¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

19.4.10

Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne

Capítulo XLIII

-¡Cómo! -exclamé-, nos hallamos envueltos en una erupción volcánica, la fatalidad nos ha arrojado en el camino de las lavas incandescentes, de las rocas encendidas, de las aguas hirvientes, de todas las materias eruptivas; vamos a ser repelidos, expulsados, arrojados, vomitados, lanzados al espacio entre rocas enormes, en medio de una lluvia de cenizas y de escorias, envueltos en un torbellino de llamas, ¡y aún se atreve usted a decir que es lo mejor que pudiera sucedernos!

-Sí -dijo el profesor, mirándome por encima de las gafas-, ¡porque es la única probabilidad que tenemos de volver a la superficie de la tierra!

Renuncié a enumerar las mil ideas que cruzaron entonces por mi mente. Mi tío tenía razón en todo absolutamente, y jamás me pareció ni más audaz ni más convencido que en aquellos instantes en que esperaba y veía venir con calma las temibles contingencias de una erupción.

Entretanto, seguíamos subiendo, no cesando en toda la noche nuestro movimiento ascensional; el estrépito que nos rodeaba crecía constantemente; me sentía casi asfixiado, y estaba convencido de que mi última hora se acercaba; sin embargo, la imaginación es tan rara, que me entregué a una serie de reflexiones verdaderamente pueriles. Pero lejos de dominar mis pensamientos, me encentraba subordinado a ellos.

Era evidente que subíamos, empujados por un aluvión eruptivo; debajo de la balsa había aguas hirvientes, y debajo de éstas, una pasta de lavas, un conglomerado de rocas que, al llegar a la boca del cráter, se dispersarían en todos direcciones. Nos encontrábamos, pues, en la chimenea de un volcán. Sobre esto, no había duda.

Pero en esta ocasión, no se trataba del Sneffels, volcán apagado ya, sino de otro volcán en plena actividad. Por eso me devanaba los sesos pensando en cuál podía ser aquella montaña y en qué parte del mundo íbamos a ser vomitados.

En las regiones del Norte, sin duda de ningún género. Antes de volverse loca la brújula, nos había indicado siempre que marchábamos hacia el Norte; y, a partir del Cabo Saknussemm, habíamos sido arrastrados centenares de leguas en esta dirección. Ahora bien, ¿nos hallábamos otra vez debajo de Islandia? ¿Íbamos a ser arrójados por el cráter del Hecla, o por alguno de los siete montes ignívomos de la isla?

Aquí se puede leer la novela completa: aquí

Viaje al centro de la tierra, en la wiki

No hay comentarios: