¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

12.3.07

Dedicado a los políticos españoles (a todos, sin excepción)

DESDE ARRIBA

La inagotable sangre que se vierte en los mitos
los crímenes que amueblan las mejores sagas
los parricidios los incestos los tormentos
las erinneas las moiras
ilustran las rabietas celestiales

¿qué se podía esperar de los humanos
con ese mal ejemplo de los dioses?

Mario Benedetti (La vida ese paréntesis-Colección Visor de poesía)

8 comentarios:

Anónimo dijo...

En la política hay adversarios y correligionarios: estos últimos son los más peligrosos; lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno.Los politicos nos arrebatan la esperanza, son indignos e inhumanos..

La política depende de los políticos como el tiempo de los astrónomos.(Remy De Gourmont)

Elena Casero dijo...

Esto no es mío, es de un historiador de la Universidad de València a quien yo admiro mucho.


El populismo es esa forma de hacer política en la que el estadista o el líder llaman al pueblo, a esa entidad colectiva que no es la suma de cada uno de los individuos, sino su superación, incluso su avasallamiento, gracias a una voluntad que se supone común. Para que triunfe el populismo se precisa una representación bien visible, con escenarios en los que mostrar la resolución del mandamás. A principios del siglo XX, al gobernante populista se le atisbaba al asomarse al balcón o al elevarse a la tarima. Hoy, el efecto del balcón o la tarima se agiganta desde los medios masivos, utilizados precisamente como ventanas que orean. Esos catafalcos –ahora mediáticos– facilitarían la correspondencia del líder con su pueblo, un pueblo al que apela de manera multitudinaria. En el balcón o en la tarima, el amo afecta ademanes y gestos y pronuncia alocuciones inflamadas que son interpelaciones directas, que son órdenes e invocaciones. Se encumbra hasta alcanzar una pompa inaccesible y popular, cercano y distante simultáneamente.

De todas formas a mí me preocupa bastante lo que está sucediendo en estos momentos. Confío en que todo acabe bien ero desconfío de todos ellos. Ni uno se salva.
Insisto una vez más, Quiero ser A- CIUDADANA

fractal dijo...

La política dejó de ser una función pública cuando los intereses privados se apoderaron de la economía mundial. Desde entonces, los políticos han pasado a ser sus representantes en lo que podría denominarse gobiernos-franquicia.
Pero yo no acabo de aceptar que todos los políticos sean iguales; en estos momentos hay alguno que sí se salva.

¿En qué consiste ser a-ciudadana?

Anónimo dijo...

Aprovecho que tengo una ventana abierta. en cualquier momento me la pueden cerrar.

Si uno puede ser apóstata, ¿por qué no puedo ir al Ayuntamiento o al Gobierno civil y renegar de mi ciudadanía?

Decirles que estoy harta de que les importemos un comino. Harta de que mi voto signifique para ellos lo mismo que el papel con que se limpian el culo. Harta de que me insulten. Harta de que piensen que yo soy como ellos: maleducada, intransigente, prepotente, descerebrada y oportunista.
Harta de que olviden que ellos están AHI porque gente como YO los ha puesto o los puede poner.

No podré renegar de pagar mis impuestos, será un acto simbólico pero, me gustaría hacerlo.

Eso sería ser A CIUDADANA. Una manera de decir HE DEJADO DE CREER EN USTEDES.

Elèna

Montse dijo...

Bueno... de alguna manera, Benedetti constata su opinión acerca de aquellos que están "por encima de nosotros". De alguna manera, en todas las épocas y desde todos los puntos de vista, ha habido hay y habrá gente que se cree por encima de la otra gente. Lo difícil es convivir con ese estigma, lo difícil es, para los que creemos en la democracia, que podamos llevarla a cabo. Lo difícil es respetar a los que se creen que están por encima y a los que creemos que están por debajo... lo difícil es sentirse todos iguales, porque en realidad no sabemos si lo somos. O lo sabemos teóricamente, pero no lo aceptamos en la realidad.

Diosmio, qué difícil es hacer este comentario!
:D

Anónimo dijo...

Quizás el problema venga cuando a los humanos les da por comportarse como si fueran dioses perdiendo así su humanidad. Besos... Quien pudiera escribir con la sencillez y esa gran parte de verdad que siempre acompaña a Benedetti.

Anónimo dijo...

Lo peor de los políticos es que se creen que pueden cambiar las cosas.
Yo me pregunto ¿cómo van a cambiar las cosas si vien en una realidad diferente a la nuestra?.

Arcángel Mirón dijo...

Me había olvidado de este poema.

Esto pasa en (supongo) todas partes. En Argentina podríamos decir lo mismo.
Debe ser algo general a aquéllos que están en una posición de poder.
Es aquí dond el poder no me atrae. No quiero poder si me voy a convertir en eso.