¿De qué va esto? Ni se sabe, las palabras dirán...

26.7.10

El puñal, de J.L. Borges

En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.

Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.

Otra cosa quiere el puñal. Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.

En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal con su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.

A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.

5 comentarios:

Elena Casero dijo...

Es lo que tienen los puñales. A veces, en lugar de estar en el cajón, te los encuentras en la espalda. Es lo malo.

Borges es único.

Por cierto, Dublinesca es una joya. Estoy disfrutando con su lectura. Me encanta Vila-Matas

Montse dijo...

Ya te he comentado en tu otro blog que me he comprao Dublinesca. Ya te diré. Cuando leí París no se acaba nunca disfruté mucho, así que espero disfrutar también con éste.

La última frase de Borges es genial: y los años pasan, inútiles. Pobre puñal, ahí en el cajón...

Anónimo dijo...

Todo lo de Borges es genial.

Una recien llegada

Amy dijo...

Durante años me negué a leer los textos de Borges por motivos políticos, el día que lo vi en persona en la casa de una escritora cambié de opinión. De allí en adelante, leí, hice seminarios con Alicia Ardila, visité la biblioteca de barrio donde trabajó, fui a la antigua Biblioteca Nacional donde fue director, acaricié los libros que quizás estuvieron en sus manos, escuché clases de David Viñas y sus comentarios ácidos sobre George, escuché diferentes opiniones, vi una obra de teatro donde lo ridiculizaban... ¡En fin! prejuicios que nos hacen perder tiempo. Alguna vez los argentinos sabremos apreciarlo en toda su grandeza.

Mimus Gordus dijo...

Pues no leer a Borges por mitivos políticos es una estupidez, se puede no leer porque no te gusta, pero, no leer porque no coicides con sus opiniones???
Dios...
Como dicen que decía Einstein, sólo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, y de la primera no estoy seguro.