La palabra es un don, pero como muchos dones que se tienen, poco apreciado. La palabra es un vínculo. Los vínculos unen o desunen, se afianzan o se rompen. Y ese es el poder de la palabra.
La gente con mente matemática desentraña los números, hace malabarismos con ellos, los sube, los baja, y los trata como si fueran de la familia. Y a mí me admira esa versatilidad del guarismo.
Hay palabras hermosas, por eso no entiendo el afán destructivo contra ellas. Me molesta escuchar una palabra mal dicha, excepto cuando se dice adrede, o una palabra fuera de contexto, o mil y un palabros que nada significan pero son modernos.
En mi casa se inventaban palabras para algunos objetos. Yo creía que eran del uso cotidiano, que todas mis amigas y amigos las decían en sus casas. Cual fue mi sorpresa al comprobar que nadie sabía qué era un andalé o un bengalero. Porque en mi casa los abrigos, los paraguas y los gorros se dejaban colgando del bengalero que había en el recibidor: un armatoste oscuro, feo, con el fondo tapizado de brocado rojo que, en realidad, no era otra cosa que un perchero de aquellos que se ponían arrimados a la pared.
Mi abuela pasaba el andalé por el suelo: Una mopa casera que consistía en un viejo palo de escoba (de madera) a cuyo extremo se anudaban tiras de sábanas viejas que se humedecían antes de pasarlas por el suelo.
Mi bisabuela, aparte de utilizar cenojiles, venía a mi casa para ver si nos había sobrado algún zurumil de pan. Desconozco si existe esta palabra, o si mi bisabuela la decía tan mal que existe en el diccionario y no la encuentro. Pero, si no recuerdo mal, venía a significar cantero de pan.
Estas y otras palabras, algunas del castellano antiguo, ligeramente retocadas, fueron conformando mi aprendizaje y mi afición posterior por ellas y su significado.
El último café
Hace 5 semanas
3 comentarios:
Yo de pequeña también inventaba palabras :) Recuerdo una, concretamente, "Tunisis", dirigida a mi prima. No me preguntéis por qué la llamaba así. Pero mi prima Maite era "Tunisis" y lo fue durante muchos años, hasta que se me pasó la manía.
Magnífico post. Sin duda está escrito por alguien que ama las palabras.
Me gusta vuestro blog
Quark
Un abrazo, desde Bs. As. A mí me gustan el trabajo con las palabras, a veces me doy cuenta que suele ser más fácil romperme una mano que romper su significado, me desespera no poder manipularlas a mi gusto, estructurarlas según las reglas que trato desesperadamente de hacer carne o memoria. Para mí el andalé es un "lampazo", pero me hubiera gustado tener una abuela que lo llamara de otra forma.
Cariños
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