Cada estación del año trae distintos recuerdos. Cada estación tiene sus propios olores, sabores y matices.
El verano siempre me devuelve a la infancia, a distintos períodos de la adolescencia. A los meses de vacaciones.
El calor. Su pesadez hace que todos los olores se espesen, se reconcentren en sí mismos.
Los sábados y los domingos íbamos a la playa. Tomábamos el tranvía, a la Malvarrosa, como la novela de Manuel Vicent cuyo texto tanto me aproximó a mi propia vida. Mi madre nos preparaba el bocadillo del almuerzo (puntualizo, en València almorzamos a media mañana, y suele ser un bocadillo o entrepà) que normalmente consistía en atún con olivas, o tortilla de atún, o anchoas — cosas frescas para combatir el calor— y algún melocotón. El tranvía iba atestado de gente, dentro y colgados en las barras de fuera manteniendo el equilibrio pese al sudor de las manos. Lo peor era cuando el tranvía enfilaba la Avenida del Puerto, larga, interminable, lento el discurrir del tranvía que cada vez iba más cargado. Nos apretábamos todos entre bolsas, sillas plegables, unos que subían, otros que pretendían bajar. Mi tía y su amiga nos protegían a mí y a la otra sobrina de moscones de manos largas. Cuando ya conseguías atisbar la torre del edificio principal del puerto, nueva parada, ésta indescriptible e incontrolable. La vía del tren de Barcelona atravesaba por la Avenida del Puerto, bajaban las barreras y todo el tráfico se detenía sin saber cuándo se iba a reanudar. Si había suerte y era el tren de pasajeros, la parada no era demasiado larga. Sin embargo, si el convoy era de mercancías, mejor era ponerse a rezar porque nunca sabíamos cuando iba a terminar de pasar. Veías vagones y más vagones de camino a los Altos Hornos de Sagunto. La gente bajaba del tranvía, paseaba y cuando arrancaba, se volvía a subir.
Ir a la playa se convertía en una odisea, teniendo en cuenta que íbamos tan sólo para unas cuantas horas porque volvíamos a comer a casa. El regreso, con el cansancio de las horas al sol y en el agua era mucho peor. Sudados, llenos de arena hasta en el más recóndito lugar del cuerpo, con el picor del salitre en la piel, los olores diversos, dispersos a lo largo del tranvía, que te mareaban y de nuevo hasta los topes. Finalmente, llegábamos. Mi madre tenía preparada ya la comida. Generalmente, paella. Otras veces ensaladilla rusa fresquita. Y si se sentía festiva, canelones.
Lo mejor era la siesta. Yo me tumbaba en medio del pasillo de mi casa, donde corría el aire. Hasta que me dormía me parecía sentir el placer de dejarse mecer por las olas, el cuerpo ligero, flotando, perdiendo consistencia hasta que se cerraban los ojos.
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7 comentarios:
Pues yo tengo un estupendo recuerdo de un verano en Algemesí.
Mi primer encuentro con las ranas y sus vástagos :)
Venía del asfaltado Madrid; mi paisaje era la Sierra, allá lejos, los castaños de indias de la calle Princesa y alguna visita al Parque del Oeste o al Retiro.
Y, de pronto ¡oh..., la vida palpitando en una charca..!
Y por encima de la cabeza los naranjos con flores y frutos, todo a un tiempo. Y el agua corriendo por las acequias, donde podías meterte y andar con agua hasta los tobillos y a cada paso, entre la maleza, escapaban los saltamontes y si te sentías lo bastante heroíca hasta podías subirte a un árbol propicio.
Me pondría a llorar de felicidad por el recuerdo, pero tengo que ir a trabajar y no queda bien llegar con la nariz como un pimiento :DDD
Gracias por remover un poco lo que quedó de la infancia. El único lugar donde se puede ser feliz, que dijo el filósofo. O algo parecido.
Abrazos
Como soy urbanita 100x100 nunca he cazado ranas. Me pregunto: Una vez las teníais, ¿qué hacíais con ellas? ¿las volvíais a soltar? ¿os zampabais sus ancas en una sopita? ¿las torturabais? ¿no, verdad? No sé, es q tengo curiosidad...
Y ahora m da rabia haberme perdido esto, pq si decís q ya no quedan... Bueno, si alguien ve una q m avise, q voy a por ella... :-)
Saluditos!
xuxi: nunca cogí una rana, más que nada porque ellas eran más rápidas que yo, pero con los renacuajos era otra cosa. Te preparabas en casa un recipiente grande, a ser posible de cristal, lo llenabas tres cuartas partes de agua y ponías dentro unas piedrecitas o algo; un acuario en rústico, vamos. Luego cogías unos cuantos renacuajos de la charca, que eso era fácil, y los metías en el recipiente. Los alimentabas a base de hojas de lechuga, que se pudría de inmediato (y el agua apestaba) y en el caldo verde que se formaba, los renacuajos vivían como en el Ritz, más o menos. Luego de unos pocos días, empezaban a salirles las patitas de atrás al tiempo que la cola menguaba y el cuerpo se ponía cuadradito. Más tarde, les salían las patas de delante y en ese momento había que ponerles piedras que sobresalieran del agua para que pudieran ejercitarse como anfibios. Luego, cazabas alguna mosca y se la echabas en el agua. Proteinas, ya sabes. Y cuando a las ya ranitas, solo les quedaba un milímetro de cola, cogías el recipiente, te ibas a la charca y lo volcabas todo dentro, con la esperanza de que cuando volvieras las ranas te reconocieran y vinieran a agradecerte tus cuidados, las hojas de lechuga, las moscas, las horas de contemplación de su metamorfosis y con la secreta esperanza de que alguna fuera un príncipe encantado ( los chicos esperaban princesas)
Te diré que algunas ranas quedan, Y si no me crees sólo tienes que pasar una noche veraniega en algún hotel cerca de los campos de golf de Mazarrón o La Manga y a ver si eres capaz de dormir entre !croac! y ¡croac!
:DDD
No soporto ni la visión de las nacas de rana ni congeladas..! ¿Y si fueran las de alguna descendiente de las que criamos mis hermanos y yo en Algemesí...?
¡Uffff...!
Abrazos
ancas, no nacas, se entiende
:DDD
Oooooh trencitas, m ha emocionado tu historia! Entonces tu no cogías las ranas (pillabas pa los argentinos), agarrabas las crías pq eran las únicas q s dejaban... ji ji... bueno, luego las mimabas mucho, ya veo, en ese caldo q debía pegar un pestazo q t mueres... Tu madre estaría contenta la mujer:-)
Pero mira, m han entrado unas ganas d hacerlo. Estoy pensando q mis suegros tienen como un estanque en el jardín, pues mañana mismo les robo cuatro o cinco crías d estas y las pongo en un bote d vidrio. ¿Y comen lechuga, dices? No comerán mucho, ¿no? A ver si m voy a quedar sin ensalada... :-) Y para pasar d renacuajo a rana ¿cuanto tiempo necesitan? Es q m da miedo luego cogerles (tomarles) demasiado cariño y no quererme deshacer d ellas, pq les pienso poner nombre y todo...
Bueno, no sé, ¿tu crees q mis hijos van a pensar q m he chalado? Es q ahora q m acuerdo, hace tiempo m vinieron con un tarro d cristal con los bishos estos y a los cuatro días como dices tú, el agua estaba verde y apestaba, así q yo monté en cólera, pero, no sé, tú lo has contado tan bonito...
Bueno, si m decido t cuento.
Y tienes razón, todavía quedan, pq si las ranas son las q hacen "croac" en el pueblo donde vivo hay. Es q yo creía q eran los del ayuntamiento q por las noches ponían un compact disk pero va a ser q no. :-D
Gracias por la info, guapa!
xuxu; tus hijos pensarán que eres una madre tela de enrrollada :)
No estoy segura, porque depende de cuando hayan nacido, pero creoq ue unos 15 días será suficiente para verles las patitas traseras.
En cuanto a lo de cogerles cariño, es inevitable, pero no hay mas remedio que devolverlas al charquito, so pena de muerte para ellas.
Ya me contarás como fue el experimento :DDD
*
liter-a-tres; creo que la fascinación estriba en que puedes ver la transformación. O que sabes que esa transformación se realizará y confían, con la impaciencia infantil, que cuando vuelvan a llenar la bolsa con sus renacuajos correspondientes, ya se habrá producido.
Como cuando esperas a que un pollito acabe de una vez de romper el huevo y puedas verlo aparecer tambaleante.
O será otra cosa :DDD
Abrazos
Vale, trenzas, mil gracias. T prometo q si llevo a cabo el experimento, t cuento.
A propósito, he echado un vistazo a tu blog -cotilla q es una- y se deja leer, en serio, está muy bien. T felicito!!!
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