¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

21.7.06

LINCOLN CENTER JAZZ ORCHESTRA

El domingo pasado tuvimos el placer de escuchar en directísimo a la Lincoln Center Jazz Orquestra, comandada como es habitual por el trompetista Wynton Marsalis.
Era la tercera vez que íbamos a escucharlos. Este año el concierto se celebraba al aire libre, en un parque-auditorio en la población de Burjassot en València.
Allí estábamos, emocionados y contentos. El evento en sí comenzó con la actuación del pianista italiano Fabio Miano, componente del grupo Kirk McDonald Quartet, que nos gustaron mucho, por cierto. Estaban finalizando su actuación cuando el cielo empezó a cubrirse de una espesa capa de nubes blanquecinas que no presagiaban nada bueno. Al fondo de ese cielo los relámpagos iluminaban la noche.
Al término de la actuación del cuarteto comenzaron a caer unos gruesos goterones sobre el escenario que no tenía protección alguna. Todos observábamos el cielo con inquietud y las gotas de agua, como duros viejos, seguían cayendo. Los integrantes de la Lincoln Center comenzaron a recoger atriles, partituras, desmontaron la batería, taparon el piano de cola y el equipo de sonido y todos supusimos que no tendríamos el placer que habíamos venido buscando. Tras dos comunicados que aconsejaban esperar hasta que la lluvia pasara, mediante un tercer comunicado nos dijeron que el Sr. Marsalis había decidido dar un concierto de calle, tal como se hace en Nueva Orleáns. Los aplausos atronaron más que los truenos.
Montaron la batería debajo del entoldado que protegía al público de la lluvia y Wynton Marsalis y su trompeta, seguido de Carlos Henriquez y su contrabajo y de Ali Jackson y sus baquetas comenzaron a improvisar. La gente se arremolinó a su alrededor, mis hijas se sentaron en el suelo para ver de cerca de los músicos. A los pocos minutos llegó el resto de la orquesta con sus instrumentos, hicieron un corro y se unieron a la música. En principio pensamos que se limitarían a concedernos unos minutos de actuación, lo suficiente para que el público no se alborotara y reclamara el dinero de su entrada. Nos equivocamos. Al cabo de un cuarto de hora los ayudantes trajeron los atriles y las partituras y ante el encantamiento general, DIERON EL CONCIERTO ENTERO: DOS HORAS haciendo un corro, de pie, cantaron y nos deleitaron con risas, bromas, magníficos solos tanto de Marsalis como de los componentes de la orquesta.
Vicent Gardner, por ejemplo, hizo varios solos de trombón que nos pusieron los pelos de punta. Nunca, y eso que soy músico, había escuchado en directo unos pianissimi tan logrados y tan difíciles.
Dan Nimmer, el pianista, en vista de que no podía tocar nada, le quitó la trompeta a Markus Pintup y se puso a improvisar. La salva de aplausos fue magnífica.
Wynton Marsalis dirige a la orquesta con la mirada, con la sonrisa, y con la gran complicidad que existe entre todos ellos.
Al final, gracias a la amabilidad de Carlos Henriquez mis hijas entraron a los vestuarios y se volvieron a hacer fotos con los músicos. Cada una con su preferido. La mayor (saxofonista) con Ted Nash – magnífico saxofonista, flautista y clarinetista. La pequeña (trompetista) con el amor de su vida: Wynton Marsalis.
El resto nos fuímos a casa envueltos en la nube del sonido.

3 comentarios:

El Canilla dijo...

muero de envidia

Anónimo dijo...

Esto es jazz en estado puro, la esencia del jazz... la improvisación en las calles, en los clubs. Oooohhh, es una experiencia impagable!!!

Yo tb muero de envidia!

Anónimo dijo...

Lo que más me impresiona de una magnífica actuación en directo de jazz, como la que nos cuentas, es la complicidad. El dirigir con el sentimiento y la empatía.
Es sensacional observar la sintonía de sentimiemtos. Las buenas sensaciones se multiplican y llegan al público de manera clara y nítida.
Repito, es sensacional!!

Qué suerte la tuya. Yo he disfrutado leyéndote. Gracias.