo caso, Editores Policarbonados apuesta por autores noveles, inéditos, o no mediáticos, y esto sí me parece una definición interesante.

Centrándome un poco ahora en el proceso previo a la edición. Tuve la suerte de colaborar en las lecturas y correcciones primeras del texto, algo que me apasiona. Elèna me mandó un buen día el archivo de su relato, pidiéndome opinión. El texto estaba prácticamente acabado, necesitaba pocas correcciones, acaso un título definitivo. Este punto fue confirmado por el editor, Mariano Vega, en la presentación de Valencia: alegó que pocas veces recibía borradores impecables como los de Elèna.

Una novela breve, 174 págs., de lectura ágil y amena, que invita al lector a divertirse leyendo tanto como la autora asegura haberse divertido escribiéndola.

Quisiera publicar la foto que nos hicimos Elèna y yo en Valencia… pero no la he recibido todavía.
(ya llegó)


Enhorabuena, y ánimo para tus próximos relatos.

16.6.09

Publicar

Siguiendo con el comentario anterior sobre la buena literatura, o regular, o mala, o basura yo no sé dónde catalogarme.
Intento que lo que escribo no sea una basura. Sé que no lo es porque tengo gente a mi alrededor, como mis dos compañeras de blog, que me lo dirían. Y porque no soy tan famosa, ni tanto ni poco, como para publicar lo primero que se me ocurra. Como para lograr que una editorial gaste recursos en mi persona.
Ahora bien, ¿dónde queda mi literatura? ¿Puedo, con toda sinceridad, escribir esa palabra en mayúsculas? ¿Pasará mi nombre a la posteridad? NO, por supuesto que no.
De mis libros quedará el recuerdo en aquellas personas que me hayan leído y hayan creído que valían la pena. Quedarán los ejemplares en manos de mis hijas, de mis amigas, de mis familiares, o no.
Hoy día, la narrativa se mueve a golpe de talón, de promociones millonarias, de presentaciones mediáticas, que se dice ahora.
Si no tienes todo ese montaje detrás de ti es muy difícil, aunque no imposible, que tus novelas, o tus poemas, o tus ensayos lleguen a muchas más personas que las que tienes a tu alrededor. Aunque cada día vemos casos de este estilo. Casos de boca-oreja.
Pero, como consuelo, nos queda la satisfacción de haber escrito, de haber aportado un minúsculo grano de arena en esta montaña de novedades literarias y haber hecho pasar un buen rato a quien ha tenido el libro en sus manos. Eso sí, que esté bien escrito, que para chapuzas tenemos apellidos famosos y televisivos con negros en sus nóminas.

5.6.09

¿Buena literatura?

Anna Gavalda: La amaba.
Seix Barral, Biblioteca Formentor (2003)

Anna Gavalda es una autora francesa, nacida en 1970, o sea, joven. Leo en la contraportada algo de lo que ya me percaté: que la prosa de esta autora no contiene descripciones, que se observa una economía verbal que representa un buen caudal de emociones concentradas y puedo decir sin equivocarme, que es una novela que se lee de un tirón. Una tarde. Eso fue lo que me duró, una tarde.

Si se me pregunta si me parece una gran novela, debo responder que no. No es una gran obra literaria y además, es absolutamente prescindible. Pero aun así, a mi me enganchó. Y es que a veces me pregunto qué entendemos por “buena literatura”. Ya sé que esta discusión la hemos mantenido varias veces y que para gustos, colores, como diríamos coloquialmente.

A partir de esta lectura y de las dos primeras del conocidísimo ya Stieg Larsson y su Millenium, que me bebí -literalmente- creo que no soy una buena referencia literaria para nadie. El primero de Larsson lo “pillé” el verano pasado, en una librería de Alicante. Simplemente, el título me llamó la atención y lo compré. Lo empecé y me duró una semana. Teniendo en cuenta la cantidad de páginas y que yo leo relativamente despacio, me duró muy poco. Se lo pasé a mi marido, a quien todavía duró menos. En un mes empezamos a oír hablar de Larsson y de su trilogía, y pareció que iba a convertirse en un best seller, pero no de aquellos preconcebidos, sino de los que marca el boca-oreja. Para mi que nadie esperaba este triunfo.

Y bueno, ya he escuchado a mucha gente decir aquello de “pero esto no es una obra literaria de peso"

Y yo me pregunto: ¿Cómo tiene que ser una novela para ser una obra literaria de peso? ¿por qué tendemos a rechazar todo aquello que tiene un éxito espontáneo?

En definitiva, lo que quiero decir es que...no soy una buena referencia en cuanto a buenas obras literarias "de peso". Pero me gusta leer. Y recomiendo, para pasar un buen rato a base de entender cierto tipo de sentimientos ajenos, "La amaba". El título original es "Je l'aimée".

27.5.09

La desaparición de la nieve

Manuel Rivas ha publicado el poemario "La desaparición de la nieve", en cuádruple opción idiomática: castellano, catalán, gallego y vasco. Es decir, en el idioma oficial de España y en los otros tres idiomas hablados en la periferia. Una apuesta valiente, sin duda. Así empieza:
.

“Vienen las palabras a reclamar lo suyo, lo substraído”
.

.
No creo exagerado decir que en España son pocas las personas instruidas en los cuatro idiomas oficiales. Desde esta perspectiva, el libro ofrece probablemente bastante más de lo que cualquier lector español le pediría a un poemario. Sin embargo, Manuel Rivas y Alfaguara han optado por esta iniciativa y no por otra. ¿Cuál es el propósito? Quizás seamos muchos los que creemos en el beneficio de la pluralidad idiomática, que siempre suma, porque es una riqueza y no un inconveniente. Con el tiempo, veremos la valoración que se hace desde la editorial.

Por mi parte, he leído el poemario en castellano y en catalán, y como me declaro devota de Manuel Rivas lo único que podría reseñar ahora son alabanzas.
“La desaparición de la nieve” me ha devuelto a la obra del autor gallego, en concreto a “El lápiz del carpintero”. Ha sido mi tercera lectura. De nuevo me ha parecido una novela maravillosa.
Hay un fragmento en el que, mediante la voz del pintor, tenemos noticia de los diferentes colores de la nieve; algo así como cuarenta tonos, todos ellos percibidos por los esquimales, o por los niños, que son capaces de pintar la nieve de color verde…

Del poema Así se hace un poeta,

Y Lela da Pastora
le dijo con llamaradas verdes en la mirada
-¡Nunca dejes de hacer torres en el aire!

13.5.09

Blog – Libro para leer

En la blogosfera se publican a menudo reseñas de los libros leídos por autores de blogs de temática literaria.
Hoy presento una ligera variación: un blog que se lee como un libro.

OJO TRAVIESO, de Lilian Elphick, una colmena de palabras desnudas.

La primera vez que visité el blog Ojo Travieso sentí que me faltaba disposición de ánimo para enfrentarme a unos textos exigentes, a unos relatos bien elaborados, al puro hechizo que me aguijoneaba y me inducía a sentir cuando en realidad yo deseaba desconectar de la realidad. Y no. En nada me vi ya absorbida por las travesuras de un ojo que todo lo ve. Y, pensándolo mejor luego, comprendí que necesitaba precisamente la fuerza y sutil fragancia de aquellas narraciones, su tono poético, el impulso de una narrativa poderosa, la presencia de una escritura de calidad que alienta el amor por la literatura; un blog donde pudiera leer, leer y leer…, descubriendo a cada momento algo inesperado, incluso hasta pude descubrir algo de mí misma: en verdad nunca sabemos dónde encontraremos una réplica a nuestras búsquedas más íntimas.
Por eso, escribo con cariño estas palabras; y agradecida.

Ojo Travieso es un blog indicado para amantes de micro ficciones y cuentos, que L. Elphick escribe con maestría, y poesía; también para quien sienta aprecio por la mitología y la obra de Alejandra Pizarnik.



Nota: en el Instituto de mis hijos celebran estos días la Semana Mundial de la Lectura, y lo hacen aumentando el tiempo de leer en clase.
Le pregunto a mi hijo si la celebración incide en el placer de la lectura antes que en la obligación.
Bueno, un poco sí, dice.
O.K.

1.5.09

Difícil

A raíz de una película que pillé ayer, casi por casualidad, en 8TV, la privada de Barcelona, he decidido releer a Irving. Me explico.

La película en cuestión es "Una mujer difícil", protagonizada por Kim Bassinger y Jeff Bridges. Hará unos cuatro o cinco años que leí esta magnífica obra de John Irving. Confieso que la primera vez que lo empecé, lo dejé al cabo de unas páginas, pensando que no lo terminaría. Necesitaba concentrarme, ya que el tema y la descripción psicológica de los personajes podía conmigo o yo no podía con todo ello. Al cabo de un par de meses lo retomé y lo leí de un tirón. Una buena obra literaria, un gran autor, del que sólo había leído, años ha, "El mundo según Garp", una novela interesante y extraña, que me había dejado un tanto perpleja.

Ahora, después de la película de ayer - que sólo trata de la primera parte de la novela - me han entrado ganas de releer "El mundo según Garp".

No le he leído nada más a irving. ¿Y vosotros? ¿Qué hay de esas dos novelas que os comento? ¿Las habéis leído? ¿Os han parecido interesantes? ¿Algo que decir sobre la forma de escribir de Irving?

Que tengáis un buen día (por aquí, lluvioso)... y no trabajéis, que hoy és día de descanso.

24.4.09

24 de abril

Después de una primavera bastante inestable, con un día tras otro y otro y otro más de lluvia y frío, ayer amaneció por fin un día radiante, de corte veraniego.
El sol animó a la gente a pasear por las calles, y a saturar las librerías. Pero el 23 de abril de este año 2009 ha dado a los catalanes una alegría aún mayor: la entrega del Premio Cervantes a Juan Marsé. Personalmente, me parece un reconocimiento al talento literario, a la escritura de oficio, esa que se escribe sin prisas y cuya densidad se obtiene sólo después de años de ejercicio.

Enlazo el discurso de aceptación aquí.
Por mi parte, a modo de celebración, estoy leyendo Si te dicen que caí.


En fin, sirva este breve post para recuperar la actividad en nuestro espacio Liter, que nunca sabemos de qué va...
...las palabras dirán.

Un abrazo a quien está del otro lado, leyendo.

2.12.08

Tres eran tres...


Se nos hace difícil decirlo.

Las tres componentes de Liter-a-tres, Mati, Elena y Montse, o Frac, Ad Libitum y Arare, como queráis, empezamos esta aventura con muchísima ilusión, hemos continuado con algunos altibajos, como todos los que alguna vez habéis empezado un blog y nos ha llegado el momento de tomarnos un largo y merecido descanso.


Si bien es cierto que alguna vez hemos intentado dejarlo, no lo acabábamos de conseguir (dejar algo que te aporta ilusión, cariño y riqueza cuesta mucho más de lo que parece).
Ahora, y por unanimidad, hemos decidido, si no poner punto y final, sí por lo menos, poner punto y aparte.

Queremos daros las gracias a todos los que habéis hecho posible que este blog se fuera desarrollando. Cuando empezamos, ya lo dijimos: "las palabras dirán". Y bien es verdad que las palabras dijeron mucho. Y aportaron más.


De todo corazón: gracias.

26.11.08

¿Provocación literaria?

imagen de google
Ayer leía en el "Avui" un reportaje que me hizo pensar. Se trata de las opiniones de Pierre Bayard, en una obra donde da muchas razones para no abrir ni un libro. Teoriza sobre cómo hablar sobre libros que no hemos leído.

Así, a priori, parece una tomadura de pelo, pero parece ser que este texto es todo un revulsivo. Que Bayard es un provocador, vamos, y que a pesar de su ácido sentido del humor, Bayard está ofreciendo en realidad, una reflexión lúcida e interesante sobre el ejercicio de la lectura.

Bayard es profesor de literatura francesa en la Universidad de París y psicoanalista. Una de sus frases es "Hablar de libros no leídos supone una verdadera actividad de cración".

¿Habrá que leerlo?
Cómo hablar de los libros que no hemos leído.
(Anagrama- Empúries, en catalán)

19.11.08

Escribir

ERASE UNA VEZ…
(extracto)

rondan
entre cabezas sin cuerpo
las hechuras de algo que huele a
resuello de sobreviviente
a impotencia de los mutilados y
al tufillo que desprenden las criaturas apaleadas
cuando aprenden a caminar como canes

apremia
la necesidad de urdir nuevos inicios
de no mirar más, con el rabillo del ojo, el tiempo
de las cicatrices dibujadas en el abdomen
pues son heridas ya cerradas y sólo algunas supuran
en la espalda hierática, en los pies paralizados y fríos
que suelen andar sin zapatos

asoma
la palma de una mano, que es igual a
la palma de mi mano que es igual a
cualquier palma de cualquier mano
con sus cuatro líneas principales bien marcadas
y otras señales menores casi imperceptibles,
girando sobre sí misma

malvive
esa mano nerviosa, ávida de sustancia y de materia
consciente de que ya no existe,
de que ya no sangra y apenas sufre
entre espera y espera
es, a secas, una protuberancia
la extensión de un azar

existe
ahora, la quimérica unión de un roce imaginario
una fricción virtual, tan real y manifiesta como
el movimiento de la cola de una lagartija
cuyas sacudidas después de la amputación
responden todavía al cuerpo cercenado
¿no son espasmos eso que distinguen los ojos al mirar?

escribe el muñón
un argumento personal ineludible
la esencia dual de la luz, y también suya
una ilusión en la columna de aire
siempre la libre elección de imaginar
un holograma que empieza así:
Erase una vez…



Si me permitís, le hago caso a Elèna. (Montse). Frac, si no te parece bien, tú misma lo quitas, ¿vale?

17.10.08

A veces, en Octubre, es lo que pasa


A veces, en Octubre, es lo que pasa

Cuando nada sucede
Y el verano se ha ido
Y las hojas comienzan a caer de los árboles,
Y el frío oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas
Cuando el cielo parece un mar violento,
Y los pájaros cambian de paisaje
Y las palabras se oyen cada vez más lejanas
Como susurros que maneja el viento,
Entonces,
Ya se sabe,
Es lo que pasa
Esas hojas, esos pájaros, las nubes,
Las palabras dispersas y los ríos
mos llenan de inquietud subitamente
y de desesperanza
No busqueís el motivo en vuestros corazones
Tan sólo es lo que dije:

Lo que pasa


Ángel González

12.10.08

Leer en la playa

Leer en verano requiere concentración. El calor puede convertirse en el peor enemigo para relajarse, pero a pesar de todo, imaginad un atardecer de verano, una ligera brisa azotando los pocos cuerpos que aún restan en la playa, graznidos de gaviotas que se confunden con alboroto de los niños que corren tras la pelota y una cierta paz. Una especie de silencio ritmado. Unas rocas relativamente cómodas para sentarse y un libro de poemas.

Me dan miedo los poemas traducidos. Al mismo tiempo, creo que si no se pudieran traducir las obras literarias, en numerosas ocasiones nos perderíamos algo digno de ser leído. Por esta razón, suelo leer poesía traducida, aunque por lo general me gusta tener al lado la versión original, aunque no pueda entenderla, simplemente para "sentir" la musicalidad de las palabras escritas en el idioma del poeta.

Esa tarde, en la playa, tenía entre mis manos Antología Poética de Adrienne Rich, traducido por Myriam Díaz- Diocaretz y prologado por la misma Adrienne Rich, en una edición de la colección Visor de Poesía. Ya me ha ocurrido otras veces, no sé por qué, pero al comprarme ese libro no me dieron el CD que se suele incluir , con los poemas recitados por el autor... entonces tienes dos opciones: dejar el libro, o comprarlo igualmente, quejándote. La respuesta que me dieron al reclamar el CD fue que seguramente lo habían robado... y no les quedaba otro ejemplar, así que lo compré igualmente... yo tengo esos prontos. Luego pensé "te has precipitado". Pero ya estaba hecho. Total, lo leí, pero no lo pude escuchar.

El texto que he escogido como muestra, más me parece un microrelato que un poema, pero si la autora lo define como poema, dejemos que lo sea.

Dejo un enlace, por si os apetece leer algo más esta autora.

Novela corta

Dos personas hablan ásperamente en un cuarto.
Una se pone de pie y sale a caminar.
(Es el hombre).
La otra va al cuarto contiguo
y al lavar los platos, quiebra uno.
(Es la mujer).
Afuera oscurece.
Los niños se pelean en el desván.
A ella se le ha secado el corazón.
El hombre regresa a una casa obscura.
La única luz viene del desván.
Él ha olvidado su llave.
Toca en la propia puerta
y oye sollozos en las escaleras.
Las luces de la casa se encienden.
La puerta se cierra detrás de él.
Afuera, lejanas como almas,
también se encienden las estrellas.

Adrienne Rich ( 1962)

29.9.08

Cómo ser feliz si eres músico o tienes uno cerca - Guillermo Dalia Cirujeda



El libro trata sobre los músicos, sobre todo lo que hay alrededor de ellos, su formación tan prematura y excepcional, la relación entre el profesor y el alumno, la que existe entre el músico y la sociedad, su familia, su pareja o sobre el fascinante vínculo de amor-odio que surge entre él y su instrumento. ¿Cuál es el más complicado? Salimos en primer lugar los oboístas, claro, que si las cañas, que si la afinación.
¿Qué músicos son los más extrovertidos? Los trompetistas (doy fe). Parece ser que cuando más sonoro es el instrumento, más extrovertido es quien lo toca.
Pero también profundiza en la vida interior del músico, en las interminables horas de soledad a las que se ha de enfrentar, en las características de su personalidad, sus aspiraciones, sus fantasmas interiores, la presión que sufre ante un concierto o sobre las causas de sus esperanzas y de sus decepciones.
Compré el libro porque convivo con dos músicos – mis hijas – y conmigo misma.
Probablemente para alguien que no esté relacionado con este mundo, el asunto le dirá bien poco. Exactamente lo mismo que me diría a mí si estuviera dedicado al fútbol.
El mundo de la música, sus componentes, las relaciones entre nosotros y, sobre todo, los estudios es de lo más desconocido para el resto del mundo.
A la pregunta: ¿qué estudias? Un músico responde: Música.
La siguiente pregunta es: ¿Y qué más?
La consiguiente reacción del músico es de impotencia, de cierta frustración.
Los estudios musicales en España duran, en el mejor de los casos, catorce años para aquellos que se quieren dedicar a esta profesión tan "divertida". Aunque los planes de estudio y los conservatorios parecen estar anclados en siglos pasados. No lo hago extensivo a todos, por supuesto.
Divertida, es. No lo voy a negar. Lo es cuando dominas el instrumento, la partitura, cuando has superado los espesos (muchas veces) estudios teóricos. Los jóvenes que se plantean estudiar en los conservatorios deben bregar con los estudios obligatorios más los musicales. Con lo que nos encontramos con un montón de asignaturas y profesores que te recuerdan que la suya es la más importante.
El libro es muy entretenido, muy didáctico y orienta muy bien a quienes nos movemos en este, siempre sorprendente, mundo. Porque para llegar a subirse a un estrado vestido de frac o con un traje largo (que hay mujeres directoras), y un palito en la mano dando órdenes a una caterva de personajes tocando un instrumento, cada uno a su bola, se necesitan muchos años de estudio, de dedicación y de locura.
Maravillosa locura, por supuesto.

10.9.08

11 - S


tantas evocaciones relacionadas con esta fecha: 11-S, ya mítica por su significación en la hegemonía mundial

1973 - un recuerdo como siempre para el pueblo chileno
2001 - un recuerdo para las víctimas del atentado terrorista en Estados Unidos
1714 - un saludo al pueblo catalán que celebra su Fiesta Nacional

.

PELL CREMADA

que el glaç crema
ho sabíem tots
envoltats com vivim
de gel i pell cremada
finíssima tristesa
que s’abrasa en
la ingrata fredor
d’una llàgrima eixuta
caient al capdavall
d’un òrgan qualsevol
on no hi arriba
quasi mai
l’escalf
un raig de llum
i potser tampoc
l’oblit
.
.
PIEL QUEMADA

que el hielo quema
lo sabíamos todos
vivimos rodeados
de escarcha y piel quemada
finísima tristeza
que se abrasa en
la frialdad
de una lágrima
cayendo hacia
lo más profundo
de un órgano cualquiera
al que no llega
casi nunca
un gesto cálido
algo de luz
quizás tampoco
el olvido

31.8.08

Tener un hijo, escribir un libro,


¿Civilización? (Torrevieja)

Tatuaje en la pared (Granada)
Bestiario (Gaucín)


Un pedazo de infancia (L'Ampolla)

Rincón (Granada)



...Aprender a decir a través de imágenes... ¿será muy difícil?


"Hay todavía otra cosa que me gustaría hacer pero no sé dónde colocarla. Es : plantar un árbol (y verlo crecer) "
Georges perec, en Nací, textos de la memoria y el olvido

11.8.08

La influencia China

Ya está en marcha Pekín 2008. Reconozco que, pese a mis reticencias iniciales, la ceremonia de apertura de los Juegos me pareció magnífica. No desaprovecharon los chinos la ocasión y el 08.08.2008 fue realmente un día de la fortuna: le recordaron al mundo su pertenencia a una cultura milenaria, mostraron el enorme potencial presente que tienen y no minimizaron su más que presumible proyección de futuro.
Aprovecho la coyuntura para comentar dos lecturas de estética oriental: "El libro del te" de Okakura Kakuzo, y "En torno a la literatura" de Gao Xingjian.

El Libro del te, de Okakura Kakuzo


"La filosofía del té no es una simple estética en la acepción corriente de la palabra, puesto que nos ayuda a expresar junto con la ética y la religión, nuestra concepción integral del hombre y la naturaleza. Así quizá el elemento por excelencia es la actitud de los asistentes a la ceremonia, sus maneras, sus palabras, sus vestidos, y todo en ellos refleja una actitud de armonía y respeto, y así algo tan sencillo, tan simple si se quiere, se convierte en la ceremonia de la convivencia, el culto a la cortesía"

"En el ámbar líquido contenido en la marfileña porcelana el iniciado puede gustar la dulce reticencia de Confucio, la agudeza de Lao Tzu y el aroma etéreo del mismo Buda"

"El resplandor del atardecer alumbra los bambúes, las fuentes burbujean placenteras, en la tetera se escucha el susurro de los pinos. Permitasenos soñar con lo que se desvanece y demorarnos en la hermosa simplicidad de las cosas"



En torno a la literatura, de Gao Xingjian - Wenxue de liyou deng wenzhang 文學的理由等文章 / 文学的理由等文章)

“La literatura sólo puede ser la voz del individuo”
"El pensamiento propio de la filosofía occidental tradicional, y en concreto el de la conocida como metafísica, surge de los propios idiomas occidentales, unos idiomas que podríamos considerar analíticos. Pero la estructura del chino, articulada en torno al orden independiente de las palabras, propicia el surgimiento de una metafísica oriental de otro orden"


"El hecho de que la cultura china otorgue menos importancia al razonamiento lógico que a lo espiritual y a lo intuitivo está íntimamente ligado a la flexibilidad de la lengua china, derivada de la carencia de estructuras morfológicas gramaticales. El pensamiento chino reflejado en la lengua rebasa con facilidad toda definición, análisis, deducción o razonamiento para situarse sin rodeos en el juicio y la conclusión"


La exposición de Okakura Kakuzo, en general es excelente. La descripción de algunos pasajes es una auténtica delicia. Pero me parece demasiado tendencioso cuando defiende a ultranza el modelo de pensamiento oriental en detrimento del occidental, al que acusa de no ser consecuente con sus predicamentos. Volviendo al tema olímpico al que me refería al inicio del post, y manteniéndome en las comparaciones de modelos, quería recordar que en las Olimpiadas de Barcelona se dio un movimiento civil de voluntariado que invitó a la población catalana a participar activamente en la organización y desarrollo de los Juegos. En ningún momento se vivió, ni remotamente, una sensación de control ideológico, no se vio al ejército en las calles aunque el tema de la seguridad fue en todo momento prioritario, no hubo represiones ni privaciones de ninguna clase, ni problemas con el idioma que aquí es un tema que se presta a constantes reivindicaciones. Creo que tampoco vimos ejemplos de obediencia y sumisión tal como a veces percibimos en las imágenes que llegan desde China.

El desarrollo de Gao Xingjian en los ensayos de "En torno a la literatura" es más completo, ecuánime y creo que actualizado. Aunque soy una devota del idioma occidental también me declaro ferviente devota de Xingjian a quien admiro desde que vi en Barcelona una exposición suya. Me enamoré totalmente de sus pinturas, así como también del concepto de libertad creativa que pregona, del manejo del yo-tú-él en la narración, del lugar que ocupa el misterio en sus ficciones y del modo en que sabe integrar los valores orientales y occidentales.

24.7.08

SOBRE LOS CARREFURES o un poco de cachondeo veraniego

Pese a mis esfuerzos, y no vanos, en entender la relación que existe entre la felicidad y las compras en un hipermercado un sábado por la mañana, debo reconocer mi fracaso.
Creo que soy una de esas personas que no comprenden que ese sentimiento tan elevado — el de la felicidad — se alberga siempre en las cosas más pequeñas, en los detalles más insignificantes que día a día van moldeando nuestra vida. Como siempre me han dicho que era rara, y yo deseaba quitarme ese estigma, me avine a acompañar a mis amigas a hacer la compra semanal, un sábado por la mañana a una gran superficie.
En el coche, mientras conducía, me prometí no ponerme nerviosa y disfrutar, como ellas ya estaban haciendo, del inicio de la felicidad que se nos avecinaba.
— ¿Lleváis una lista muy larga? — pregunté (bendita inocencia la mía)
Mis dos amigas me miraron extrañadas.
— ¿Para qué quieres la lista?
Me di cuenta entonces de que había tropezado con el primer guijarro en el camino de la felicidad. En estos casos la lista era un añadido, no hacía ninguna falta. Me sentí un poco avergonzada y callé. No les dije — para evitar reincidir en la racanería y en la rareza — que yo soy de esas personas que se preparan los menús semanales y baja a la tienda de la esquina con una listita primorosamente confeccionada que incluye de todo. No me atreví a mencionar que yo soy también de las que inspeccionan de cabo a rabo la despensa, el frigorífico y el congelador para evitar comprar cosas superfluas. Y para que no se rieran también de mí, porque ya se sabe que la hilaridad puede nacer en cualquier detalle anodino, no les confesé, desde el empacho que ya sentía, que yo soy de esas que creen que con una buena organización se puede llegar a ahorrar. Así pues, sonreí y asentí.
— Gira a la derecha, que te pierdes.
Arriba como colgado de una percha del imponente cielo de un sábado del mes de Agosto, sobresalía un cartel indicando la entrada del aparcamiento del hipermercado.


Entrábamos de lleno en el umbral de la dicha. Nos detuvimos en el carril de acceso que daba a la futura entrada al aparcamiento, justo en medio de una rampa de cuyo asfalto ascendía sin remisión una vaharada de calor que inundó nuestros pulmones. Sentí un ligero vahído que atribuí en un principio, siguiendo mi más innato sentido de la lógica, al calor, pero pronto me arrepentí y, aunque sin confesarlo en voz alta, me dije que aquel mareo era el primer empellón de la felicidad que en cuestión de horas — en cuanto lográramos llegar a la puerta del hiper — se sublimaría en mi cuerpo.
Sentirse atrapado en un atasco era lo peor que me podía suceder pero en aquel momento cuando la felicidad estaba a punto de convertirse en algo tangible, empecé a mirarlo desde otro punto de vista. Seguí los acertados consejos de mis amigas y cambié de emisora y al son del ritmo festivalero propuesto por la emisora, ellas comenzaron a agitar sus cuerpos que comenzaban a tener color de carne recalentada en el microondas.
— Así no nos aburrimos — me dijo Merche.
Yo sonreí. Y pensé, aunque no osé decirlo en voz alta, que las oleadas que ascendían por todos los resquicios del coche desde el asfalto nos iban a provocar una lipotimia.
Avanzábamos muy lentamente, como en una procesión de Semana Santa. Por el carril opuesto iban saliendo los coches que abandonaban el aparcamiento del hipermercado, pero para mi desesperación apenas pasaba uno cada cinco minutos.
He de reconocer que mis amigas venían bien pertrechadas para estas situaciones. De sus amplios bolsos — no exiguos como el mío — aparecieron revistas del corazón, walkmans (no sé para qué si la radio estaba a toda pastilla) y abanicos de restaurante chino. Yo, como es normal, quedé en ridículo pues sólo tenía a mano unas cuantas hojas de propaganda del dichoso hipermercado con las sorprendentes ofertas de 10 x 1 que sin compasión alguna nos atarugan los buzones. Me repasé una y otra vez los llamativos precios que me sugerían las cromáticas hojas de papel, mientras cada cinco minutos soltaba el freno de mano, ponía la marcha y el coche avanzaba en un trompicón los escasos diez metros que lográbamos recorrer.
Calculé, sin ser esta disciplina en la que más brillo, que a este paso y según donde estábamos — a mitad de la rampa todavía — tardaríamos una hora más en alcanzar nuestro objetivo. El cuerpo se me resintió, no sé si debido al calor o a mi necedad por no comprender que estaba en el camino de la dicha.
Miré el reloj: las doce del mediodía. ¡Dios mío!, me dije, había salido a las nueve de mi casa, a las nueve y media había recogido a Merche y a las diez estábamos las dos esperando a que Luisa terminara de colorearse la cara como si se fuera de fiesta. De repente me vino a la memoria una frase a la que no había prestado atención pero que sin querer se había incrustado en mi mente: "Comeremos cualquier cosa en la bocatería del centro comercial, cariño", le dijo Luisa a su marido que nos despidió con un sonoro bostezo y un gesto de asentimiento. Ahora comprendía. Incluso si seguíamos así podríamos ver una película y dormir en el aparcamiento.
A la una, después de aparcar de mala manera, en una plaza estrecha y lejos del techado — que hubiera evitado que el coche se derritiera — bajo la losa de rayos solares que socavaban el asfalto, abrí la puerta del coche. Mis amigas salieron con la euforia de un primer día de colegio; a mí me dolían hasta las pestañas, la cara me brillaba como si me la hubieran lustrado y unos hilillos de sudor habían formado una hendidura en la piel de entre mis pechos. Me pesaban las piernas, una — la derecha, — agarrotada a causa del pedal del acelerador. La otra, la que me quedaba, simplemente dormida. Por suerte la cabeza no me daba vueltas, sólo la presentía crecida como una calabaza, pero me dije que aquello eran los primeros indicios de la felicidad. En medio de la algarabía de la gente que salía a borbotones por entre las fauces abiertas del león cuyas tripas estaban abarrotadas de felicidad, mis amigas y yo fuimos a coger un carro. Ninguna llevaba la moneda de euro o cincuenta céntimos necesaria.
— Mira que te lo tengo dicho, Luisa, siempre nos pasa lo mismo.
Yo, con el ánimo dispuesto a todo, saqué del fondo de mi bolso un aparatito plano que sirve a la vez de llavero y es un sustituto perfecto de cualquiera de ambas monedas. Ya decía que soy muy organizada.
El sol caía como una condena, pero soportable, puesto que era el paso previo a la placidez que íbamos a encontrar en las tripas del león. Me fijé entretanto en los rostros con los que me iba topando para leer en ellos, en sus arrugas, los símbolos de las sensaciones que me aguardaban. Ante la entrada, las fauces se abrieron de par en par y el aliento helado que expelían las tripas de este hormiguero humano nos alcanzó de lleno en el cuerpo.
— Esto es la antesala del cielo — dijo Merche entrecerrando los ojos mientras empujaba el carro.
Una vez alcanzadas por el toque de gracia de las primeras exhalaciones, nos internamos en aquel triperío dominado por seres como nosotras, dirigiendo unos carros metálicos de ruedas ingobernables. Mis amigas, para quienes aquel lugar carecía de secretos, dirigían la aventura con decisión firme.


Yo había estado varias veces en este lugar, u otros parecidos, porque todos son iguales: escaleras mecánicas, tiendas, más tiendas, ofertas, cines, cantidades ingentes de comida o de cualquier otro producto, todo lo que puedas imaginar, lo más inverosímil, lo más innecesario o lo más inútil, pero donde te puedes dejar el sueldo del mes como más te apetezca sin necesidad de salir de allí. Yo, como ya he dicho, había ido pero, tonta de mí, a unas horas un tanto extrañas — víctima como había sido hasta hoy de la rusticidad — a unas horas en las que el león estaba inapetente y tenía las tripas vacías, horas en las que circulábamos cuatro infelices con cara de pardillo como yo con los carros apenas cargados.
A ciegas, dejándote llevar sólo por el olfato, sabes que entras por el acceso a los detergentes, las cajas se amontonan en un alarde de trapecismo. Nada más entrar fuimos abordadas por una criatura angelical en cuyo cuerpo se había impregnado aquel aroma, y que hizo unas piruetas a nuestro alrededor, deslizándose sobre patines y ofreciéndonos en una bandeja unos sobrecitos de muestras. La verdad es que la chica era muy mona y para no contrariarla cogí uno de ellos.
— Con todas las muestras que tengo — dijo Luisa — tengo para poner lavadoras durante dos semanas sin comprar un tambor de detergente.
Proseguimos nuestro periplo por pasillos de ida y vuelta haciendo intentos para no tropezarnos con los carros que venían de frente.
Al doblar una esquina, justo en la bifurcación de las calles, había un monumento al aceite de oliva virgen de 0,4º que estaba de oferta porque seguramente en Europa no se vendía bien. Mis amigas, haciendo gala de una destreza inimaginable a nuestra edad, se enzarzaron a mordiscos con una señora redonda que pretendía arrebatarles las diez botellas que ya tenían seleccionadas.
Yo me iba dando cuenta de que por debajo de mi aspecto de señora de clase media liberada y con sueldo propio, subyacía una educación austera. Me preguntaba qué iba yo a ahorrar si me llevaba semejante cargamento a casa. Cogí dos botellas cuando la ola humana que pretendía arrastrarme se ahogó en otro monumento semejante, esta vez dedicado al chorizo ibérico de pata negra, donde por supuesto estaban mis amigas.
De nuevo una señorita muy mona subida en unos patines de ruedas rojas vino hacia nosotras con una bandeja en la mano y nos ofreció una degustación de quesos de polímero holandeses con sabor a plastilina masticable. Estaban de oferta en la sección de charcutería en la semana de Holanda, nos dijo con acento empalagoso.
Las ruedas del carro chirriaron en el linóleo y de los pies de mis amigas las chispas saltaron por doquier. En un periquete atravesaron tres pasillos saturados de señores en bermudas, camisetas de tirantes, sandalias de colores chillones, varios de los cuales estaban entablando una conversación por el móvil con algún congénere, al tiempo que entorpecían el paso del resto de compulsivos compradores.
Merche, para cuando yo llegué empujando el carro, ya había adquirido la oferta del queso plastificado — diez quesos de diferentes tamaños y forma, con aparente textura — que después repartiría entre la familia. Cogí uno de aquellos quesos, el más llamativo, que tenía forma de molino, y leí la etiqueta "Fromage d'Hollande". Fabriqué en Calasparre". Ya no me interesé por el precio. Y además empecé a dudar que lo que yo sentía eran los prolegómenos de la felicidad. ¿Por qué, dónde estaba esa sensación etérea, cuándo se lograba?
Por los altavoces, una voz metálica anunció que en ese mismo instante, en la sección de lencería comenzaba la oferta de ropa interior a 9,99 euros.
Me vi asaltada, en sentido literal, por la multitud de carros, incluidos los de Merche y Luisa que surcaron el linóleo en pos de semejante oferta. Yo les seguí como Dios me dio a entender, mientras recapacitaba e intentaba recordar a quién de mi familia le hacía falta ropa interior. Quizás a la pequeña, me dije, como está creciendo, no estará de más que le compre ahora algo ya que está de oferta. Tardé tanto en repasar el ajuar casero, que cuando llegué ya no quedaba nada, excepto las tallas para hipopótamos. Bien, me consolé, iré a la tienda del barrio y quizás encuentre lo que necesito.
En ello estaba cuando regresaron Merche y Luisa radiantes de satisfacción. Al fijarme en el arrebol de sus rostros, sus peinados desarbolados como velas destroncadas por un huracán, y sobre todo por sus carros rebosantes de productos repetidos, se me cayó el alma a los pies. Miré mi carro y los suyos, alternativamente. El mío resultaba penoso, escuálido, como de pobre. Ellas me leyeron el pensamiento y me miraron. A continuación se miraron entre ellas para devolverme una mirada conjunta que transmitía compasión. Jamás iba a alcanzar la dicha si continuaba por este camino. Era incomprensible mi cabezonería, parecían querer decir.
Eran las tres del mediodía. Hacía dos horas que estábamos allí dentro y yo tan sólo había comprado el aceite, unos botes de tomate y un lote de papel higiénico de 36 rollos. No tenía ni siquiera apetito, sólo deseaba marcharme. Veía con claridad el futuro: nos íbamos a juntar con el turno de tarde, ese que empieza momentos después de acabar la película, y ese turno es más laborioso, si cabe, porque vienen descansados después de haber hecho la siesta y han comido pizza o macarrones y ya se sabe estos dos alimentos poseen una dosis extra de proteínas. Mientras pensaba todo esto y el terror me iba subiendo o bajando como una procesión de hormigas por el cuerpo, yo seguía a mis amigas por los pasillos que recorrían más deprisa que yo, cogiendo de ambos lados los productos en oferta.
Andaba tan abstraída que ni me fijé en que ellas iban llenando mi carro con lo que se les ocurría. Pasamos por la sección de carnicería, por la pescadería, por la frutería, y allí cogí dos pimientos rojos de plástico acharolado.
— Creo que ya está todo — dijo Luisa — ahora vamos a tomar un bocata.
Eran las cinco y estábamos a punto de alcanzar el éxtasis. Las colas alcanzaban el infinito del hiper, uniéndose entre ellas como las colas de un dragón.
A las siete alcanzamos finalmente el punto de caja donde una señorita recogía nuestros artículos y los pasaba por el lector de códigos. Las cintas de papel salían escupidas por el rabillo del ojo de las máquinas registradoras.
¡Ah! supe, vi, toqué, alcancé el gozo supremo, la felicidad gloriosa. Eran las siete y media. Mi estómago crujía como una madera carcomida, me habían regalado un móvil al comprar un jamón portugués, y la cajera me dio la nota.
De aquel estado de sublimidad sólo recuerdo un cielo blanco y un viaje astral. Y de él me quedan unas moraduras en las piernas y en los codos y la tranquilidad de que hoy salgo del hospital.


© Elèna Casero

16.7.08

Poeta de mendigos: Tom Waits

Estuvimos allí, en el concierto que Tom Waits ofreció ayer en Barcelona.
Poeta Waits.
Parafraseando a un crítico que admite la disolución de su papel en tales circunstancias: ¡vaya ceremonia! amigos, ¡qué descanso!
Con su música llenando los espacios de mi casa, -como siempre, pero hoy con la complicidad de una presencia que todavía percibo tibia- aprovecho la ocasión y este espacio literario para publicar una reseña del libro "Tom Waits, conversaciones, entrevistas y opiniones”.




Escrito por Carlo Giordano

En Italia, a los escritores políticamente incorrectos los llamamos i poeti maledetti. Tendría que sumergirme en los abismos de nuestra historia para encontrar el origen de esta tradición, pero el término se acredita desde lo pronunciamientos de Ferlinguetti y otros beatniks. Si la biología hubiese permitido a William Burrough y a Allen Ginsberg tener descendencia común, ese podría haber sido Tom Waits, o lo que es lo mismo, un poeta maledetto si bien al más puro estilo americano.
La lectura del libro “Tom Waits, conversaciones, entrevistas y opiniones” es poco más o menos como la cata de un vino italiano: se destapan sensaciones ostentosas con los primeros asaltos visuales y olfativos, en el paladar se presenta agridulce y termina mostrándose áspero en el regusto.
En esencia, nos presenta a Tom Waits como una heterogénea visión de él mismo, tan caótico como predecible, tan absurdo como convencional, contradictorio y fuertemente recomendable. Sus seguidores hemos respirado en su música los últimos humos del bebop que cegaron a los poetas beat junto con el blues, el rock, el punk o el folk. Su sonido es atemporal, abstracto y disonante. Sus letras insolubles. Cuidada es su imagen de despeinado baladista alimentado de bourbon, agarrado a un piano, con barba de dos días y guarecido por un sombrero de fieltro polvoriento.
Artista insondable, poeta de mendigos, heredero de hipsters. Bebe de la misma fuente que Wolfe, Faulkner o Steinbeck. Se siente como Whitman, como Ginsberg o como Mingus y aspira a ser un Bukowski (su novelista preferido junto a Borroughs) o un Louis Armstrong. Muchos lo definen como antihéroe, filósofo ingenuo, paranoico o charlatán de feria, pero en su currículo hay más de 20 álbumes, algunos premios y apariciones más o menos afortunadas en un puñado de películas. Recuerda cuando fue telonero de Zappa y de los Stones (Keith Richards ha participado en alguno de sus mejores discos), cata con orgullo sus canciones versionadas por Springteen, Rod Steward o Patti Smith, y asiente la idolatría de Beck y el ser autor de culto para los insatisfechos del pop.
En el libro, Tom Waits ofrece entrevistas y largas conversaciones con algunos de sus compañeros de carretera, como el director de cine Jim Jarmusch o el músico Elvis Costello. Los lleva por callejones estrechos a tugurios deprimentes, salones traseros, bares destartalados y hoteles baratos. Sus respuestas son alocadas y están llenas de frases sin sentido, eso es lo que se espera de él. Se interpreta a si mismo y a los chiflados y vagabundos que pasan por sus canciones. «¿Por qué aguantarlo? -dice uno de ellos-, porque puede mostrarte lo que ya sabes y hacer que creas nuevamente en ello.»
Tom Waits siempre anduvo alejado de la manada. Nada es sagrado para él, pero como la mayoría de la gente a la que encuentra en su camino, tiene un código ético. Desconfía de la tecnología (golpeará con un palo antes de encender un aparato) y su música no es el estereotipo para las radios de rock. Curiosamente, Bone Machine, el disco más difícil de entender, es el que recibió uno de sus dos premios Grammy. Entonces, la revista Rolling Stone resumió su carrera en una frase: «durante más de 20 años, Tom Waits ha sido el cronista de los grotescos perdedores del submundo sórdido». El otro Grammy lo ganó por Mule Variations, quizá su mejor trabajo, un álbum que resume su trayectoria por el mundo de la música, con blues fantásticos cargados de sabor rural, alusiones políticas, detalles autobiográficos y ruido organizado.
Lo que lo hace tan valioso, y continuamente atractivo para generaciones de oyentes que buscan algo no convencional es, aparte de su sentido del humor, su inquietud por obtener la belleza de la vulgaridad y la desesperación. En sus canciones teje las fantasiosas aventuras de vividores, borrachos, excéntricos y vagabundos que nunca andan lejos del amor o de la muerte. «Me gustan las melodías hermosas que cuentan cosas terribles», dice Tom Waits.
Se refugia en un lugar celosamente guardado de Sonoma Valley donde ensambla sus múltiples personalidades: padre de familia, narrador de historias, poeta de taberna. Como él explica, vive en su desorden bipolar. Tampoco pretende resolver el viejo dilema americano de deambular o echar raíces (“Todo lo que has amado es todo lo que posees”, dice), sólo procura encontrarse con sus chirriantes, desarregladas y polvorientas epifanías. Su mujer, Kathleen Breennan, por cierto, también es su productora y coautora.
En algún momento del libro alguien escribe que Tom Waits «sería el Springteen de EEUU, si EEUU fuera una tierra desahuciada y extraña llena de monstruos de circo». ¿Es que no es así?


Por cierto, tengo entradas para el concierto de Bruce Springsteen el domingo en Barcelona... Todo pillado al vuelo y al más puro estilo Waits. Generosa vida. ¡Salud!