¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

4.5.06

Lluvia

De unos años a esta parte la lluvia me provoca nostalgia. La clave de este hecho está en la tercera palabra de la primera frase. Es fácil, sólo hay que contar.
Los días lluviosos siempre me han resultado gratos, cómodos. Supongo que si viviera en una zona donde siempre está nublado o lloviendo pensaría lo contrario. Pero no es el caso. El promedio de días soleados en València es muy elevado, así tenemos esta sequía, que entre que no llueve y el derroche provocado por motivos ajenos a la voluntad del pueblo, y propio de los políticos….. en fin, no quiero entrar por estos derroteros.
La lluvia me devuelve a una infancia algo lejana, a las botas de agua y a los charcos en las aceras. Al impermeable de plástico y a las goteras que asolaban mi cama. En el techo, justo encima de mi cama, se formaban grandes gotas que permanecían pegadas, amenazantes hasta que engordaban lo suficiente como para dejarse suicidar sobre mi cabeza. Entre mi madre y mi tía me llenaban la cama de pozales y palanganas.
El olor de la lluvia era intenso, fuerte y penetrante en mi escalera. Ello, mezclado con el aroma que se escapaba por debajo de la puerta de mi casa — patatas y cebollas asadas en una cocina económica — lograban que me sintiera en la antesala del cielo.
El peor recuerdo de la lluvia es del año anterior a la muerte de mi madre. La finca donde ella y su hermana vivían estaba en mal estado. La claraboya se había roto y el agua caía a pozales, como si todos los santos del cielo lloraran al mismo tiempo. El agua provocó un apagón de luz que nos dejó a oscuras un par de días, muertas de frío, absolutamente impotentes ante tanta desgracia. No sé de dónde caía más líquido, si a través de la claraboya o de mis ojos.
Ahora llueve y recuerdo hechos como estos y, a pesar de todo, me gustan los días de lluvia.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Bendita lluvia! A mi tb me gustan los días lluviosos. Son tristes y sin embargo hermosos. Como una foto en blanco y negro, es el espectáculo de los grises y los matices.
Me casé bajo un enorme aguacero, aseguran que eso trae felicidad, y es posible que así sea: sigo con la misma pareja desde entonces...uy! sin ánimo de ofender. Por lo visto la nueva e irresistible moda es presumir de matrimonio estable y duradero.

En fin que llueva, que llueva...

Bye

Anónimo dijo...

Será que te gusta la lluvia tanto como a mí leerte? Simplemente precioso...

Yo también me casé en medio de un diluvio, y también me vaticinaron felicidad. Pero qué otra cosa se le puede decir a una novia que jamás pensó lucir vestido y zapatos embarrados?

Un beso, galleguita

Laura

Anónimo dijo...

Vaya, parece que la lluvia nos ha acompañado en días clave. El día que me casé, ufff¡¡¡ vaticinaron lluvia. A la hora precisa lucía un hermoso y frío sol de Enero, por la tarde comenzó a nublarse y por la noche diluvió. Hicimos el viaje correspondiente a Inglaterra y nos trajimos lluvia para dar y vender.
Y es que entonces llovía y nevaba cuando correspondía. Claro, es que vivía el insigne varón con bigote y palio. Sería por eso.

No puedo decir que la lluvia haya sido mala compañera de viaje.

Besos gallega y argentina. Te echo de menos

Montse dijo...

Pues cuando yo me casé no llovía... pero durante los años que duró mi matrimonio fui muy feliz. Me alegra encontraros por aquí, bonicas!!! Un beso enorme!