No, no estoy feliz cuando leo determinadas cosas.
Hay noticias que producen emoción, otras rabia, otras dolor y otras te dejan estupefacta.
Leer que este país, el llamado España, está a la cabeza de Europa en consumo de hachís, cocaína y alcohol siempre me produce una sensación de rabia, impotencia y un poco de amargura. Es cierto que también somos famosos por estar a la cabeza de la cola en matemáticas, lectura y trivialidades de ese orden.
Parece que todo lo encontramos normal, quizás lo sea, pero no para mí. No hace mucho, yendo a una librería, me encontré con un grupito de criaturas entre 13 y 14 años, aproximadamente. Dos chicas y tres chicos. Una de ellas hablaba, gesticulaba, y hacía el indio apache. De repente, se mira la mano y comprueba el dinero que tiene y dice: "¡Coño! sólo tengo para tres porros! la otra le responde: yo por hoy paso. Voy a casa de la Sandra a por pastillas."
No es cuestión de escandalizarse. Con eso no se logra nada, pero sentí una gran tristeza.
La semana anterior, en un Centro de Planificación Familiar, una niña de 14 años pedía la píldora del día siguiente porque a su novio se le había roto el condón. Está comprobado que muchos chicos no quieren usarlo porque les resta placer. Lógicamente la niña no iba acompañada de su madre.
No estoy preconizando una vuelta a nuestra era, no es eso, pero reflexionando en voz alta me pregunto: ¿no es más sano vivir todas las etapas de la vida? ¿hemos descubierto ya qué hemos ganado yendo por delante del tiempo? ¿cuáles son los beneficios? porque, si los hay, quiero que me los digan: tengo zapatillas de correr.
La sociedad en general paga el pato de todo esto. Hablamos de la sociedad como si fuera un ente, un espíritu, o la santísima trinidad. No deja de ser una dejación de responsabilidad. La sociedad somos todos y la educación no se da sólo en el colegio. La sociedad somos los padres, los adultos, todos aquellos que, supuestamente, debemos saber cómo funciona la vida.
Amén. Menos mal que no es Lunes. Esta noche, cuando me ponga a tocar, en el ensayo, se me olvidará todo, me embriagaré y no precisamente de alcohol.
El último café
Hace 5 semanas
6 comentarios:
Yo tengo una hija en esta edad, 12 años, y me asusto. A veces no sé donde ubicar los límites. Por supuesto no son los mismo que viví yo. Pero aun entendiendo que son distintos me cuesta acertar. Nuestra relación es buena,aunque ya empezamos con aquello de que yo no sé nada de nada y cuando sé soy un rollo.
Hablamos mucho, mucho, y no me callo nada. Todo lo que tiene un nombre lo nombro. Y el dilema que me queda después de esto es el siguiente: ¿de qué hablaremos cuando tendrá 16 años?
Es una lástima acelerar el reloj pero me da la sensación de que no se puede imponer otro ritmo más lento.
Salu-2
Tienes tanta razón que solamente puedo decir amén.
Pero yo, que tengo unos cuantos hijos... (no voy a decir el número, sólo dié que son todo chicos) debo ser una persona afortunada. Miento: mi compañero y yo debemos ser personas afortunadas. Nuestros hijos no nos han dado jamás un disgusto de este tipo. Creo que vale más un ejemplo que ciento cincuenta mil palabras y por supuesto, siempre nos han tenido al lado para lo que han necesitado, fuera lo que fuese.
Quark, si es cierto lo que dices, tu hija no te dará ningún tipo de problema. Hablas con ella y te tiene. Eso basta.
Besos litertresarios (y azules)
Ratas como conejos:
Mis er--ratas deben ser famosas en toda la red.
Donde dice "dié" debería decir "diré".
Y viva el verbo decir!
Desgraciadament, los hijos, en una época son un poco como la lotería, no se sabe cómo pueden reaccionar, no sabemos qué hacen, el mundo exterior es variopinto, lleno de extraños atractivos, hay gente excelente que ha tenido hijos con problemas de este tipo y gente más alocada i desestructurada que tiene hijos muy formales. Llega un momento en qué a los hijos sólo puedes ayudarlos y quererlos. En caso de problemas, culparnos o culpar a las personas que tienen hijos problemáticos es un sistema malísimo, pero muy común, porque, humanos al fin, cuando los hijos son brillantes, estudiosos, también tenemos tendencia a ponernos medallas -ep, que no ho dic per la medalla de la xarxa, eh?-, en fin, un tema complejo, como la sociedad. De todas maneras somos un país extraño que acostuma a irse de un lado al otro con gran facilidad, de la represión a la permisividad, de ser el más natalista a ser el menos, de ser supereligioso a matar curas... en fin...
Malauradament, és el que hi ha i el que vindrà. COm més va més, els xiquets de hui seran els pares de demà i la consa continua: la massa es manté igual d'analfabeta, submergida en al ignorància feliç, i la resta, poca, que té alguna mena de consciència, és la que paga els plats trencats.
arare, gracias por tu comentario. Es alentador, en serio.
Quark
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