¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

4.4.06

Escribir, ¿para qué?

Esta reflexión viene a raíz de otra reflexión. La que se formula Arare en su blog "Desde el meu mar".


García Márquez dijo aquello de "escribo para que me quieran más mis amigos" parece ser que es el remate a la frase de García Lorca "escribo para que me quieran".
Y el resto de los mortales ¿por qué escribimos, con qué fin? No lo sé, lo desconozco, lo que está claro es que el medio es la escritura, pero los fines son diversos, contradictorios y tan complejos como el alma humana.
No dudo que los amigos pueden querernos más por escribir, sobre todo, si lo escrito es bueno o con intenciones de serlo. Pero tampoco pongo en duda que los enemigos, o los menos amigos, puedan quererte menos por ese mismo hecho.
Durante los múltiples virajes que la vida va dando, los conceptos cambian y quedan obsoletos en poco tiempo. La escritura no se ha librado de ello. Es lógico que hoy haya más escritores que antes, más aficionados a hacer de ese concepto un oficio, o de ese oficio una utopía. Nuestro nivel cultural es muchísimo más elevado. En la actualidad cualquier persona con unos estudios medios se siente capaz de plasmar en esa fatídica hoja en blanco sus pensamientos, sus investigaciones históricas, la novela de su vida o sus interesantes memorias, léase presidenciales, políticas, amatorias o difamatorias. Muchos años atrás el oficio de escribir, la literatura en sí estaba destinada tan sólo a aquellas personas que tenían ese don especial. Hoy parece que lo tenemos muchos, incluso demasiados, como esos famosillos que se apuntan al carro de la publicación con el tema que sea: cocina, modales, frases, cuentos para niños, o recetas sexuales.
Yo no escribo para que me quieran, pero si me quieren mejor. Todos escribimos para que nos publiquen, para que nuestra obra sea divulgada porque pensamos que lo que decimos vale la pena ser leído.
Escribo porque no sé no hacerlo. Porque puedo pasar días sin decir nada, sin escribir una sola línea, pero en mi cabeza, en la trastienda del cerebro se van cociendo las ideas, los personajes, a veces tardan meses en salir a la luz como si se gestaran a sí mismos y, cuando se sienten completos, llaman a la puerta y dicen: ya estamos aquí, ponnos una vida. Algo así decía Paul Auster.
He transformado mis fantasmas en personajes lo que me ha proporcionado serenidad. La escritura hace que te sigas manteniendo cuerdo o que no pierdas la locura. ¿hay alguien cuerdo que siga escribiendo?
Disfruto y sufro peleándome con las palabras. Veo al escritura como una obra de albañilería: construir una frase tras otra, desde los cimientos del papel en blanco, hasta la construcción del mismo techo donde ponemos la veleta que señalará el Fin de la historia.
Si la suerte acompaña y ves que tus fantasmas se han convertido en personajes literarios, con entidad distinta a la que tenían, acomodados en una historia y encuadernados en un libro, tus amigos te alabarán, los menos amigos te dirán que tu novela está bien aunque no sea para Nobel, o le buscarán pegas para que tu boca no se llene sólo de miel, y bastantes te ignorarán. Tengo esa certeza porque lo he vivido en mis carnes.
Pero por ello y pese a ello, la ilusión persiste. Y no es la escritura el único arte que lo sufre. Hay están pintores, escultores y músicos. Sin duda, ellos dirían lo mismo. Artistas que han visto que su obra ha sido denostada durante su vida y después, una vez muertos, son inconmensurables. Ironías del destino.
Sólo tengo algo medianamente claro: me gusta escribir y, por encima de ello, la música.
Ese es otro tema.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta la sensación de compañía que aporta este post.

Es necesaria una buena dosis de coraje para dedicarse al oficio de escribir y compartirlo con gente afín ayuda mucho.

Para mi escribir es inevitable.
Saludos!

Anónimo dijo...

Puede que alguien, sobre todo joven, crea que si escribe, canta, juega a futbol, le van a querer más o va a ligar más. A veces sucede justo lo contrario, la envidia es un defecto muy humano, la injusticia del azar, que no trata a todos por igual, la fomenta. Recuerdo unos versos que decía una amiga mía, no sé de quién son, me gustaria averiguarlo:
Nunca le cuentes a nadie
el secreto de tus penas,
que el que está alegre, se ríe,
y el que está triste, se alegra.

De los éxitos personales, pues, no todo el mundo se alegra, menos aún los que cultivan las mismas artes, sean literarias o amatorias.
En fin, paro, que me estoy enrollando demasiado.