Confío en saber con exactitud qué es el Copy Catch en próximos días, si consigo hablar con la doctora Turell. Supongo, sólo supongo, que aún se le habrán complicado más las cosas, laboralmente hablando, a raíz de la entrevista en la Vanguardia.
Tengo verdadera curiosidad por saber el funcionamiento de ese sistema. Sólo de pensar en la palabra forense me entra vértigo. Lingüística forense. No puedo dejar de imaginar a los lingüístas en el laboratorio diseccionando palabras, desenmarañando frases como quien deshace los intestinos para buscar el mal. Si las palabras tienen cerebro, debe resultar apasionante la búsqueda de su raíz entre las neuronas. Como analizar el ADN.
El CopyCatch no le debe hacer mucha gracia a Dan Brown que anda de juicios por su Código. Aunque, pensándolo bien, si un escritor es capaz de copiar a otro, o de apropiarse de una idea, y con todo ello gana dinero, vende libros, se convierte en famoso, qué más le da lo que los demás opinen. Las cosas se olvidan, porque nuestra memoria es cada vez más perezosa y, al final, lo que le queda es haber sido famoso y una buena cuenta bancaria. La conciencia no duele en el momento del juicio por plagio porque desde un principio no existía. En ese caso, no hubiera copiado a sabiendas. Uno confía en que, confiando en nuestra escasa memoria, nadie va a recordar que hace años se escribió un libro semejante, o que, aunque sea reciente, si el copiado no es conocido ni famoso, ni tiene padrinos, nadie se va a enterar.
Ya vemos que no siempre sucede eso.
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