¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

23.5.06

Sueños

Cuando quiero referirme a los logros personales, a esos sueños que parecen irrealizables me viene, siempre, a la mente una frase atribuida a Groucho Marx: Sólo unos pocos sueños se cumplen, la mayoría se roncan.
También se suele decir, cuando has hecho algo que deseabas, esa frase de: ya me puedo morir tranquilo. Bueno, dejémoslo estar por el momento.
Como aficionada a la música, siempre que he asistido a un concierto en el Palau de la Música de València, he pensado lo hermoso que sería tocar sobre ese escenario. Por añadidura, lo sería mucho más si, por un momento, yo fuera solista.
Comencé a estudiar solfeo hace seis años, cuando ya se necesita más moral que tiempo y más ilusión que aptitudes. Y hace cinco, por primera vez, cogí un oboe. ¡Dios mío, estaba lleno de teclas! Pensaba que no tenía bastantes dedos para abarcar toda aquella longitud. Al principio todo parece que va bien. El solfeo es sencillo: negras, blancas, redondas, silencios. Manejas con cierta soltura los compases, 2/2 – ¾ - 4/4
Todo ello, cuando los trasladas al oboe, no es excesivamente complicado. Lo complicado es el oboe, en su mismidad. Has de aprender a respirar- NO SE RESPIRA POR LA NARIZ – el profesor, que podía ser mi hijo, me tumbó en el suelo para comprobar cómo se elevaba mi diafragma al respirar, o apretaba el diafragma hasta conseguir que yo levantará sus manos. Después tomó un papel de fumar y lo puso contra la pared y yo tenía soplar sobre él, siempre con la misma intensidad, para que no se resbalara. !y la coña de la caña! Una cosa pequeña, estrecha, con una ínfima abertura por la que supone que has de emitir aire para sacar sonido. Metes los labios hacia adentro, como si te los fueras a comer, bajas la mandíbula, pones la caña entre ellos, coges aire por la boca, llenas el diafragma, mantienes la presión del aire sobre él y !ale hop, a soplar! …. Pues no sale nada ….. lo vuelves a intentar … nada. Así muchas veces, hasta que eres capaz de emitir un sonido estridente, uniforme, sin alteraciones. ¡ya puedes coger el oboe! Vale, lo coges, y ¿qué? Pues que te has de acordar de meter los labios hacia adentro, tomar aire, llenar el diafragma, mantener la presión, poner la caña en la boca (acompañada del oboe) poner los dedos sobre las teclas, no subir los hombros cuando respires, el cuerpo relajado, los brazos separados del cuerpo, la cabeza recta y acertar las notas. Entonces es cuando te preguntas: ¿qué coño hago aquí?
El solfeo se sigue complicando. Ahora que ya te habías aprendido los 4/4, te añaden el 6/8, el 9/8, y los compases de amalgama. Y los puntillos, y los seisillos, y los quintillos. Y después los intervalos, los acordes, y encima te los invierten, ¡por favor, un respiro!
Como decía mi madre: "Sarna con gusto, no pica". Poco a poco, el sonido mejora. Ya no te dicen si es que vas a tocar la chicharra. Yo pensaba que la trompeta de mi hija, al principio, parecía una vaca mugiendo. No se es consciente del avance hasta que un día, sin saber cómo, te das cuenta de ello. Me ocurrió cuando me percaté que estaba tocando una pequeña obra de Haendel, y me emocioné. Todos los instrumentos son hermosos. Hace muchos años que me enamoré del oboe y nunca me ha importado que sea uno de los más difíciles. Se renuevan los ánimos cuando tu profesor te dice que ya estás interpretando, que no te limitas a tocar notas. ¡es grandioso!
Y, ahora, al cabo de seis años se cumplió el sueño. Toqué con mi banda en el Palau de València, junto con mis hijas. Y toqué un solo, yo sola, acompañada únicamente por un fiscorno que hacía las mismas notas que yo, pero más bajito. No tiene nada que ver ni con los ensayos, ni con lo que se percibe en casa. El sonido se reparte por toda la sala. Llena el espacio, donde no se escucha nada más, sólo tu instrumento. Sabes que tienes un montón de ojos pendientes de ti, y otros tantos oídos atentos a lo que les quieres decir con la música.
Yo me repetía constantemente: Disfruta, sólo disfruta. No estás soñando. Es real, vívelo y disfruta.
Y disfruté. Quizás por eso, salió bien. No importa la longitud de lo que toques, importa que lo hagas bien, con pasión. Que por poco que sea, logres transmitir al público lo que tú estás disfrutando.
Esa noche dormí muy bien. Ronqué un poco menos.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

La vida es sueños... y los sueños es vida. Que bueno tener una ilusión de esta categoría!

ENHORABONA! M'hauria agradat estar allà per veure't i escoltar-te.

Un abrazo!

Montse dijo...

I a mi... m'hauria agradat... molt!!!!

Anónimo dijo...

Quines sensacions! I que bé les expliques.
Sento admiració per l'esforç d'aquests sis anys, i em reconforta pensar en tot el què vas sentir en aquells moments d'execució del solo. Poca gent és conscient i capaç de sentir-ho, ets una gran afortunada.
Enhorabona ... i endavant.

P.D. Jo, divendres que vé a les deu del vespre debuto en un quintet de jazz. De fet, debutem quatre dels components. I l'actuació comença amb un solo de bateria, el meu instrument. Crec que sentiré coses semblants.

Austra

Anónimo dijo...

ahora podrás soñarlo dormida y recordarlo despierta

Anónimo dijo...

Mis felicitaciones más sinceras y un fuerte aplauso.
Por cierto, que es un fiscorno?


Incompleta

Anónimo dijo...

¿El fiscorno que te acompañó era tu hija?
No podría imaginar un sueño mejor...

gracias por la aclaración, no sabía eso.